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Viralizar o hacer ruido

En el año 2011 un vídeo del actor Jesse Heiman alojado y compartido en YouTube por un usuario -Wilhelm Hempel- fue reproducido más de un millón y medio de veces en tan solo diez días. Un vídeo sin fines comerciales, que no promocionaba un producto, que no era particularmente gracioso o entretenido, y que a pesar de ello adquirió una gran repercusión. Este hecho demuestra como dice Rufí “que los fenómenos virales a través de Internet, como la propia red, no tienen fronteras, ni las barreras idiomáticas suponen un límite para la difusión de información”. Según este autor, aquel vídeo representa el primer contenido que podemos calificar como viral, y dio pie al empleo del verbo viralizar para recoger e ilustrar aquello que se distribuye de forma rápida en la red y en cuyo proceso intervienen los usuarios anónimos, quienes tienen la capacidad de trascender ese contenido de las redes a los medios tradicionales. La cuestión es entonces, ¿viralizamos o solo multiplicamos un ruido?

Hace unos días reflexionaba el filósofo José Antonio Marina en su sección Ideas para el diario El Mundo, sobre el intenso uso del verbo “viralizar”. “En las redes sociales se usa cuando una información se repite de manera exponencial. Todo el mundo desea que su mensaje goce de ese proceso expansivo”. Sin embargo, explica que, atendiendo a la teoría de la comunicación nos encontramos ante la más pasiva de las acciones pues “dentro de las redes sociales, los sujetos pueden ejercer varias funciones: transmitir lo que uno mismo recibe; alterarlo o ampliarlo; bloquearlo o introducir una nueva información”. Por lo tanto, entendemos que hacer que un contenido se repita una y otra vez extendiéndose como una mancha de aceite por la red, no es un efecto positivo en sí mismo aunque sea el objetivo de quienes participan en la construcción de mensajes en Internet. Desde el punto de vista científico, Berger en su libro Contagioso: cómo conseguir que tus productos e ideas tengan éxito, afirma que el resultado de estas acciones es simplemente un consumo en cadena.

El término “viralizar”, referido a los mensajes que crean los usuarios, proviene como dice la profesora Ramos-Serrano, “del marketing o comunicación viral -denominado de esta forma porque actúa como un virus informático propagándose a través de la libreta de direcciones- trata de imitar el proceso de recomendación espontánea que se produce en torno a un grupo de amigos y familiares para integrarlo en la estrategia comunicativa de la empresa”.  Y expone que, el usuario particular que crea y consume mensajes (el prosumidor o prosumer) tiene un papel principal pues “la comunicación viral se presenta como una reformulación del tradicional boca-oreja impulsado por la utilización de las nuevas tecnologías. Esta nueva práctica recoge una tendencia general en la comunicación publicitaria que pretende imitar el comportamiento natural de las relaciones sociales”. Y es que lo que dicen o piensan los usuarios están adquiriendo tal importancia que según los científicos Sixto, Guevara y Túñez, están participando “en el proceso de creación del “temario” de interés general, determinando qué es noticia y qué no lo es”.

 

Enjambre viral-social

Enjambre viral-social

 

Referencias:

[1] Berger, J. (2014). Contagioso: cómo conseguir que tus productos e ideas tengan éxito. Gestión 2000.

[2] Ramos-Serrano, M. (2007). Comunicación viral y creatividad. Creatividad y sociedad: revista de la Asociación para la Creatividad, (11), 9-25.

[3] Túñez-López, M., García, J. S., & Guevara-Castillo, M. (2011). Redes sociales y marketing viral: repercusión e incidencia en la construcción de la agenda mediática. Palabra Clave, 14(1), 53-66.

[4] Rufí, J. P. P. (2011). La interacción entre Internet y los medios convencionales en la creación de fenómenos mediáticos: Jesse Heiman goes viral. Razón y palabra, (76), 62.

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