Economía y Empresa 


Y tú, ¿procrastinas?

Vivimos en una sociedad de constantes y casi vertiginosos cambios donde el tiempo se ha convertido en un recurso muy valioso que debemos administrar de forma óptima. La sensación de tener mucho-que-hacer pero poco-tiempo-disponible no le resulta ajena hoy a casi nadie, y sólo con una buena gestión de nuestro tiempo conseguiremos disminuir el consiguiente nivel de estrés y ansiedad.

Además de la acumulación diaria de tareas, necesitamos un objetivo temporal focalizado en el futuro que nos someta a la presión necesaria para trabajar con solvencia; empresas como Pixar o Google aplican ya esta estrategia y han diseñado sistemas basados en la responsabilidad del empleado respecto a sus funciones con tareas que siempre llevan asociada una definición cerrada del plazo de entrega. Y es que en demasiadas organizaciones los conflictos surgen cuando no se establece un punto en el tiempo al que referenciar el trabajo: reuniones que se repiten, tareas que crecen sin límite, personas que nunca acaban lo encomendado por falta de plazos concretos o por las distracciones que ofrece la red… Estas y otras razones parecidas son las que explican el exponencial incremento del número de procrastinadores.

Postergar tareas puede minimizar la productividad en las empresas

Postergar tareas puede minimizar la productividad en las empresas

La procrastinación (del latín: pro, diferir y cratinus, referente al futuro) es la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables; consiste en aplazar cosas que tienes que hacer a sabiendas de que son importantes e incluso que no hacerlas va a resultar perjudicial para ti. Todos procrastinamos de uno u otro modo dando prioridad a tareas más fáciles por encima de las importantes; el problema surge cuando esa procrastinación se realiza de forma recurrente, genera ansiedad y acaba afectando al rendimiento profesional en la empresa.

El fenómeno de la procrastinación empezó a ser estudiado por filósofos, psicólogos y economistas a partir de que George Akerlof escribiera en 1991 un ensayo titulado Procrastination and obedience basado en su propia experiencia: Akerlof estuvo varios meses retrasando cada día, de forma incomprensible, una tarea que debía realizar, y concluyó que esta práctica, más allá de ser un mal hábito, sobrepasaba los límites de la racionalidad.

En esa misma línea el profesor de filosofía de la Universidad de Stanford Jonh Perry firmó en 1995 el texto The structured procrastinator, donde se reconocía procrastinador y proclamaba con orgullo que había obtenido ventaja de su admitido defecto aplicando lo que definió como “procrastinación estructurada”. Afirmó irónicamente que estos trabajos son muy abundantes en un ámbito académico donde existen múltiples tareas relacionadas con la creatividad: una colaboración para un volumen que parece vital pero en realidad no se publicará; una comunicación a un congreso que finalmente no se presentará; un proyecto que no llegará a materializarse… Perry observó que, a pesar de tener la constante sensación de que perdía el tiempo, siempre conseguía avanzar en distintos trabajos que, curiosamente, nunca eran su principal objetivo. Así, y para evitar acometer una tarea poco atractiva, se centraba en muchas otras, mejorando su productividad aunque no fuese de la forma más deseada.

La procrastinación es la acción de postergar actividades

La procrastinación es la acción de postergar actividades

Partiendo de la base de que todos los procrastinadores posponen cosas que tienen que hacer –y por ello se autoengañan–, Jonh Perry sugiere que nos autoengañemos de forma productiva colocando en lo más alto de la lista de tareas a realizar los trabajos que aúnen dos características: que parezca que tienen un plazo de entrega bien definido (aunque en realidad no lo tengan) y que parezcan tremendamente importantes (aunque en realidad no lo sean). En las siguientes posiciones figurarán las tareas que sí debemos hacer, con lo que nuestra mente diferirá las primeras y hará las segundas, consiguiendo ser medianamente productivos. Este ensayo original se fue ampliando con los años dando lugar a La procrastinación eficiente. Guía para dar largas, pensar en las musarañas y posponer todo de manera productiva, un divertidísimo libro de autoengaño filosófico que pretende que los procrastinadores se sientan un poco mejor consigo mismos porque sólo al comprender lo que les impide hacer las cosas mejorarán su capacidad para hacerlas.

Si bien los métodos del profesor de Stanford parecen algo chocantes, brindan conclusiones muy interesantes, como que “tenemos que adoptar la costumbre de obligarnos a analizar, en el momento de aceptar un trabajo, los costes y beneficios de hacer un trabajo menos que perfecto”. Y es que, si lo pensamos bien, dedicar más tiempo y recursos de los necesarios a algo también es ser improductivo.

En el actual entorno de constantes exigencias laborales y personales sentirse bien tiene un gran valor, y si posponer tareas nos ayuda a ello, hagámoslo de manera estructurada porque –como advierte Kepa Korta, profesor titular de la Universidad del País Vasco– “seguro que todos, procrastinadores o no, tenemos algo más importante que hacer ahora mismo, pero seguro que, sea lo que sea, puede esperar”

Más información| Facilethings, Marca la diferiencia, Kepakorta, El infinito perpendicular, Kiply

Imagen| Imagen 1, Imagen 2

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