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Y tú, ¿qué haces por los demás?

 

Y tú, ¿qué haces por los demás?

Y tú, ¿qué haces por los demás?

Hace tiempo escuché como un consagrado entrevistador le hacía esta pregunta a un personaje popular, el cual respondió de una manera abstracta y con alguna frase filosófica sobre la vida. Sin embargo, esa cuestión dejó en mí una huella que aún hoy no he podido borrar. ¿Qué hago yo por lo demás?

Vivimos en una época complicada para colaborar con regularidad con cada una de las ONGs que lo necesitan, no obstante, nunca es mal momento para incluir esa ayuda en nuestro “qué hacer” diario a través de pequeños gestos, que juntos pueden formar una vida solidaria, compasiva y sensible hacia nuestro alrededor. A la hora de elegir qué comprar, se puede hacer un esfuerzo y llevarnos a casa el producto que dona parte de sus ingresos a la investigación de alguna enfermedad, si tenemos ropa y objetos usados, que no viejos, se debe entregar a alguna asociación para su reutilización, también prestarle un poco más de atención a las tiendas de comercio justo, cuyo personal es voluntario, y quizás, por qué no, dejar algún donativo a ese músico, pintor o escultor callejero con el que a veces nos cruzamos, pues nos está regalando arte.

Si integramos estas acciones en nuestra rutina, nuestra solidaridad dejará de ser algo hecho a conciencia, para convertirse en una faceta más de nuestra personalidad y por ende, podremos dar una respuesta concreta, cierta y sensible a la pregunta que nos ocupa. Si la frase “y tú, ¿qué haces por los demás?” también te ha dejado huella, fíjate como cantidad de gestos y acciones que haces a diario, sin darte cuenta, las haces por y para los demás. Con esto no quiero decir que no se colabore con organizaciones sin ánimo de lucro, todo lo contrario. Tenemos tantos y tantos ejemplos de ellas que cubren enfermedades, la pobreza, los niños, etc; cumplir los deseos de ellos mientras cuentan con enfermedades graves, ha quedado demostrado recientemente, que surten efectos beneficiosos en el proceso de sus tratamientos.

He de reconocer que la frase del título sigue impresa en mi mente desde que la escuché por primera vez pero…no quiero que se me olvide nunca, es más, espero que cada cierto tiempo se me vuelva a plantear dicho interrogante.

 

Más información│Fundación Pequeño Deseo

Imagen│Caballo y perro en el agua

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