Historia 


Vladislaus Dracula ¿realidad o ficción?

Al pronunciar hoy en día el nombre de Drácula, evocamos en nuestras mentes al personaje de ficción de la novela de Bram Stoker, en la que realza los matices del vampirismo y que llegó a convertirse en “la novela de terror mejor escrita de la historia” como afirmó Oscar Wilde.

Pero, ¿de dónde saco Stoker la idea de crear un personaje de lo más cruel y sanguinario?

Bien es cierto que no existió ningún personaje en la historia que fuera un “muerto en vida”, que succionara la sangre de sus victimas mordiéndoles con sus largos colmillos  o que durmiera en un ataúd, pero si existió alguien digno de merecer el nombre de “Hijo del Diablo”.

Y, ¿de quién hablamos?

Pues bien, este simpático personaje que a nadie nos gustaría tener como vecino es Vlad Tepes, también conocido como Vlad III de Valaquia o (como se le conoce en la mayor parte del mundo) Vlad el Empalador.

Vlad nació en la región de Transilvania en 1431, hijo de Vlad “El Diablo” (perteneciente a la Orden del Dragón). En un principio fue conocido por su extraordinaria valentía y su implacable sentido de la justicia, defendiendo hasta las ultimas consecuencias la religión cristiana (aunque él mismo fue ortodoxo).

¿Y su apodo? ¿Por qué Drácula?

Drácula proviene de “Draculea”, ya que la terminacion “–ulea” en rumano significa “hijo de”, por lo que prodria traducirse como “Hijo del Diablo”.

Vlad tuvo una infancia complicada, en la que fue convertido en rehén de los invasores otomanos hasta los diecisiete años por estar disputado el trono de Valaquia. Más adelante, tras la muerte de su padre fue obligado a ponerse de parte del bando turco, de los que poco a poco fue separándose para aliarse con el enemigo y así, poder hacerse con el poder de Valaquia de nuevo.

Pero si hay algo que define a Vlad es su afición a las torturas de todo tipo. Su apodo, “el empalador” se lo debe a un empalamiento en masa de rebeldes voyardos en 1459, que pretendían hacerse con el trono de Valaquia.

Con el tiempo, este método de ejecución se convertiría en su preferido: sus victimas podían tener la “suerte” de ser empaladas de la manera más rápida (por el ombligo o por el corazón), muriendo inmediatamente. Sin embargo, existía otro método consistente en introducir la parte roma por el recto, clavándose poco a poco, tortura que podía llegar a durar hasta dos días.

Según la leyenda, Vlad se negó a  pagar unos tributos al sultán turco porque sus emisarios no se habían despojado del turbante en su presencia como era costumbre. Vlad les clavó a cada uno el turbante en la cabeza para que nunca más se lo tuvieran que quitar.

Otra de sus abominables ideas fue obligar al mayor enemigo voyardo a cavar su propia tumba y a asistir a su propio funeral días antes de ordenar que fuera decapitado.

Pero con sus allegados tampoco era nada compasivo: a su propia novia le abrió las entrañas en canal para comprobar por él mismo si realmente estaba embarazada, ya que creía que le mentía sobre su estado.

Sobre su muerte tenemos pocos datos: no se sabe si Vlad fue asesinado cerca de Bucarest o si cayó en combate mientras luchaba con un ejercito de 200 hombres contra uno de 1200. Se dice que le cortaron la cabeza para mandársela al sultán como prueba de su muerte y que su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Snagov, aunque nunca se encontró su cadáver.

¿Quién sabe si lo que Stoker escribió no fue exactamente un libro de ficción?

 

Vía| Vlad el empalador, Bram Stoker

Imagen| Vlad Tepes, empalados

 

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