Reflexiones 


¿Y tú, de dónde vienes?

Qué divertidos son los clichés. Desde pequeños nos enseñan que no se debe generalizar, pero hay que reconocer que todos nos hemos echado unas risas a costa de esos tres tipos (el inglés, el español y el francés) que siempre hacen de las suyas cuando entran en un bar.

Últimamente pienso mucho en los clichés, será porque estoy viviendo en el extranjero y experimento a diario la sensación de que te etiqueten nada más escuchar tu acento. A veces me cabrea y otras veces me hace gracia; hay días en que deseo con todas mis fuerzas pasar desapercibida, pero luego están esos otros momentos curiosos en que la gente de la fiesta te rodea para empezar a contarte cosas sobre Barcelona o Ibiza y las estupendas vacaciones que han pasado en tu país. ¡Como si les interesara a ellos saber las veces que he subido yo a la Torre Eiffel!

Cuando les digo que vengo del Norte y que no bailo flamenco se les cruzan los cables y no vuelven en sí hasta que menciono Santiago de Compostela o el Celta de Vigo.
Pero lo primero que me dicen cuando saben que soy española es, por supuesto, algo relacionado con el mundo de la noche. Hace poco un italiano me dijo: “Guau, vosotros sí sabéis cómo divertiros, ¿eh?” y se me quedó mirando con los ojos muy abiertos, como si yo fuera algo que él pudiera coleccionar y se lo estuviera pensando. Pero, de verdad, ¿qué se creen?, ¿que desayunamos sangría?, ¿que corremos delante de los toros cada mañana por deporte?, ¿que vamos al trabajo vestidos como en los carnavales de Canarias?

"Cuando digo que vengo del norte y que no bailo flamenco, se les cruzan los cables".

“Cuando digo que vengo del norte y que no bailo flamenco, se les cruzan los cables”.

Cuando alguien llega a mi casa y ve la guitarra se espera un recital digno de Paco de Lucía; cuando rechazo un vaso de alcohol me preguntan que si estoy a dieta; cuando me llaman por la tarde me preguntan si estaba durmiendo.

Es cierto que he recibido comentarios de todo tipo, unos más graciosos y otros más difíciles de aceptar: que si somos demasiado ruidosos, que si siempre vamos al grano, que si somos impulsivos y nos falta poesía, que si siempre llegamos tarde a los sitios… Pero si algo me repiten a menudo es que en España somos más alegres, más cálidos, más desenfadados y dicharacheros. Y que, al parecer, disfrutamos más de la vida. Por eso a veces no está tan mal que se vea a leguas de dónde vengo.

Así que he empezado a tomarte todo esto menos en serio y con buen humor; no tiene sentido molestarse cuando alguien te etiqueta, sabiendo que tú mismo lo haces inevitablemente con los demás. Si te meten en un saco en el que no quieres estar, ahórrate la energía del disgusto para salir de él por ti mismo, con tus propias acciones. Y reconozcamos que los clichés, en el fondo, son divertidos.

Vía | Texto cedido por la autora: ¿Y tú, de dónde vienes?
Imagen | Archivo propio

 

 

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