Historia 


Y San Francisco montó el Belén

figuraasisUna bonita nevada sorprendió a los habitantes de Greccio aquella mañana del 24 de diciembre de 1223. San Francisco tenía mucha devoción por la Natividad de Cristo, había meditado y contemplado mucho este Misterio desde aquella noche de Espoleto. Trataba de seguir los pasos de Jesús con atención, cuidado, con el anhelo de su mente y el fervor de su corazón, por ello gustaba de meditar recordando las palabras y obras del Nazareno.

Quince días antes, Francisco había hablado con su amigo Juan de Grecci. Quería celebrar en ésta ciudad la Natividad. Juan aceptó la propuesta y pidió licencia al Papa y, tras obtenerla, preparó un pesebre con heno y llevó hasta este lugar, situado en un bosque cercano, un buey y un asno. Fueron días de intenso trabajo y, pese a algún pequeño contratiempo, consiguió tenerlo todo listo antes de la Nochebuena.

Durante los días previos, los trovadores recorrieron pueblos y villas cercanas a Greccio anunciando lo que Francisco de Asís estaba preparando. Había una gran expectación, pues todos sabían del mimo y la delicadeza con la que el Poverello cuidaba todo lo concerniente a la Liturgia divina. No fue sacerdote, pues no quiso serlo, pero como diácono era impecable, nunca se vio en la tierra un clérigo tan digno como él, aunque se sintiera el menor de todos los hombres.

Aquel día Greccio acogió a una inmensa multitud de hombres y mujeres de la comarca que, rebosantes de gozo, habían llegado hasta la ciudad con cirios y teas para iluminar aquel Belén viviente. Pese a que la temperatura en el bosque era fría, el calor de las voces que cantaban y alababan a Dios llenaba de calor aquellas almas mientras Francisco “con los ojos arrasados en lágrimas y el corazón inundado de gozo cantaba el santo Evangelio“. Posteriormente realizó una memorable prédica sobre el Niño de Belén, y lo hizo con tal pasión que durante generaciones fue recordada por los grecciani. Según la tradición franciscana, el Poverello “habló con palabras que vierten miel“, provocando una profunda y aunténtica alegría entre los feligreses, que regresarían conmovidos a sus hogares. La celebración transcurrió entre cantos de alegría y las alabanzas a Dios que entonaban, como angelicales ensalmos, los frailes.

Pero lo más conmovedor sucedió poco antes de la bendición final, mientras los feligreses meditaban el Misterio que acababan de comulgar. Según testimonió Juan de Greccio, sobre el pesebre apareció un Niño de carne y hueso que movió graciosamente los brazos y les bendijo mientras sonreía. Francisco, al contemplarlo, se sobrecogió fuertemente y corrió hacia él, con los ojos enrojecidos por la emoción. De esto dan testimonio Celano y San Buenaventura, quienes se basan, como hemos visto, en el testimonio de Juan de Greccio, quien “por su amor a Cristo había abandonado la milicia terrena y profesaba al varón de Dios una entrañable amistad. Aseguró este caballero haber visto dormido en el pesebre a un niño extraordinariamente hermoso al que, estrechando entre sus brazos el bienaventurado padre Francisco, parecía querer despertarlo del sueño.  Esta visión de Juan de Greccio es digna de crédito por la santidad del testigo y también porque “El ejemplo de Francisco, contemplado por las gentes del mundo, es como un despertador de los corazones dormidos en la fe de Cristo, y el heno del pesebre, guardado por el pueblo, se convirtió en milagrosa medicina para los animales enfermos y en revulsivo eficaz para alejar a otras clases de pestes. Así, el Señor glorificaba en todo a su siervo y con evidentes y admirables prodigios demostraba la eficacia de su santa oración”.

San Francisco no era un santo cualquiera, supo entender el misterio cristiano mejor que nadie. Por ello no resulta descabellado pensar en la veracidad de este acontecimiento. Además, hoy en día, con el materialismo imperante, resulta complicado darse cuenta de lo que realmente significa la Navidad. Pero Francisco y sus coétaneos entendían perfectamente este Misterio de un Dios hecho carne. Eran verdaderamente conscientes de que en aquella noche todo el protagonismo debía ser para aquel niño, Jesús de Nazaret, que nació en Belén.

Cuentan del Poverello que se transfiguraba cuando meditaba, en la soledad de la cueva, o en una iglesia, sobre lo que significaba realmente la Encarnación. Giovanni Miccoli, un estudioso de los textos del santo, afirma que “La Encarnación encuentra su cumplimiento en la Pascua: En la cena, con el ofrecimiento del pan y el vino -que se perpetúan en forma de sacramento, hasta el final de los tiempos-, en la pasión y muerte, con la total sumisión del Hijo a la voluntad del Padre”. Parece, por tanto, que San Francisco comprendía a la perfección el misterio de la Navidad. Él mismo, a lo largo de su vida, había ido pareciéndose cada vez más al propio Jesús de Nazaret, hasta tal punto que llegó a ser considerado “el otro Cristo”. Incluso, ya casi al final de su caminar vital, recibió en el Monte Alvernia “las huellas de la Pasión”, siendo el primero de tantos estigmatizados como ha habido en la Iglesia Católica. Sobre esto afirma Miccoli que el santo tenía claro que “La cruz desvela el sentido profundo de la Encarnación“.

Para San Francisco la salvación traída por Jesús comenzó con su Nacimiento. Por ello es interesante resaltar aquello que contaba Tomás de Celano: “hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, ilumina todos los días y años“.  Según cuenta Fray Hipólito Barriguín, en aquella época era costumbre reforzar la iluminación de los templos durante la noche de Navidad para presentar de forma fulgurante aquel acontecimiento. Menciona este fraile el Liber usuum Ecclesiae Cusentinae, escrito por Luca de Casamari (Arzobispo de Consenza) quien reseña la iluminación, en aquella catedral, del altar de San Juan Bautista, donde se celebraba la “Misa del Gallo”. Para ello “se añadían candelabros de hierro, antorchas y se encendían velas en las ventanas mostrando la alegría luminosa que envolvió en la noche de Belén a los pastores“.

Vía | La Navidad de Greccio celebrada por San Francisco (1223)

Más información | La Navidad según San Francisco de Asís; San Francisco de Asís y la tradición de poner el Belén

Imágenes | ¿Por qué se hace el pesebre en las casas?

En QAH| Arqueología de Jesús de Nazaret: su infancia

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