Historia 


Villa frente a una crisis financiera

Cuando el gobierno de Francisco I Madero, quien había convocado a un alzamiento armado el 20 de noviembre de 1910, fue derrocado por el golpe militar que llevó a la presidencia al general Victoriano Huerta, dio comienzo otra fase violenta de la Revolución mexicana. El 26 de marzo de 1913 el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza, desconoció el nuevo régimen militar y llamó a las armas. Muchos líderes políticos y regionales se unieron a la causa, entre ellos, Francisco Villa en el estado de Chihuahua.

La División del Norte utilizó el ferrocarril de forma masiva durante la campaña contra el ejército federal.

La División del Norte utilizó el ferrocarril de forma masiva durante la campaña contra el ejército federal.

La campaña militar de Villa en un territorio más grande que Portugal o que Gran Bretaña superó la etapa guerrillera, dando golpes de importancia en puntos clave del estado como la toma de Ciudad Juárez, ciudad fronteriza que le permitió abastecerse con armas y municiones compradas en Estados Unidos. Para septiembre de 1913 se constituyó la División del Norte, un cuerpo de ejército formado por líderes locales que escogieron a Villa como su comandante. Se trataba de un ejército en forma, capaz de enfrentarse cara a cara con las mejores tropas leales a Huerta.

No obstante, una fuerza de tal magnitud enfrenta grandes retos logísticos, ya que cada acción combativa consumía gran cantidad de municiones, cada traslado de tropas a pie o a caballo requería de alimentos y agua para que resistieran las jornadas; si se trasladaban en tren entonces necesitaban carbón. ¿Cómo sufragaban todos estos gastos sin devastar la economía de Chihuahua?

Dado que el gobierno de Huerta había recibido el apoyo de grandes propietarios, que lograron su inmensurable riqueza a costa de negocios turbios que afectaron a la población chihuahuense, Pancho Villa decretó, el 12 de diciembre de 1913, la confiscación de todos los bienes de las familias Terrazas, Creel, Falomir, Sánchez, Molinar y Cuilty, que serían administradas por el Banco de Chihuahua para beneficio del erario público, así como para pensionar a las viudas y huérfanos de su ejército. Las propiedades confiscadas eran haciendas, una planta eléctrica, tranvías, teléfonos, molinos de trigo, entre otras empresas comerciales. En respuesta las familias oligarcas escaparon de México, llevándose consigo importantes cantidades de papel moneda y escondieron sus reservas de oro, sin embargo no todos escaparon. Un hijo del acaudalado Luis Terrazas fue capturado y forzado a revelar la ubicación del oro, el cual encontraron en el Banco Minero de Chihuahua, propiedad de la familia Creel, con un valor de medio millón de pesos.

A pesar de toda la obtención de recursos a fines de 1913 Villa se enfrentó a una crisis financiera. Por causa del temor surgido en la guerra muchos habitantes decidieron esconder su dinero, entre ellos agricultores y ganaderos. Como las actividades económicas de Chihuahua eras agro-ganaderas y mineras, no había productos manufacturados para intercambiar. Este problema estuvo a punto de ocasionar una hambruna en el estado.

Billete villista. Se distinguía de uno falso porque las firmas eran estampadas

Billete villista. Se distinguía de uno falso porque las firmas eran estampadas

La solución de Villa fue sencilla, emitió su propio papel moneda. Se imprimieron dos millones de pesos con las firmas de los funcionarios de gobierno y el nombre de Villa impreso en los billetes. Su dinero fue aceptado en la ciudad estadounidense de El Paso, valiendo cada peso villista a 19 centavos de dolar. Casi de inmediato se reactivó el comercio interno, sin embargo surgieron otros problemas: aquellos que habían escondido su dinero lo volvieron a poner en circulación, cobrando más caro sus productos por el dinero villista, además comenzó la falsificación de estos billetes.

De nuevo la solución de Villa fue sencilla pero radical. Primero, decretó pena de carcel para quienes rechazaran su moneda, fijó los precios de productos básicos (carne a 15 centavos el kilogramo, la leche a 5 centavos el litro y 4 centavos la pieza de pan grande) y puso como plazo hasta el 10 de febrero de 1914 para cambiar billetes y la plata por billetes villistas, pasada esta fecha todo el dinero, en papel o en metálico, acuñado en bancos mexicanos (que estaban avalados por el gobierno de Huerta) sería considerado falso y sin valor.

El efecto fue inmediato, se cuenta que la tesorería de gobierno estuvo abarrotada por gente que intentaba cambiar su dinero por billetes villistas. Si bien podemos suponer que los que ocultaban el dinero fueron especuladores sin escrúpulos, también hay que pensar en aquellos que lo escondían por temor a que las fuerzas del gobierno derrotaran a Villa y volvieran a tomar el control de Chihuahua. Esto nunca pasaría, las finanzas de Chihuahua fortalecieron militarmente a la División del Norte; mientras que otros cuerpos revolucionarios permitían el saqueo para solventar sus necesidades, los soldados de la División del Norte eran debidamente pagados y obligados a no cometer desordenes bajo pena de fusilamiento. Con los recursos también organizaron una brigada médica con la que pudieron reducir las bajas en combate, algo sumamente útil en las posteriores batallas (Ojinaga, Torreón, San Pedro de las Colonias y Zacatecas) donde Francisco Villa, un civil, destruiría a lo mejor del ejército profesional mexicano.

Vía | Katz, Friedrich, Pancho Villa, Tomo 1, México, ERA, 2012; Reed, John, México Insurgente, Barcelona, Ariel, 1969.

Imagen | Pancho Villa como Gobernador de Chihuahua, tren de la División del Norte, un peso villista.

RELACIONADOS