Historia 


Viriato, de pastor a general

Viriato es uno de los héroes más conocidos de la Historia de España. Héroe compartido por las dos naciones ibéricas, que se disputan el lugar de su nacimiento, aunque como dijo Alfredo Kindelán, “tanto monta Portugal como España”, ya que sus hazañas se realizaron en ambos países sin distinción.

Estatua de Viriato en Zamora

Estatua de Viriato en Zamora

La controversia de su origen, sitúa el lugar de su nacimiento en los lugares más diversos. En España según algunos autores podría ser originario de Beturia, entre los valles del Guadiana y el Guadalquivir, otros los sitúan entre el Ebro y el Tajo, un ibero valenciano como lo denominó Peris o en la Sierra de San Vicente. En Portugal se le consideró oriundo de la Sierra da Estrela, la Beira Alta y últimamente a orillas del Atlántico en el Alentejo. Se desconoce el año de su nacimiento.

También se desconoce su oficio original. El historiador romano Tito Livio le describe como un pastor que se convirtió en cazador y luego soldado. Para Apiano era un guerrero, aunque la mayor parte de las fuentes lo definen como un pastor de humilde linaje. Fue definido por los romanos como “amante de la guerra” y “conocedor del arte bélico”.

Roma comenzó la conquista de Hispania en la Segunda Guerra Púnica (siglo III a.C.), con el objetivo de evitar la llegada de refuerzos a Aníbal desde el norte de África. En el año 151 a.C. los lusitanos firmaron un tratado de paz con el pretor Marco Atilio Serrano, que rompieron rápidamente y que el nuevo pretor Galba intentó recomponer prometiéndoles un reparto de tierras. Para ello reunió a unos 30.000 guerreros lusitanos en una llanura, los separó en tres grupos y tras entregar las armas, ordenó a sus legionarios aniquilarlos. Mató entre 8000 y 9000 de ellos, enviando al resto como esclavos a las Galias. Tan solo escaparon unos 1000 guerreros, entre los que se encontraba Viriato.

Estatua de Viriato en Viseu (Portugal)

Estatua de Viriato en Viseu (Portugal)

Tras esta terrible afrenta, una vez nombrado general en jefe, Viriato se rebela contra Roma en el año 147 a.C. Su primera acción de guerra se realizó en la Turdetania, cerca de la ciudad de Tribola, donde tras escapar al cerco de las tropas del pretor Cayo Vetilio, consiguió derrotar al ejército romano causando 4000 bajas, matando incluso al propio pretor. Tras esta victoria, muchas tribus celtíberas se unieron a su ejército.

Viriato era un gran jefe, siempre el primero ante el peligro, repartiendo equitativamente el botín entre sus hombres y siendo justo en sus decisiones. Jamás en sus ejércitos hubo ninguna sublevación.

A continuación saquearon Carpetania y atacaron a los destacamentos romanos situados en el Guadiana y el Tajo. En el año 146 derrota al pretor Plautio en Carpetania y a las tropas del  gobernador de la Hispania Citerior, Claudio Unimano. En este mismo año Viriato ataca la ciudad de Segóbriga (actual provincia de Cuenca).

Tras estas victorias se retiró al monte de Venus, una atalaya natural al norte del Tajo, actualmente conocido como el cerro de San Vicente.

En el año 144 a.C. a pesar del hostigamiento del cónsul Fabio Máximo, conquistó la ciudad de Tucci (Martos) y la Bastetania. En el 143 a.C. consigue reunir junto a los lusitanos y vetones a las tribus celtíberas de los arévacos, tittos y bellos, comenzando así la Tercera Guerra Celtíbera.

En los dos años siguientes, Viriato fue derrotando uno a uno a todos los gobernadores que Roma envió a Hispania a luchar contra él. Tras estos sucesos el Senado de Roma, decidió enviar allí al cónsul Fabio Máximo que consiguió derrotar al ejército de Viriato. Tras esta derrota, el ejército lusitano se rehízo. Viriato continuó humillando a cuantos generales romanos eran enviados contra él. Por fin Roma eligió otro general prestigioso, Serviliano,  que llegó a Lusitania con 20.000 hombres, diez elefantes y trescientos jinetes provenientes de Libia. Serviliano fue tras Viriato con su poderoso ejército, pero de nuevo la astucia de éste consiguió derrotarlo.

Muerte de Viriato

Muerte de Viriato

Viriato aprovechando esta victoria forzó a Roma a firmar un tratado de paz. El Senado lo ratificó y declaró a Viriato «amigo de los romanos» y “dux de los lusitanos”. Tras esta humillante cesión, Serviliano fue sustituido por Quinto Servilio Cepión, que reanudaría la guerra. Las tropas de Cepión persiguieron al ejército de Viriato forzando a éste a firmar un nuevo acuerdo de paz con Roma. En esta situación Servilio Cepión decidió acabar con la vida de Viriato y terminar de una vez con esa terrible pesadilla para Roma. Prometiéndoles grandes riquezas, sobornó a los embajadores Minuro, Audax y Ditalcos para que asesinasen a Viriato. En el año 139 a.C. (o 138 a.C. según otras fuentes), tras regresar los tres al campamento lusitano, asesinaron a Viriato mientras dormía, clavándole un puñal en la garganta. Acto seguido regresaron al campamento romano a cobrar su recompensa. Al solicitarla a Servilio Cepión, éste pronunció la conocida frase «Roma traditoribus non praemiat», es decir, «Roma no paga a traidores».

Viriato fue despedido por sus tropas mediante un gran funeral. Su cuerpo fue incinerado y según la tradición reposa sobre el Tormo Alto, una de las formaciones rocosas de la Ciudad Encantada de Cuenca.

 Vía| Amílcar Guerra, Carlos Fabião (1992). Viriato, Genealogía de un mito. Penélope: revista de história e ciências sociais (en portugués) (8): 9–24.

Blázquez, José María (1974). La Romanización. Volumen 1. Ciclos y temas de la Historia de España, ciclos y temas de la historia de España: La romanización. Ediciones AKAL. p. 258.

Arrayás Morales, Isaías (2005). «Viriato, el Astérix de Hispania». Clío: Revista de historia (47): 65–71.

Imágenes| Estatua de Zamora; Estatua de Viseu; Muerte de Viriato

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