Economía y Empresa 


¿Unión o Desunión Europea?

Ruptura del euro

No corren buenos tiempos para la Unión Europea; una comunidad cuyo origen se remonta a 1952 cuando se ratificó el Tratado de París por el cual se creaba la Comunidad Europea del Acero y  el Carbón. Probablemente, el impulsor de la Unión Europea, el ministro francés Robert Schuman, estaría muy decepcionado por la situación actual que se vive en el viejo continente.

 

La crisis financiera que venimos arrastrando desde 2008 vuelve a amenazar los pronósticos de aquellos que eran más optimista y que vislumbraban  brotes verdes cuando todavía no se había arado, sembrado  ni fertilizado la tierra de donde deben aflorar esos brotes color verde esperanza. El número de desempleados en toda Europea sigue siendo muy elevado todavía, concretamente en torno al 11%; la espiral deflacionista y las tensiones geopolíticas son otros de los problemas que azotan a toda la zona Euro.

Esta situación está siendo aprovechada por los nacientes y pujantes partidos políticos anti-europeos como son el Frente Nacional Francés de Marine Le Pen, el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP en sus siglas en inglés) o Amanecer Dorado, el partido de extrema derecha griego que ya tiene a 16 miembros en el parlamento heleno y 3 en el Europarlamento; para intentar derribar todo lo que se ha construido durante todos estos años. Y es que el ingreso en la Unión Europea de nuestro país en 1986, transformaron la vida económica, social y política en España, entre otros motivos, por el gran número de de fondos regionales y de cohesión que han acelerado el desarrollo de la mayor parte de las regiones españolas. El acuerdo de Shegen por el que se eliminaron los controles en las fronteras interiores, el Fondo de Cohesión para proyectos de medio ambiente, infraestructuras de transporte y energía, y el resto de los fondos estructurales, han revitalizado el desarrollo regional en España, una de las principales características de su pertenencia a la UE.

Para más inri, la reciente sanción a Reino Unido a pagar más de 2.000 mil millones de euros ante la mejora de su economía y para que se ajuste así al presupuesto comunitario,  unido a la promesa de  David Cameron de convocar un referéndum antes de 2018 si es reelegido como primer ministro, hacen que se tambaleen cada vez más unos cimientos de una Unión Europea que parece menos unida que nunca. El mal momento que atraviesan los Estados más fuertes y la amenaza de otra recesión económica no ayudan a un fortalecimiento de una Unión Europea que tiene el objetivo de poner de acuerdo a 28 países que discrepan en las formas para la consecución de un único objetivo común: unión en los aspectos claves para un crecimiento homogéneo que permita competir a la Unión Europea contra las grandes potencias económicas y los países emergentes.

Como nota positiva, la realización de unos tests de estrés que pretenden transmitir tranquilidad y confianza a los todopoderosos “Mercados”, y que convierten al Banco Central Europeo (BCE) en el supervisor único de todas las entidades bancarias que estén bajo su mando.

Sin embargo, si ahora se destapa que el actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en su etapa como primer ministro luxemburgués pertrechó acuerdos secretos con grandes multinacionales  para tributar a tipos irrisorios; apaga y vámonos. El presidente de la Comisión, quien recientemente se ha enfrentado a una moción de censura en la Eurocámara, con un resultado claramente favorable para el luxemburgués de 461 en contra de la moción, 101 a favor y 88 abstenciones, ha presentado un ambicioso plan que pretende movilizar al menos 315.000 millones en 3 años con apenas 8.000 millones de los presupuestos europeos; el objetivo final: contribuir  a la recuperación económica de un enfermo, la Unión Europea, que se encuentra en estado crítico desde 2008. La idea es cubrir con dinero público una parte del riesgo de las inversiones privadas que permitan revitalizar la economía de la Unión Europea.  El Banco Europeo de Inversiones (BEI) prestará 63.000 millones de euros más de lo que tenía previsto entre 2015 y 2017. Según los cálculos de la institución, cada euro que aporte atraerá 5 euros de inversión privada, con lo que esos 63.000 millones se transformarán en 315.000 millones de euro. El plan ha recibido muchas críticas por abusar de la ingeniería financiera, ya que los presupuestos comunitarios sólo aportarían unos 8.000 millones de euros.

Ante esta situación, muchos son los interrogantes que se plantean:  ¿No se debería llevar a cabo un plan de acción inmediatamente para acabar con los pseudo-paraísos fiscales de Luxemburgo, Irlanda o Países Bajos? Estas ventajas fiscales atentan claramente contra el derecho a la libre competencia. ¿Será capaz de movilizar la Comisión esos 315.000 millones en 3 años, con el resultado de generar empleo? ¿Deberían los 28 países ceder más soberanía en aras a una mayor cohesión que beneficie al conjunto de la Unión? ¿En qué materias?  Muchas incógnitas por resolver y una última reflexión por mi parte: La UE ha ayudado a desarrollar España en prácticamente todas las dimensiones políticas, sociales y económicas. También es cierto que España no sólo se ha beneficiado de la pertenencia sino que ha contribuido e influido también al proceso de construcción europea. Los desafíos que hay que abordar desde la madurez no son desde luego menores y, si bien podría decirse que son similares para Europa como todo y para España como parte, nuestro país representa un ejemplo de la necesidad imperiosa de adaptarse al mundo del siglo XXI. Un cambio de las mentalidades y de los modelos institucionales o productivos que es imposible afrontar sin tomar conciencia de la necesidad de estar mucho mejor preparados. Los intereses y los valores coinciden. Ahora mucho más que en 1986, pese a que ciertas apariencias puedan a veces sugerir lo contrario.

Vía| El Economista 

Más información| Expansión, El Confidencial, El País

Imagen| Unión Europea

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