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Voluntarios: ¿un desafío a la lógica económica?

Voluntarios en hospital público

“No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés” dijo Adam Smith y sentenció así a quien hiciera algo sin que redituara en un beneficio personal como contrario a la lógica económica. Desde entonces, cuesta creerlo, pero existen: son personas que invierten tiempo, energía, desgaste intelectual o fuerza bruta, y obtienen, al menos en apariencia, absolutamente nada a cambio.

En el mundo se han multiplicado las campañas y organizaciones que promueven el trabajo voluntario; y se ha triplicado la cantidad de voluntarios. Los hay orientados a solucionar problemas específicos, como los comedores solidarios en los asentamientos más humildes de Buenos Aires;  o manifestándose pacíficamente, ocupando plazas, debates económicos y políticos, como los “indignados”, en ambas orillas del Atlántico. Todos dan cuenta de que hay un motor ético que transforma las ideas en acción, y la acción en resultados concretos y tangibles. Que genera riqueza, pero no se la lleva en los bolsillos.

Algunos datos ayudan a comprender el fenómeno: en el mundo hay 140 millones de personas haciendo trabajo voluntario, lo que equivale al 16% de los adultos. Las ONGs, sostenidas sobre hombros voluntarios generan el 5% del Producto Bruto total de la economía mundial. En los 35 países en donde son importantes, el producto combinado de las ONGs constituiría la séptima economía del mundo. UNICEF estima que el trabajo de los diez millones de voluntarios que en 2010 vacunaron a 550 millones de chicos generó un producto estimado de 10.000 millones de dólares.

Pero dejemos a un lado los resultados materiales: el voluntariado es cualitativamente rico. Se trata de una actividad que tiende a identificar y encarar la satisfacción de necesidades no cubiertas, concentrada en situaciones de urgencia y caracterizada por una alta capacidad de respuesta e innovación. Su accionar es crucial en situaciones de emergencia, siendo apoyados e incentivados por gobiernos de numerosos países. Lejos de oponerse a la labor del Estado, sucede que los países con voluntariados más fuertes tienen estados igualmente grandes, tales como Suecia, Noruega y Holanda.

El voluntario tiene un interés, busca un beneficio. No generará por sí solo un “cambio de fondo” pero sí el cambio de una, dos o tres vidas. Su “benevolencia” procura no solo su propia alegría, realización o satisfacción, sino también el alimento y/o la alegría de un tercero. Así, todos ganan sin que nadie empeore: nada más lógico, y económicamente exitoso.

 

Vía| Kliksberg, Bernardo. “El Voluntariado. Bueno para la salud personal, la economía y la ética”, Un Techo para Mi País, Febrero 2012.

Más información| El Voluntariado. Bueno para la salud personal, la economía y la ética

Imagen| Voluntarios en Buenos Aires

 

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