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Vuelta al mundo a pie. Capítulo 1, Europa.

Hola amigos, mi nombre es Nacho Dean y estoy dando la vuelta al mundo a pie. Sí, habéis leído bien, a pie… Caminando y corriendo. ¿La razón?, cumplir un sueño personal e intentar mejorar un poco el mundo, lanzando con este reto un mensaje de cuidado y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra. El proyecto se llama Earthwidewalk / Vuelta al mundo a pie, y aquellos que no lo crean pueden buscarlo en internet y las redes sociales.

522425_166581113497493_18504879_nTras un tiempo dándole vueltas a la idea en mi cabeza y nueve meses de preparativos, el 21 de marzo de 2013 me ponía en camino desde el kilómetro 0 de la madrileña Puerta del Sol. Hoy, dos años y cuatro meses después, os escribo desde Oaxaca (México) tras haber recorrido ya 29 países a lo largo de 4 continentes (Europa, Asia, Oceanía y América) y con más de 27.000 kilómetros en mis piernas. Como os podéis imaginar, miles de personas, paisajes y experiencias se han cruzado en mi camino durante todo este tiempo. Pero vayamos por partes…

Este viaje es como una escalera en la que uno va subiendo peldaños, añadiéndole variables a la ecuación de la dificultad. En primer lugar hay que tomar la decisión, cruzar el umbral de la puerta y lanzarse a la caza de tamaña aventura. Una vez que damos el primer paso, los demás aparecerán como si ya estuvieran pintados en el suelo esperándonos desde siempre… De hecho, verlo así es la única manera de seguir adelante pues si no, con la primera penuria que pasáramos, querríamos volvernos a casa y estar en el sofá viendo una película porque ahí se está más cómodo. ¿Os acordáis de aquellos dibujos de “une los puntos con una línea”? Una vez una amiga me explicaba: “en la vida, a veces parecemos realizar acciones inconexas, pero un día hacemos algo que le da sentido a todas las demás, y es como esa línea que une los puntos dando lugar a un dibujo y llenándolos de sentido”. Este viaje viene a ser algo así. Yo soñaba con este viaje, pero no en un sentido figurado, si no en el más literal: me despertaba en mitad de la noche con un texto en la mente que escribía como si hubiera estado siempre en mi cabeza y que liberaba como una cascada, o me despertaba preguntándome si para ir de Nepal a Bangladesh había que pasar por la India y me levantaba para consultarlo en el mapa.

Tras un mes y una semana por territorio español a través de las provincias de Madrid, Guadalajara, Teruel, Tarragona, Barcelona y Gerona, tomándomelo con calma, despidiéndome de amigos y familiares, cruzaba la frontera con Francia por Port Bou junto a la costa del mar Mediterráneo. Dejaba atrás mi tierra y daba los primeros pasos fuera de mi país. Ya conocía Francia de viajes anteriores, pero ahora era diferente, iba caminando y poco a poco me estaba dista248047_187323248089946_835767552_nnciando más y más de mi casa. Francia es un país caro, así que resolví cruzarlo por la costa sur a buen ritmo a través de Beziers, la bonita Arles de Van Gogh, Aix en Provence, Cannes, Niza y Mónaco hasta Italia, país al que entré por Latte y Ventimiglia. Salí de España en marzo y, conforme iba avanzando, iba entrando la primavera. Podía ir viendo cómo se acercaba la temporada estival, la gente abriendo los chiringuitos, pintándolos, los pescadores saliendo a faenar, y las bonitas casas de colores de la Liguria italiana hasta Génova. A partir de ahí, tras pasar un par de días en la hermosa ciudad, proseguí por el norte a través del hermoso valle del Trebia, Picenza, Verona, Latisana y Gorizia, punto a través del cual entré a Eslovenia el 1 de junio. Poco a poco me iba distanciando de mi país, subiendo los peldaños de esa escalera de dificultad que os comentaba con anterioridad, y dejaba también atrás la Europa occidental.

Eslovenia fue una grata sorpresa. Un pequeño país que no conocía, verde, cuidado, de gente agradable. Me llevó ocho días cruzarlo, aún y cuando dos días los pasé en la capital, Ljublijana. Afortunadamente, realicé una entrevista para la cadena nacional de televisión y mucha gente me conocía, me paraba por la calle y me regalaba cosas. Dormí en varias casas y pude dar una charla a los alumnos de la escuela de Turjak.

Me adentré en Croacia por Brecize. Para mi sorpresa, Croacia todavía no formaba parte de la Unión Europea, por lo que tuve que mostrar mi pasaporte en la frontera y cometí el error de entrar en el país con euros, cuando la moneda es la kuna. Afortunadamente, la capital Zagreb distaba sólo una jornada de camino y allí tenía amigos. Pude cambiar dinero y comer tras una larga jornada en ayunas. Además coincidió que el fin de semana que pasé en Zagreb había un festival de música y teatro por la calle, C’est is the best, que hizo muy agradable mi paso por la ciudad. Proseguí por una carretera junto a la frontera con Bosnia, con restos de metralla y bombardeos en las fachadas de iglesias y escuelas, y campos minados perfectamente indicados (menos mal) recordando que allí se había librado una guerra, por la cual alcancé Serbia.

1012864_203713983117539_1041999557_n Nada más entrar en Serbia, recuerdo que era un domingo por la mañana, topé con un grupo de borrachos que llevaba toda la noche sin dormir y que, cuando supieron de mi aventura, comenzaron a brindar con fervor y a echarse la tierra de las macetas por la cabeza. Bebían rakija, la bebida nacional por excelencia elaborada a base de ciruela, y empezaba a hacerme una idea de con qué me iba a encontrar. Unas horas más tarde estaba en una fuente a la sombra de un árbol rodeado por otro grupo de gente que también bebía rakija. Brindé con ellos por la vida y proseguí mi camino. Recuerdo que en Serbia me hablaron mal de los croatas, en Croacia me hablaron mal de los serbios, sin embargo, yo recorrí ambos países a pie y, no sólo no me pasó nada malo, sino que además conocí gente buena, amable y hospitalaria que hizo muy agradable mi travesía por estos países y de la que guardo un estupendo recuerdo.

Después de Serbia me adentré en Bulgaria, país en el que tuve la suerte de recibir visitas de España. Antes de comenzar mi viaje, tracé en España un itinerario provisional de por dónde iba a caminar y qué países iba a recorrer. Sin embargo, sobre la marcha lo voy definiendo con mayor precisión, en función de la información que recabo de la gente local. Lo primero que busco es que el itinerarios sea seguro, después entrarán en juego e influirán en mi decisión otros factores como la belleza del paisaje, los desniveles, los visados, los contactos que tenga, la climatología…Por poner un ejemplo, intentar no adentrarme en un desierto en verano o en la India en la época de monzones.

Bulgaria quedaba atrás y me adentraba en la Turquía occidental, mi último país antes de dejar Europa atrás. Europa era la piedra de toque, el continente fácil y familiar que me iba a servir de referencia sobre mi caminar, mis sensaciones, motivación…e ir centrándome poco a poco en la atención, la buena forma física y el estado de alerta que requiere una aventura de estas características.1044042_207969599358644_2073578587_n

Nada más entrar en Turquía, en la población de Edirne, se partió el manillar de mi carrito, que es de aluminio, muy ligero pero también frágil. Para aquellos que no lo sepan, camino empujando un carrito donde llevo mi material. Hay zonas del mundo muy áridas e inhóspitas en las que no es posible avituallarse, por lo que hay que llevar encima una gran cantidad de agua y comida para sobrevivir y caminar en autosuficiencia hasta encontrar un lugar donde recargar pilas. Algunos de esos lugares son Australia o el desierto de Atacama, el desierto más árido del mundo, travesías que ya he superado y han pasado a engrosar la lista de retos que conforman la gran odisea de dar la vuelta al mundo a pie. Porque atravesar Australia, el desierto de Atacama o la cordillera de los Andes son hazañas que de por sí, aisladas, merecen admiración y respeto. Pues ahora imagínenselas todas juntas y una detrás de otra, caminando, en solitario y en autosuficiencia…sin más soporte que un simple cochecito de bebé.

Bien, como decía, al entrar en Turquía se partió el manillar de mi carrito. No me quedó más remedio que partir un palo de escoba en dos y fabricarle un manillar provisional para ir empujándolo durante más de 300 kilómetros hasta Estambul, ciudad en la que recibiría un nuevo manillar procedente de España y en la que terminaría la travesía por mi primer continente: Europa. Llegué a Estambul el 21 de julio de 2013, tras dos días entrando en la ciudad, justo a los cuatro meses de comenzar mi viaje (21 de marzo – 21 de julio), con luna llena y en pleno ramadán, no pudo haber un momento más bonito para hacerlo, como si ya estuviera escrito…1006269_210018715820399_159999614_nComo comprenderá el lector, éstas son solo unas breves pinceladas de lo que fue mi itinerario por Europa, mis primeros 8 países y 5.000 kilómetros , 124 días con todas sus noches, pero que espero le hayan servido para hacerse una idea y, sobre todo, le hayan despertado la imaginación y hecho pasar un buen rato mientras las leía. Si quieren pueden encontrar mucha más información acerca del viaje en la web www.earthwidewalk.org o en los textos que iré escribiendo próximamente para QAH y en los que narraré mis aventuras por Asia, Australia y América.

Un saludo, y sean felices en compañía de los suyos.

Nacho Dean.

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