Coaching Profesional 


¿Vive España un proceso de sumisión?

Cuando pensamos en procesos de sumisión en el panorama internacional, nuestra cabeza suele remitirnos a ejemplos de gobiernos totalitarios. A una población o grupo que vive de acuerdo a unas normas impuestas, normalmente por la figura del Estado. Se da una vigilancia (frecuentemente gubernamental) acompañada de un factor de miedo y de temor a la desobediencia (por parte de los sometidos). Normalmente, la sumisión va acompañada de procesos de deshumanización que tienen el objetivo de crear categorías, calidades de personas. Las acciones que llevan a dicha deshumanización se encuentran repartidas entre distintos agentes, haciéndolos menos responsables de las mismas.

Son numerosos los psicólogos sociales que se han dedicado al estudio de la sumisión. Jean – Léon Beauvois (investigador en las universidades de Nancy y París)  ha ido un paso más allá, rompiendo con el esquema clásico al adecuar el concepto al momento actual. Para ello desarrolla el término “Servidumbre Liberal”, como el tipo de sumisión que se da en las sociedades liberales. El sujeto sometido cumple todas las pautas mencionadas, además de una nueva: mantiene la ilusión de que las decisiones que toma son propias, no una imposición del sistema en el que vive.

Observando el panorama nacional, una serie de incómodas coincidencias salen a la luz. Y es que el trato institucional que recibe el ejecutivo español y tras él, toda la nación, se asemeja cada día más al de un sujeto del que se espera sometimiento.

Crisis económica: escenario idóneo para la sumisión

Y si el gobierno de la nación encaja en el molde es porque mantiene las ilusiones de ser un país a la cabeza, desarrollado, incluido y participante de la sociedad internacional. Se presupone una elección, una voluntad, un tipo de política. Establecemos recortes y austeridad porque lo decidimos así, por el bien venidero. Pero lo cierto es que no podemos cuestionar un sistema mayoritariamente apoyado por los más fuertes de la Unión.

Además, nos encontramos en el ojo de mira de la Troika formada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea. El trío, muy atento, manda a sus hombres de negro, redacta informes y dictamina futuro. Tiene un inmenso poder y uno de los brazos del mismo es ejercido a través de la presión que dicha vigilancia supone. La responsabilidad está repartida, dado que las recomendaciones que recibe el ejecutivo llegan de diversos frentes: de otros Estados miembros de la Unión, de la Troika alertando y comparando con otros vecinos del Sur (igualmente sometidos). Incluso otros actores internacionales, como el Banco Mundial o las Agencias de Calificación. Todos tienen opiniones, emiten veredictos, dibujan líneas de futuro. Ninguno es singularmente responsable de las decisiones del gobierno español, pero en todas éstas hay matices de influencia externa.

En consecuencia, existe un miedo, un temor a la represión. España no podría verse fuera del euro, ni de la comunidad. Nada haría sentir más pánico que quedar en el Sur de Europa, aislado, sin moneda común ni todas las ventajas y derechos adquiridos. Sin el estatus que, al fin y al cabo, la Unión Europea nos ha otorgado a todos los españoles. Con los vecinos africanos en el Sur y las amenazas del Mediterráneo en efervescencia. En un mundo globalizado, en el que no queda muy claro qué es de quién y por cuánto tiempo más, verse marginado por los socios europeos sería el peor de los finales. En estrecha relación se incluye un sentimiento de culpabilidad: “nos lo debéis, porque habéis fallado”. Hay que someterse, porque no entramos en el vestido que nos compraron para aquel precioso futuro que comenzaba a dibujarse en 1986 y que tantísimo les costó a nuestros compañeros europeos.

La economía, en la dinámica liberal con la que el mundo se ha regido en el último siglo, prioriza a los mercados. Son éstos actores quienes marcan las decisiones políticas, económicas y sociales de los estados. La mano invisible que ya sugirió Adam Smith en su libro “La riqueza de las Naciones” hace más de doscientos años no es sino la simbolización de la deshumanización que impera en todo el sistema. Se deshumaniza al pedir más recortes, intereses más altos, condiciones más duras. Se resta humanidad en pro de mercantilización, haciendo de las personas, en último caso, daños colaterales de una situación que podría ser diferente.

Todo lo anterior es posible gracias a la obediencia. Acatar lo que sea a cambio de una palmadita en la espalda y unos días de confianza que tal vez logren dar un respiro y luz verde a los accionistas. Obediencia a cambio de confianza, que es lo que más falta en este país. Apenas hay quiebras de la misma por parte del equipo de gobierno. Los que sí desobedecen, o tratan de hacerlo en la medida de lo posible, son los españoles. El inconveniente es que poco se está logrando para abrir los ojos de un gobierno sumiso, que no quiere ver. Lo maravilloso es que genera alternativas y sinergias jamás imaginadas entre los habitantes de esta península al Sur de Occidente, que parecen haber encontrado una causa común que defender, a pesar de sus diferencias.

 

Vía| “Tratado de Servidumbre Liberal” J.L. Beauvois

Más información| “Obediencia a la autoridad”, S. Milgram

Imagen| Crisis económica

Vídeo|Youtube: “El juego de la muerte”

RELACIONADOS