Patrimonio 


Viollet-le-Duc y la creación del gótico

Tras el incendio que dañó parte de su estructura y acabó con la totalidad de su techumbre de madera y su aguja neogótica, estos días nos acercamos a un debate restaurador similar al que ocurrió a finales del siglo XVIII y principios del XIX, a partir de la intervención de la catedral de Notre Dame de París, cuando nace oficialmente la restauración como disciplina científica, favorecida por el prerromanticismo e imprescindible, tras la destrucción de bienes y edificios históricos durante el proceso revolucionario que se dio primero en Francia y luego, en el resto de Europa.

Así, en 1794, la Convención Nacional Francesa inició el principio de conservación de monumentos, debido al interés por conservar y recuperar aquellos testimonios materiales de la Historia que merecían salvarse de la acción del tiempo y de la guerra. Más tarde, aparece la figura del Inspector General de Monumentos y, en 1837, las Comisiones de Monumentos Históricos, una organización francesa que impondrá sus criterios para llevar a cabo las restauraciones dentro del territorio nacional. Con estas medidas sobre la mesa, la restauración deja de ser competencia de un círculo cerrado de intelectuales a ser una cuestión de Estado.

Durante la primera mitad del XIX, el gótico fue el estilo favorecido por la administración, cuyas catedrales y castillos se convertirían en la expresión del arte francés por antonomasia, un ideal historicista propio del nacionalismo romántico. En este contexto es donde debemos situar las restauraciones de Eugène Viollet-le-Duc (París, 1814 – Lausana, 1879), precursor de la disciplina, cuya labor se inicia en Madeleine de Vézelay (1840) y luego, en Notre-Dame de París (1844-1879), siendo la catedral paradigma del estilo. También, intervino en Saint-Nazaire y Saint-Celse de Carcassonne (1844-1864), Saint-Denis (1846), la catedral de Amiens (1849-74), Saint-Chapelle de París (1855) y Saint-Sernin de Toulouse (1845). Pero entre todas, destaca la reconstrucción de algunos ejemplos de arquitectura militar como el castillo de Coucy (1856-66), Montdardier (1860) o el castillo de Pierrefonds (1858-1885).

 

El castillo de Pierrefonds antes y después de la “restauración”, 1858-1885.

Su teoría restauradora se encuentra en el Dictionaire Raisonné de l’architecture française du XI au XV siecle, en una serie de artículos que publicó desde 1854, y la Revue Generale de l’architecture, desde 1852. En general, sus escritos abogan por el estudio de los monumentos franceses y la recuperación racional del estilo. En el Dictionaire enuncia los problemas de la restauración monumental, que define en su artículo, Restauration: “Restaurar un edificio es devolverlo a un estado completo que pudo no haber existido nunca”. Es decir, tal y como el monumento debería haber sido.

Desde el principio fue un planteamiento muy polémico. Basándose en estudios tipológicos y de estilo, elaboró un análisis historicista; su conocida como “restauración estilística” o “unidad de estilo”, que asumía la supresión de todos los añadidos posteriores a la época gótica para que la obra estuviese, finalmente, completa.

Esta práctica fue criticada por otros restauradores. Muchos aseguraban que sus restauraciones acababan siendo “falsos históricos” que no sólo perdían el encanto que los románticos ensalzaban, sino que parecían monumentos de nueva planta —La introducción de materiales nuevos, sin distinción de los antiguos, fue una técnica ya superada—. Pero Notre Dame de París no fue menos criticada que la reconstrucción del castillo de Pierrefonds (1858-1885), una construcción de finales del XIV, asediado durante el XVII y olvidado hasta 1810, cuando Napoleón la adquiere. Más tarde, en 1857, Napoleón III lo convirtió en residencia imperial y encarga a Le-Duc reconstruirla como una nueva obra medieval de espíritu romántico. El trabajo duró hasta 1884 y sirvió de inspiración a castillos de toda Europa como el de Neuschwanstein de Luis II de Baviera o el de Butrón en nuestro país.

La ciudad de Carcassonne, por Eugène Viollet-le-Duc.

Junto a la intervención del castillo de Pierrefonds, su intervención más cuestionada fue la que realizó en la ciudadela de Carcassonne, iniciada en 1844 y completada durante el siglo XX. Aquí, hizo que se derribaran las partes adosadas a la muralla, igualando paramentos, torres y puertas, según un estilo neomedieval. Su doctrina concilió principios románticos y racionalistas, valor histórico y valor de novedad, unido a un levantamiento planimétrico, científico y documental.

Por otra parte, promovió técnicas constructivas avanzadas y el empleo de materiales modernos, más eficaces y duraderos. En 1874 edita, L’Histoire d’une forteresse, donde planteó el proceso de restauración de un enclave imaginario, como una metáfora de la historia de Francia. Más tarde, publicó sus investigaciones y trabajos de restauración, que sirvieron para difundir sus experiencias, conocimientos y su doctrina de la “restauración en estilo”.

Fue apoyado por el escritor, historiador y arqueólogo Prosper Merimée y por el emperador Napoleón III. Tuvo numerosos seguidores que terminarían sus trabajos en Lassus y Baudot, pero también detractores que no aceptaron su práctica, como el escritor Víctor Hugo. Con el tiempo, su doctrina fue sustituida por nuevas propuestas de intervención, una práctica que aunque criticable actualmente, forma parte de la Historia de la propia disciplina y de los edificios a los que dio una segunda vida, según los criterios de su época.

* Vía| GARCÍA MORALES M. V., SOTO CABA V., MARTÍNEZ PINO, J.: El estudio del Patrimonio Cultural. Editorial Universitaria Ramón Areces: Madrid, 2016. HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, F.: El Patrimonio Cultural: la memoria recuperada. Ediciones Trea: Gijón, 2002.
* Más información| Eugène Viollet-le-Duc, el restaurador de la Notre Dame destruida.

* Imagen| Pierrefonds y Carcassonne.

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