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We don’t need no education

Tenemos la suerte de vivir en una época de prodigios que ha derivado en una concepción de la vida basada en la inmediatez. Uno pasa las de Caín para reunir el dinero suficiente para procurarse el último modelo de teléfono, coche, ordenador… solo para acabar rechinando los dientes a los pocos días mientras se asiste con impotencia al lanzamiento del nuevo modelo. Por otro lado, si nos encontramos en el “lado ganador” y somos de los que se hacen con lo último de lo último nada más salir, terminamos por descubrirnos en el engaño de haber comprado exactamente lo mismo que teníamos solo que un poco más plano, un poco más rápido o simplemente un poco más de lo mismo.

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Todo esto nos sumerge en una especie de círculo vicioso de adquisición compulsiva que alcanza cotas preocupantes cuando reparamos en que la gente sigue el mismo ritmo de consumo aun encontrándose en situaciones económicas precarias. ¿Qué nos sucede? ¿Hemos sido acaso llevados a algún tipo de estado de sugestión colectiva que nos impulsa a comportarnos de forma irracional? Y hablo de nuestra sociedad en conjunto porque parece que se nos está conduciendo a una estandarización de pensamiento –como se ha llamado por gente más sabia que yo- por la que se intenta que a todos nos guste lo mismo y al mismo tiempo, y si nuestros gustos se renuevan en cortos intervalos de tiempo, mejor.

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Esta tendencia nos afecta de una forma más profunda de lo que pensamos, instalándose a la fuerza en lo más hondo de nuestro intelecto y derivando en la imposición de una forma de vida que creemos legítima y adoptada por decisión propia. Y esta forma de vida repercute en nuestra existencia a todos los niveles. El otro día hablaba con un familiar acerca de las nuevas generaciones, de los niños de hoy en día, y nos comparábamos diciendo que nosotros no éramos así, haciendo referencia a la energía, falta de paciencia, nerviosismo de los actuales infantes. Mientras hablábamos, fue él quien me dio la clave que me llevó a elucubrar al respecto y acabó siendo caldo de cultivo para este artículo: la inmediatez.

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Yo fui educado para entender que las cosas se conseguían con esfuerzo y que había que trabajar duro para lograr lo deseado. En cambio, hoy en día, lo único que nos separa de poseer lo que deseamos es un golpe de click. Y si, incluso los que fuimos educados de la forma antes citada, hemos caído presas de esta aborrecible tendencia, con más motivo se encuentran inmersos en este desdeñable modo de vida los que no han conocido otra cosa desde su nacimiento.

 

LamentablemetHE wALLnte hay poco que podamos hacer puesto que nadie parece dispuesto a renunciar a esa inmediatez que tan mal acostumbrados nos tiene, pero quizás siendo conscientes del problema podamos, poco a poco, desembarazarnos de esta impuesta tendencia y transmitir esa educación de antaño a las nuevas generaciones para que escapen pronto y les leguen un mejor mundo a las que están por venir.

Imágenes|  Propstore Itproportal The Wallanalysis

 

En QAH|Breve historia de la educación en España

Más información|  Wikipedia

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