Cultura y Sociedad 


Viaje al Taj Mahal, la ítaca india de Kavafis

Taj Mahal interior

Taj Mahal interior

El Taj Mahal, a 200 kilómetros al sur de Delhi, capital de la India, es uno de los más bellos y exquisitos monumentos del mundo. Construido con mármol blanco e incrustaciones —auténtica orfebrería— de piedras semipreciosas, se encuentra en un jardín a imagen y semejanza de la descripción del paraíso en el Corán.

Desprovisto de su teléfono móvil —obligado a dejarlo en depósito para prevenir atentados terroristas(1)— y debidamente cacheado, el visitante se adentra en un bello, armónico y cuidado parque en el que enseguida tropieza con una singular y monumental puerta de entrada de piedra roja, que sirve de sorprendente baluarte al descubrimiento del sin par mausoleo que alguien llamó “un sueño en mármol”.

Taj Mahal vista exteriorEn pleno mediodía, bajo la luz cenital del sol, la primera visión del Taj Mahal tiene lugar desde la oscuridad y a través del arco ojival posterior de la entrada. La imagen, antes mágica que real, recuerda más a Petra que el Partenón o las pirámides de Egipto porque se descubre de improviso, y no cuesta imaginar que se trate de un meteorito desprendido del Sol que acabara de aterrizar. Embobado junto al estanque, el viajero se sitúa ante una perspectiva armónica inigualable y, si le gusta la fotografía, observará que no hay ángulos de toma malos.

La tumba asimétrica de Sha Jahan

La tumba asimétrica de Sha Jahan

Difuminados los excesos lumínicos, el templo mortuorio —el monumento no es otra cosa que el póstumo homenaje de un emperador a su esposa— nos parece una obra perfectamente clásica —según la definición de Joselito El Gallo: “Lo que no se puede hacer mejor”— y para la eternidad.

Carretera en IndiaSi impactante es la visita al Taj Mahal, no lo es menos el viaje por carretera de nueve horas para recorrer cuatrocientos kilómetros de ida y vuelta. Un sorprendente y monótono recorrido por la India de hoy y quizá de siempre.

Kavafis

Kavafis

Un camino repleto de animales —vacas, monos, camellos, elefantes, perros, gatos, serpientes—, y una suma histórica de todos los medios imaginables de transporte terrestre. El agobiante recorrido, imposible de hacer por cuenta propia, implica el contacto físico en casi todo momento con vehículos, animales y personas —atuendos multicolor y miradas profundas— que parecen peregrinar hacia un destino único —luego sabremos que no hay tal—, sin que medien malos modos por parte de nadie ni quepa observar accidente alguno.

Kavafis, el gran poeta griego de origen alejandrino, evoca en su poema Ítaca la esencia de la experiencia vivida: “Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento”.

 

(1) Quintaesencia de la estupidez humana en versión de C. M. Cipolla.

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
* En QAH| Otros artículos de Jesús Banegas
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