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Viajar por la Navidad

Es hora de bajar al sótano, remover entre cajas y empezar a desenterrar guirnaldas, bolas de colores, figuritas doradas de ángeles desnudos, miniaturas de hombrecillos gordos enlatados en voluptuosos trajes rojos. Es hora de pintar la casa de verde y granate, de olvidarse de la crisis paseando por la iluminada Gran Vía, de comprar zanahorias y un buen ron para los tres Magos y sus camellos, y por supuesto, de empacharse a mazapán y turrón que ya habrá hueco para las dietas en los siempre infringidos propósitos de año nuevo. Pero, ¿Se atraganta todo el planeta con las 12 traviesas uvas de Nochevieja?, ¿Iluminan en Marte sus desérticas avenidas con diseños de Agatha Ruiz de La Prada?, ¿Es tan famoso en Brasil el turrón Suchard?, ¿Acaso los japoneses decoran sus árboles con mini sushis?

Nadie nos revelaría un gran secreto si nos confiesa que en Londres el árbol más visitado es el de Trafalgar Square, que en América los calcetines invaden los salones y que el se va a Ámsterdam en Nochevieja es porque tiene unas ganas irresistibles de juerga desenfrenada…Pero, ¿y si nos desvelan que en Letonia hay que ser poeta para recibir un regalo?, o ¿que en los mercadillos de Praga es tradición dejar en libertad un pez? Entonces, seguro que más de uno se quedaría  patidifuso, abandonaría a su familia y optaría por  emigrar en estas señaladas fechas para perderse en las atractivas costumbres de los que no celebran las navidades a nuestro estilo.

Si queremos cambiar de tiempo, y en vez de sentir la pesada carga de bufandas, guantes y gorritos, preferimos la austera libertad de un bañador y el regocijo del sol quemándonos la piel, sin duda nuestro destino es Australia en donde en navidad no hay más opción que bañarse en las playas de la costa y bailar con el estómago lleno bajo un sol radiante y tras una fecunda barbacoa. Si por el contrario, nos gusta sentir nuestra piel de gallina, nos atraen las enrojecidas narices y los rítmicos estornudos, viajar a la Laponia finlandesa, aventurarnos en una alocada travesía en trineo y descubrir la genuina casa de Papa Noël, es seguramente otra alternativa a no deshechar.

No obstante, no hace falta irse muy lejos para cambiar de aires. Podríamos decidirnos por Italia, que a pesar de no haber tenido un gobierno muy  próspero bajo la tutela de Berlusconi, si que supieron darse cuenta desde hace tiempo que una sola mujer puede desempeñar un trabajo mucho más minuciosamente que tres hombres juntos, por muy sabios y magos que éstos sean. La Befana es una figura típica del folclore italiano que tardó muy poco en desbancar a los Tres Reyes Magos de Oriente.  Su leyenda nació hace muchos siglos pero hoy en día, esta bruja sonriente podría compararse a una mujer del siglo XXI: lo sabe hacer todo sola, organiza, prepara, viaja, y feliz, reparte regalos y caramelos a todos los niños italianos. Y es que las navidades están siempre de moda y nos confirman que lo que hacen tres hombres, ¡lo puede hacer siempre una gran mujer!

Si que habría que irse muy lejos para huir de los patéticos shows musicales que nos ofrecen las cadenas de televisión españolas todas las Nocheviejas. Para aquellos que detesten los aburridos programas en falso directo, con guateque de poca monta y ordinarios karaokes, México es el rumbo a escoger.  Sus calles se llenan de mariachís ambulantes que van tocando de puerta en puerta, entonando canciones y conformando así la tradición de las conocidas Posadas.

Con o sin billete reservado, con o sin menú preparado, habiendo conseguido llegar a nuestro destino o todavía bloqueados en el aeropuerto, estos días son para compartirlos con los viajeros del alma. Y rodeados de langostinos y fiambres, envueltos en huevo hilado, esperando a Los Reyes Magos, a Papa Noel, a Saint Nicolas o a la Befana, lo mejor es refugiarse bajo el seguro amparo de los que más queremos, dejarse llevar por la eufórica ilusión de los más pequeños, y recordar aquellos días en que supimos navegar en barcos de papel  sin la necesidad de costosos yates de amasijos de hierro.  Ya sea en una punta u otra del globo, todos nos merecemos viajar por la magia de la Navidad.

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