Salud y Deporte 


Veganismo: ¿Una dieta sana?

Actualmente, vivimos en la era postmoderna del pensamiento y moral neorelativista, así como en el tiempo postvanguardista del arte, que hace paradójico el hecho de que cuantos más medios técnicos y tecnológicos tengamos, y más avanza la Ciencia, más ideas ilógicas e irracionales aparecen en nuestro día a día; convirtiendo el futuro de la humanidad en una hipotética distopía al más puro estilo hollywoodiense de ciencia ficción.

Igual de cierto es que en nuestros días la estética y la composición o visión exterior de nosotros mismos fundamenta nuestra relación con el medio que nos rodea y las relaciones tanto auto como interpersonales, generando una especie de homeostasis ornamental y ética. A causa de ésto, las investigaciones sobre salud y forma física han aumentado exponencialmente no siempre dando lugar a estudios serios y bien planificados sino también, desgraciadamente, a hipótesis sesgadas y a ocurrencias rematadamente excéntricas; y si hay un campo que se lleva la medalla de oro, ese es el de la nutrición.

En los últimos años se han sucedido cronológicamente una serie de dietas milagro que prometen conseguir unos objetivos estéticos determinados, obviando o mintiendo abiertamente sobre los asuntos de salud y la propia validez o acierto de sus planteamientos, quedando en anecdótica la fundamentación científica o médica más allá del “a la prima segunda del conocido de un compañero de trabajo le funcionó” o “tal actriz la usa”. El principal problema de estas dietas milagro no es que no funcionen y sean un fraude tanto económico como moral a la hora del cumplimiento de los objetivos, sino que pueden mermar y afectar muy negativamente a nuestra salud, ya que la dieta es lo más importante, junto con la respiración, para nuestra supervivencia.

El organismo humano funciona con tres tipos principales de nutrientes que son indispensables: el oxígeno, y la tétrada glúcidos-aminoácidos-lípidos-vitaminas (además de otros oligoelementos como el zinc, el magnesio, el hierro, etc), además del agua que técnicamente no es un nutriente. Estos tres principios son los que dan forma a la notoria, y muy usada en supervivencia de montaña, regla del tres: 3 minutos sin oxígeno, 3 días sin agua, 3 semanas sin comida, más la complementaria 3 horas sin refugio en invierno, llevan a la muerte.

Dejando ésto claro, empezaremos a tratar una de las dietas más extendidas y conocidas desde hace décadas, y que se jacta, ya veremos si con razón o no, de ser la nutrición más sana del mundo, además de ecológica, moral, y salvaguardar los derechos de los animales: el veganismo/vegetarianismo.

A modo de pincelada informativa decir que existen fundamentalmente cuatro motivaciones dentro de las personas que eligen (verbo importante: elegir, porque no somos veganos por naturaleza) ser veganas: éticas, ecológicas, religiosas o de salud (también por modas, aunque minoritarios en principio); obviamente vamos a dejar de lado las decisiones personales de elegir una dieta u otra, o de comer sano o no, y las cuestiones morales, ya que cada uno está en su derecho y no existe una dieta más reprobable que otra. Nos centraremos en las cuestiones puramente de salud.

Conviene inicialmente definir términos y afianzar conceptos. Un vegetariano no es lo mismo que un vegano, el primero puede consumir lácteos, huevos u otras sustancias de procedencia animal, sin embargo, un vegano no; sintetizando mucho: un vegano es un vegetariano estricto que no consume ningún alimento o sustancia de origen animal, lo que descarta la miel, la leche, los lácteos y los huevos, además de evidentemente las carnes y pescados. También es importante dejar claro que el ser humano es omnívoro por naturaleza, es decir, en su dieta consume, o puede consumir, tanto carnes, pescados como vegetales y así ha venido siendo evolutivamente. Desde el punto de vista antropológico, el tiempo de evolución u hominización desde los pre autralopithecus hasta el primer homo sapiens es de unos 7 millones de años, teniendo en cuenta que nuestros antepasados directos con los que compartimos especie aparecieron hace unos 200.000 años. Eso únicamente para hablar de especie, si hablamos de estilo dietético, es más que factible que nos remontemos a más tiempo, ya que los monos siguen siendo omnívoros, igual que nosotros. Además, en biología y zoología existe una clasificación jerárquica de la alimentación y depredación: la pirámide trófica o alimenticia, y nosotros nos situamos en la cúspide (teóricamente por encima sólo tendríamos los carroñeros). Naturalmente, todo ésto no es causalidad: el consumo de carne ha demostrado antropológicamente ser la causa evolutiva más importante en el desarrollo mental y de volumen encefálico, al ser una fuente de nutrientes rápida, de fácil digestión, y óptimo coste/beneficio a corto plazo, situándose como tendencia en importancia al lado del fuego en la construcción de la concepción humana de especie y civilización.

Un error muy frecuente entre aquellos adeptos o defensores del veganismo es pensar que la carne y los productos animales no son necesarios o pueden ser suplidos en la dieta mediante otros alimentos de origen vegetal, ésto no es cierto:

Desde el punto de vista nutricional, los aminoácidos esenciales (que no fabrica nuestro organismo y necesitamos adquirir en la dieta), que aparecen en las proteínas, son indispensables para nuestra correcta y sana nutrición, y se encuentran en un porcentaje mucho mayor en alimentos de origen animal, especialmente en carnes, pescados, lácteos y huevos. Lo mismo ocurre con la vitamina B12, que aparece en niveles suficientes casi exclusivamente en alimentos de origen animal. La deficiencia de estos dos nutrientes es muy frecuente entre los veganos y puede provocar, entre otras cosas, anemia, alteraciones vasculares tempranas como ateroesclerosis (que no afecta sólo el colesterol, por cierto), y trastornos neuropsiquiátricos, como la demencia (en casos avanzados) o neuropatías del nervio óptico que pueden terminar en ceguera por evolución.

Por otra parte, el estudio EPIC demostró que los veganos y vegetarianos estrictos tienen hasta un riesgo aumentado del 30% de sufrir fracturas óseas por deficiencia de calcio, ya que éste aparece sobre todo en la leche y lácteos; lo mismo ocurre con la vitamina D, relacionada con la absorción de calcio, que está presente en muy pocos alimentos y fundamentalmente en pescados. Si ésto no fuera poco, el hierro (que es básico para nuestro metabolismo y los fenómenos de captación y transporte del oxígeno en sangre y tejidos) tiene una biodisponibilidad del 15% en alimentos de origen animal, frente a un 5-7% en los vegetales, o sea, el doble. A su vez, el yodo, cuyos extremos de concentración pueden llevar a enfermedades endocrinas de bastante gravedad (hipo e hipertiroidismo), se encuentra principalmente en alimentos animales como pescados o mariscos, en lácteos y muy por detrás en vegetales. Puestos a citar estudios de expertos: las sociedades de nutrición de Alemania, Suiza, España, Estados Unidos, Canadá (por citar algunas) no recomiendan las dietas veganas o vegetarianas estrictas en niños, adolescentes, lactantes o embarazadas, y afirman así que la eliminación completa de carne y pescado no tiene ningún efecto beneficioso adicional para la salud, y contrariamente han aparecido casos de desnutrición por dietas veganas estrictas mal estructuradas. En el caso de lactantes, embarazadas y niños en crecimiento se asocia a un mayor número de problemas de crecimiento, como raquitismo o en el desarrollo neurológico. Si bien enuncian que las dietas vegetarianas estructuradas donde se consumen huevos y lácteos podrían, al menos, ser tan beneficiosas como aquellas omnívoras, y no conllevar efectos negativos en el desarrollo de niños o adolescentes, quizá en todo caso tener una talla menor, aunque en rango de normalidad. Estudios que apoyaban la dieta vegana como panacea y forma saludable de reducir la incidencia de enfermedades cardiovasculares y diabetes mellitus tipo 2 no han podido ser reproducibles o han sido víctimas de sesgos, el más frecuente ha sido complementar esa dieta con cambios en el estilo de vida orientados al ejercicio físico, utilizar sujetos previamente sanos y no durante el tiempo suficiente para notar cambios adaptativos más allá de la pérdida de peso, utilizar como control dietas omnívoras no equilibradas (con exceso lipídico o proteico); siendo todos estos resultados confusos y de conclusiones controvertidas. Muchos estudios favorables de forma significativa o desproporcionada han caído debido a conflictos de intereses no expuestos o por tendencia ideológica claramente vegana o apoyo de asociaciones a tal fin. Por otra parte, ningún estudio aceptado en la comunidad médica ha dando validez a la hipótesis que las dietas vegetarianas o veganas sean beneficiosas a la hora de prevenir el cáncer de colon, mama o próstata. A nivel cardiovascular, el exceso de ácidos grasos omega-6 de las dietas veganas frente a la deficiencia relativa de omega-3 (EPA y DHA) puede, de hecho, aumentar el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular. Los niveles adecuados de DHA están relacionados con protección cardiovascular al final de la vida, buen neurodesarrollo neonatal, menor presión arterial; frente a desórdenes inflamatorios, enfermedades psiquiátricas y mentales, desarrollo subóptimo y problemas en el neurodesarrollo, en aquéllos con deficiencia subclínica progresiva o clínica.

Hay, sin embargo, algunos que utilizan el estudio de la OMS sobre la relación entre la carne roja y procesada y la carcinogénesis, como arma arrojadiza. La carne roja no ha demostrado ser carcinogénica, sino que pueden serlo las formas de preparación y conservación (estimación de asociación grupo 1 y 2A, respectivamente), especialmente aquellas donde hay mala combustión de hidrocarburos o contacto directo entre la carne y la llama a altas temperaturas (frituras, parrillas y barbacoas, churrascos), o en su procesamiento como salazones, conservas industriales, sucedáneos, subproductos y frituras varias, que además utilizan partes poco nutritivas y desechables del animal. Ésto está basado en la aparición en estos procesos de sustancias policíclicas aromáticas similares a las que aparecen en el tabaco, o bien compuestos N-nitrosos, nitritos y aminas heterocíclicas que son tóxicos. Además, el propio estudio no descarta en el caso del consumo de la carne roja que hayan podido aparecer sesgos o asociaciones estadísticas no observadas que arrojen resultados confusos o poco significativos.

Para terminar, no se puede obviar que nuestro organismo está programado con un metabolismo muy específico para ser omnívoros, esto es, no estamos diseñados para consumir exclusivamente vegetales (entre otras cosas porque no tenemos enzimas gástricas que nos permitan transformar la celulosa en glucosa, a diferencia de las vacas, por ejemplo; ni fenómenos de rumiación, o unos enterocitos que nos permitan absorber estos nutrientes). Por ello, la única dieta óptima y saludable para un ser humano se ha demostrado que es la omnívora, especialmente si se restringe el consumo de grasas y carnes rojas a un par de días por semana y se basa en pescados ricos en omega-3, carnes magras, lácteos, cereales y frutos secos, legumbres, frutas y vegetales.

Por otro lado, es muy importante remarcar que una cuestión moral o cultural no puede suplir miles de años de evolución y ésto es especialmente importante en el caso de los neonatos, niños y adolescentes cuyo desarrollo óptimo y saludable no debería estar supeditado a las creencias o dietas irresponsables de sus padres, menos, si éstas ponen en riesgo su salud. Es a tal efecto inaceptable que últimamente estén aumentado los casos de desnutriciones tanto leves como severas por las mal llamadas dietas milagro, y convierte a aquellos que por su incapacidad, desconocimiento o falta de integridad las glorifican, poniendo en riesgo la salud colectiva, en cómplices.

 

Si a pesar de todo lo anterior, sus convicciones son lo suficientemente fuertes para querer seguir adelante con una dieta vegana estricta, lo mejor que pueden hacer por su salud es ponerse en manos de un nutricionista profesional y experto, que les estructure los alimentos en base a sus necesidades nutricionales, y un médico endocrino que les realice análisis bioquímicos y hemogramas de control periódicos por si es necesario recetarles suplementos de vitamina B12, ácido fólico, hierro, omega-3 e incluso calcio para complementar la dieta y evitar complicaciones.

Ser vegano o vegetariano es perfectamente respetable, es una libertad individual y una elección personal, pero conviene recordar que todas las decisiones suelen conllevar consecuencias, y en este caso tampoco se está exento de ellas.

Vía|Godos, J., Bella, F., Sciacca, S., Galvano, F., Grosso, G. (octubre de 2016). Vegetarianism and breast, colorectal and prostate cancer risk: an overview and meta-analysis of cohort studies. J Hum Nutr Diet; American Dietetic Association, Dietitians of Canada (junio de 2003)Position of the American Dietetic Association and Dietitians of Canada: Vegetarian diets. J Am Diet Assoc 103 (6): 748-65.

Imágenes|Evolución, Pirámide, Veganismo, Dieta

RELACIONADOS