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“Y en primer lugar existió el Caos” (Hes., Teog. 116)

mural del caos al cosmoCuando Hesíodo escribió la Teogonía, allá por el siglo VIII a.C., no parecía sino una sarta de nombres que explicaban la genealogía de los dioses. Sin embargo, el poeta griego buscaba algo más. Su deseo era convertir en entidades eternas todas las actividades que implicaban el éxito y el fracaso, la alegría y el dolor, la justicia y la injusticia; todas las circunstancias pasajeras de la vida; todo aquello que hace posible la existencia humana. En definitiva, quería inmortalizar todas esas dualidades que explican el origen y la evolución del universo y del individuo.

Y lo primero, lo primero de todo, lo que explica que el Cosmos haya llegado a ser Cosmos, fue el Caos. Desde el comienzo del universo ha existido un proceso evolutivo que ha ido desde el desorden hasta llegar al orden; desde el desconcierto hasta llegar al concierto; desde la desorganización hasta llegar a la organización. Los humanos nos hemos debatido siempre entre ambos mundos, intentando comprender los entresijos de ese caos que nos hace perder el juicio y que nos hace enloquecer. Ese caos que hace que el alma duela y que el corazón se encoja como por arte de magia. Ese caos que nos empuja a mirar en nuestro interior para buscar soluciones, para superar problemas y para superarnos a nosotros mismos.

Caos, desorden, desconcierto, desorganización, incoherencias, confusión, galimatías… Nos resistimos a que todos estos conceptos formen parte de nuestras vidas, pero no podemos impedir que en determinadas situaciones nos invadan. Renegamos, nos rebelamos y somos incapaces de entender que hay que vivir en ese caos para llegar al orden cósmico, para que el bien triunfe sobre el mal y para que lo injusto deje paso a lo justo. Hay que caer para poder levantarse y hay que llorar para después reír. Necesitamos, en primer lugar, desequilibrar nuestro sistema para encontrar después el equilibrio que nos haga seguir avanzando. Cuesta sangre, sudor y lágrimas mirar en nuestro interior sin juzgar, sin despreciar ni criticar lo peor o lo más desagradable de nosotros mismos. Cuesta, pero conseguir esos triunfos es lo que nos hace crecer. Es esa poderosa fuerza que forma parte de nosotros y que constituye una de las misiones más básicas y fundamentales de la vida: desarrollarnos como personas.

De ti depende que la armonía y la concordia sean los actores principales de tu vida; que la sensatez y la cordura te acompañen en la búsqueda de ese orden dentro del caos. Permítete el privilegio de disfrutar de cada momento, por duro que sea, y date la oportunidad de hacer que las cosas sucedan en tu cosmos. Sólo si aprendes a nacer desde el dolor, llegarás a ser más grande que el más grande de todos los obstáculos.

Imagen| Del Caos al Cosmos

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