Historia 


USS William D. Porter, el destructor gafe (II)

USS William D. Porter durante su construcción en los astilleros Consolidated Steel Corporation (Orange, Texas, USA)

USS William D. Porter durante su construcción en los astilleros Consolidated Steel Corporation (Orange, Texas, USA)

En la entrada anterior dejamos al USS William D. Porter (DD-579) a punto de echar a pique al acorazado USS Iowa, incluído el almirante Ernest King y su selecto pasaje (el presidente Franklin D. Roosevelt y el secretario Cordell Hull), por lo cual King decidió que era mucho más seguro continuar su misión sin la escolta del destructor que con él, así que el Wiliam D. Porter fue inmediatamente expulsado del Convoy con órdenes de arrumbar hacia las Bermudas, donde toda su dotación fue inmediatamente arrestada y sometida a un Consejo de Guerra.

Aunque durante el proceso quedó demostrado que todo había sido fruto de la mala suerte y la inexperiencia de la dotación del Porter, el marinero responsable del detonador del tercer torpedo fue condenado a 14 años de trabajos forzados, aunque Roosevelt le otorgó el perdón presidencial nada más tener conocimiento de la sentencia. Nadie sabía muy bien que hacer con el Porter y su mala fama, así que fue transferido a las Islas Aleutianas, en Alaska, lejos de buques insignias que dañar y presidentes a los que escabechar.

Varios PBY Catalina sobrevuelan las islas Aleutianas durante la Segunda Guerra Mundial

Durante una temporada de su exilio las cosas funcionaron con normalidad, y cuando parecía de nuevo que la suerte podía cambiar, un marinero de la dotación que regresaba borracho decidió por su cuenta realizar maniobras de tiro con la artillería principal del buque, consiguiendo sorprendentemente lanzar un proyectil de 127 mm antes de ser detenido. La cosa no hubiera tenido ás importancia, pero estamos hablando del USS William D. Porter, así que en un increíble golpe de mala suerte, el proyectil fue a impactar precisamente en el jardín de la residencia del comandante de la base, que además, y para dar más publicidad al asunto, se encontraba dando una animada fiesta para los oficiales de la base y sus esposas. La reputación del destructor se encontraba bajo mínimos, y nadie quería  servir en el buque, que era considerado un castigo.

Pero corría el año 1944, y al fin y al cabo Estados Unidos seguía en liza contra Japón, así que todos los esfuerzos eran pocos. El William D. Porter no dejaba de ser un  magnífico y moderno buque de guerra, así que fue trasferido al frente del Pacífico, donde podría intentar cambiar su mala suerte.

Ese mismo año, el comandante Charles M. Keyes relevaba a un desafortunado capitán Walter.

Encuadrado en la Task Force TF94, con un nuevo comandante dispuesto a cambiar la suerte de su buque y una tripulación entrenada a conciencia, el USS William D. Porter se dirigió hacia su nuevo destino. Durante un tiempo se mostró como un buque competente participando en las campañas de las islas Kuriles, siendo posteriormente asignado a la Campaña de las Filipinas, donde se batió efizcazmente contra la aviación japonesa y realizó tareas de escolta hasta finales de 1944. Posteriormente sería asignado al grupo de apoyo artillero del vicealmirante Jesse B. Oldendorf  y al grupo de ayuda de fuego (TG.77.2), para participar en la Batalla de Luzón. El Porter recibió un duro castigo por parte de la aviación japonesa durante sus operaciones de combate, y sin duda el riguroso entrenamiento al que el comandante Charles M. Keyes sometió a la tripulación había salvado al destructor de los ataques aéreos enemigos con gran solvencia, y esta vez si que parecía que la suerte había cambiado definitivamente.

USS Bunker Hill en llamas, tras un ataque kamikaze japonés cerca de Okinawa, 11 de mayo de 1945.

Poco después, en el primer trimestre de 1945, el Porter participó en los preparativos para la invasión de Okinawa, siendo asignado en abril a la Task Force 54 del almirante Morton L. Deyo. En los primeros impases de la batalla se desenvolvió de manera bastante competente, participando en los bombardeos a tierra en apoyo de las fuerzas de desembarco y sirviendo a su vez de escolta antiaérea y antisubmarina a la flota encargada de la delicada tarea de poner a los Marines en tierra. Pero en los primeros impases de la batalla el Wiliam D. Porter hizo honor de nuevo a su nefasta historia acribillando al destructor de su misma clase USS Luce. A partir de ese momento, el comandante de la Task Force, quizá evocando el historial del buque, le encomendó al Porter prudentemente tareas de apoyo a las fuerzas de desembarco, intentando de esta manera mantener al resto de su fuerza a salvo del desdichado destructor. El buque se desenvolvió correctamente en sus tareas antisubmarinas y no tanto en las antiaéreas, derribando cinco aviones enemigos no sin hacer lo propio con tres amigos. El desdichado destructor había vuelto a las andadas…

Posteriormente, el William D. Porter recibió nuevas órdenes y fue a tomar parte en una de las misiones más peligrosas encargadas a los destructores de la Armada estadounidense, la de defensa antikamikazes. Ante la crudeza de los ataques aéreos japoneses durante la campaña de Okinawa, se estableció una especie de dispositivo de alerta temprana  con destructores patrullando solos en alta mar, lejos de la flota principal, para detectar con su radar las oleadas japonesas lo antes posible y dar tiempo a los cazas de la fuerza para interceptarlos antes de que alcanzasen por sorpresa a los transportes de tropas y los portaaviones. evidentemente era una misión peligrosísima, y muchos destructores sucumbieron. También el USS William D. Porter encontraría durante una de estas misiones su final, pero un final digno de su historial.

William D. Porter apoyándose sobre los USS LCS L86 y USS LCS L122.

Así las cosas, el 10 de junio de 1945 el Porter se encontraba patrullando en solitario la zona asignada cuando detectó una formación enemiga, siendo atacado de manera inmediata por un avión kamikaze. La tripulación se batió ferozmente y consiguieron alcanzar y derribar al avión, que fue a estrellarse en el mar. Pero mientras la tripulación se congratulaba por el derribo, el avión enemigo, que había caído tangencialmente al mar a unos 10 metros del barco, siguió por obra y gracia de la inercia su trayectoria debajo del agua, explotando justo cuando pasaba por debajo de la quilla. La explosión fue enorme, levantando al pesado buque del agua desfondándolo por completo. Herido de muerte, tres horas mas tarde se iría a pique, pero con toda la tripulación a salvo. Sin duda, un definitivo golpe de mala suerte que se llevo al USS William D. Porter al fondo del océano.

Como colofón hay que reseñar que a pesar de todo,  el William D. Porter recibió cuatro estrellas de combate por sus servicios en la Segunda Guerra Mundial, y sólo perdió a un miembro de su tripulación durante su dilatada carrera.

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Vía|¡Fuego A Discreción! Historias Sorprendentes De La Primera Y La Segunda Guerra Mundial de Javier Sanz y Guillermo Clemares (Autores)

Más información| Zafarrancho & HistoCast – Golpes de suerte

Imágenes| navsource, wikimediawikimedia, wikimedia

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