Historia 


Venecia: los orígenes

Venecia representa, a día de hoy, uno de los lugares más singulares de Europa. Se trata de un conjunto de islas pequeñísimas, de gran valor patrimonial, masificadas por el turismo, pero no siempre fue así. Hace más de mil quinientos años, hubo unos primeros habitantes. Su inicio es incierto a día de hoy. Ellos empezaron a habitar las zonas de La Laguna, poblando el centenar de islas que se extendían a lo largo del curioso paisaje, a pocos quilómetros del continente. Quisieron seguir próximos a Europa, pero a un compás distinto. ¿Por qué se habitó el singular territorio? traigamos un poco de luz, apelando a la historia. No conocemos exactamente el primer hombre que se estableció en Venecia, ni mucho menos sus motivos. Sin embargo, podemos acercarnos a la realidad del pasado, esbozando los acontecimientos que probablemente marcaron el principio de los asentamientos.

El siglo V d.C. contempló las últimas décadas de la agonía imperial de Roma. La península itálica fue atacada y saqueada, por tierra y por mar. Los extranjeros llegaron desde el norte y desde el sur. Sin ningún problema, sometieron las débiles defensas romanas. No ansiaban quedarse, únicamente querían las riquezas. Querían obtener suculentos botines de los antiguos núcleos romanos. Roma fue la ciudad más deseada por los bárbaros, pero ninguna otra población mínimamente mediana se libró de la rapiña.

León de S. Marcos, obra de Vittore Carpaccio (1465-1525).

En el año 402 los godos de Alarico depredaron Aquilea, avanzando sobre la zona del Véneto. Los habitantes de los núcleos prósperos más cercanos (por ejemplo, las actuales Altino, Padua, Concordia Sagittaria…) quedaron inmersos en un pánico generalizado. Debían huir para conservar la vida. Tendrían que cambiar sus hogares para continuar su vida. De no trasladarse, podían sufrir la misma suerte que sus vecino de Aquilea, y las noticias de dicha ciudad no eran muy esperanzadoras. Cincuenta años más tarde (452), Atila sometió otra vez a los habitantes de Aquilea. Los tres meses de resistencia no fueron suficientes para disuadir a los hunos. “El azote de Dios” entró victorioso en la aldea. El panorama era desolador.

Por el sur de la península de Italia, tres años después llegaron los vándalos (en el año 455 saquean Roma). Los habitantes del Véneto en particular, y los de Italia en general, estaban enjaulados. La desesperación de un pequeño animal, cercado por dos grandes despiadados depredadores, debió ser una de las muchas sensaciones impotentes que experimentaron los lugareños de la zona del Véneto. Algunos pescadores debieron ser los primeros en cavilar sobre su suerte. Seguramente los hombres del mar fueron los que pensaron una posible solución a su vital rompecabezas. Las personas dedicadas a la pesca, conocían un lugar cerca de la costa (a unos 30 quilómetros de Padua), que solían frecuentar en busca de recursos marinos (pescado y sal —recordemos que la sal se usaba como moneda, no solo para conservar alimentos—). Se trataba de un lugar cargado de posibilidades, con víveres para soportar presencia humana. No se trataba de un lugar completamente desconocido. Además, muchos de los que se instalaron, no pensaban quedarse para siempre. Pasados las temporadas de mayor peligro, invertían el viaje realizado, retornando a sus viejos hogares.

Detalle del pavimento de la Basílica de Santa Eufemia (siglo VI d.C.), en Grado.

No obstante, no volvieron todos. La experiencia había sido positiva. El continente europeo continuaba siendo una zona comprometida y, de momento, en su nuevo hogar, nadie les molestó. La vida transcurría paralelamente. Pescaban, comerciaban entre ellos, sus familias aumentaban los miembros… las preocupaciones se habían desvanecido. La verdad: ¿a quién importaba un grupo de pescadores y comerciantes en un diminuto archipiélago?

La sorprendente idea de trasladarse a la laguna veneciana contentó a muchos de los que ya estaban allí, atrayendo a otros tantos. La afluencia de gente provocó que en el año 466 se cambiara la organización del gobierno de Venecia. En la ciudad de Grado (a más de un centenar de quilómetros de Venecia), se acordó una organización pactada para el grupo de habitantes del archipiélago de La Laguna. Empezaron por la elección de tribunos anuales (como vemos, había poca desviación del antiguo sistema consular romano).

Al estar poblada, el pequeño enclave cobraba otra dimensión. La posición era inmejorable. Venecia se erigió como punto de conexión entre Oriente y Occidente, el mar Adriático resultó ser su gran autopista. La importancia del asentamiento se revela en el año 523. Desde la capital ostrogoda de Ravena, se procuró establecer una alianza con “los tribunos marítimos” (representantes de los habitantes venecianos). La gran cantidad de sal pareció interesar mucho a las autoridades de Ravena, así como su incipiente flota. En ningún momento se habla de vasallaje, todo lo contrario. El débil poder ostrogodo reconoce la importancia de tener unos vecinos florecientes de su parte. Existe correspondencia que demuestra la cordialidad de Ravena con Venecia.

Localización de Venecia en el mapa de Europa. Dominando el Adriático, entre Europa Occidental y Oriental. Un nexo entre diferentes culturas ineludible.

En el año 539 se desvanece el poder ostrogodo; llegan los bizantinos. Mientras se organizaban las tropas de Belisario, acampando por Italia, ¿qué lugar ejerció de punto de abastecimiento, descanso y encuentro de la flota bizantina? no lo duden: Venecia. Belisario contó con la inestimable ayuda de los puertos y barcos venecianos para su expedición. Es la primera consolidación internacional de Venecia. Constantinopla se alía momentáneamente con el pequeño núcleo. El Adriático ya estaba poblado de embarcaciones venecianas, por lo tanto, Bizancio no podía menospreciar a los venecianos.

Los sucesores de Justiniano (527-565) no olvidaron el valioso servicio pretérito prestado de Venecia. A finales del siglo VI, los representantes de la ciudad italiana cerraron importantes alianzas con Constantinopla. Venecia ofrecería todo el apoyo que requiriera la capital imperial. En compensación, los barcos venecianos tendrían un trato preferencial en todas las rutas marítimas del imperio (en aquellos días Bizancio controlaba la mayoría de los puertos importantes del Mediterráneo). Gracias a la protección bizantina, los venecianos empezarían la expansión más allá del Adriático.

 

Más información | NORWICH, J.J, Historia de Venecia, Almed, Granada, 2003.

Imágenes | León de San Marcos, Santa Eufemia,

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