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Y ahora, ¿qué?

Una duda que nos hacemos a lo largo de toda nuestra vida y que, conforme pasan los años, suele tener cada vez más relevancia para uno mismo. Yo llevo unos meses preguntándomelo porque el pasado año académico 2011-2012 ha sido el último que le he tenido que dedicar a mi carrera universitaria (una licenciatura, de esas que ya no se llevan), que no es nada menos que Filosofía.

La paradoja del filósofo: “¿Qué voy a hacer ahora?”

Estudiar Filosofía en unos momentos como estos, en los que todo está enfocado hacia la utilidad y la tecnología es, cuanto menos, arriesgado, sin duda. No sabría decir por qué lo hice yo, pero desde luego no fue por temerario; tal vez fuera por falta de tiempo para pensar qué hacer con mi vida. Yo era un chaval relativamente normal que había escogido el itinerario tecnológico del bachillerato porque una vez decidí que mi carrera ideal era la de Arquitectura, ya que el dibujo lineal nunca se me había dado mal…pero esa decisión se fue tambaleando a medida que descubría otros aspectos de la profesión que siempre se me habían dado regular tirando a mal. No obstante, seguí con esa idea en la cabeza hasta que llegó la selectividad, en la que me quedé lejos de Arquitectura y a pocas décimas de Arquitectura Técnica.

Eso hizo que acabara entrando en una opción que no pensé añadir hasta el último momento, Filosofía, materia de relativamente reciente descubrimiento (por mi parte, obviamente) que me enamoró. Y, como pasa con todos los amores, al principio te ciegan y cometes locuras como matricularte en una carrera que todo el mundo ve con recelo porque no aporta seguridad laboral, y luego, con el tiempo, vas encontrando detalles que pueden desembocar o bien en desamor o bien en un cambio de mentalidad. A mí, por suerte o por desgracia, me pasó lo segundo, conozco los aspectos negativos de empezar en el mundo laboral teniendo únicamente conocimientos de Filosofía, pero considero esta una materia importante antes de empezar a vivir en condiciones, así que estoy dispuesto a entrar a trabajar con unos años de retraso, que no seré el primero.

Tengo carpetas de marcadores en mi explorador de internet que demuestran la confusión que he tenido hasta decidirme. Seguiré un año más con mis estudios por si algún día decido hacerme profesor. El año siguiente será otro cantar, sigo sin descartar la mayoría de opciones que tenía hasta hace unos meses, y alguna que otra más. Y entonces, ¿qué? A saber…quizá me iré…

 

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Imagen| The philosopher’s paradox

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