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Una visita al maestro

Extraordinary Tales de Raúl García

“Entonces la muerte lo llevó a una habitación donde había muchas velas encendidas y de muchos tamaños; unas my grandes, otras medianas, otras pequeñas, y otras tan chicas que en seguida chisporroteaban y se apagaban. La muerte dijo:

-A ver si tienes suerte y averiguas cuál corresponde a tu vida. Las grandes son las de los niños que nacen, las más pequeñas…”

Fragmento del cuento “La muerte madrina”

Si existe una verdad certera ésta es que los clásicos de la Literatura siempre tienen algo que decir; siempre están disponibles para una vuelta de tuerca, rememorando al gran Henry James, que les aporte una visión distinta y les descubra a otro tipo de público. Ellos han conseguido algo que, en cierta media, siempre ha querido lograr la humanidad. Y ese algo no es otra cosa que la inmortalidad.

Esta nueva forma de ver la ha llevado a muy buen término Raúl García mediante su filme de animación sobre varios cuentos del maestro del terror por excelencia: Edgar Allan Poe. Lance difícil por el gran peso cultural de este autor, del que se han hecho hasta canciones, y por ya haber sido tratado en este campo por obras como el especial de Halloween por parte de la serie de dibujos animados Los Simpson (quizá, dicho capítulo significara el primer contacto con Poe a las personas de mi generación en nuestro país ya que no entra en el temario educativo).

A pesar de todo esto, el resultado de esta empresa ha sido muy positivo. La película titulada Extraordinary Tales muestra al espectador cinco de los más célebres relatos de Poe (a saber: “La caída de la Casa Usher”, “El corazón delator”, “La verdad sobre el caso Valdemar”, “El pozo y el péndulo” y “La máscara de la Muerte Roja”) teniendo como punto de unión entre ellos una conversación entre la muerte (con voz de Cornelia Funke) y un Poe que se materializa en su álter ego más famoso que es el cuervo (dado vida por Stephen Hughes). Esta relación entre musa y creador me parece el punto más interesante y original del filme. Con él se reflejan parte de la temática de la obra y de la vida del propio Poe de una manera magistral.

Todo ello ambientado en un cementerio donde reposan los cuerpos de aquellas mujeres que han significado algo especial en la existencia del escritor: desde su madre hasta su esposa Virginia.

Este tipo de conversaciones con la Huesuda enlazan de manera muy clara la película con la tradición artística universal puesto que existen varias obras que muestran estos posibles encuentros como refleja la creación del pintor medieval de origen sueco Albertus Pictor, en la que se observa a un hombre jugando al ajedrez con la muerte, y su posible rastro en el cine con propuestas como la mítica El séptimo sello.

Teniendo estas cuestiones en mente, si algo se debe destacar de esta propuesta cinematográfica es la fidelidad a todos los textos de Poe e incluso a detalles de su propia biografía. Así, todo aquel que se acerque a su televisión, puesto que no se ha proyectado en cines en España, verá fragmentos idénticos a lo que el escritor plasmó en sus narraciones a la vez que se hace referencia a detalles de su vida como fueron sus problemas con el alcohol. Un ejemplo de ello se puede ver en la utilización de un pequeño espejo para ver cuál era el estado del señor Valdemar en el texto que él mismo protagoniza. A este respecto, el propio Raúl García ha expresado que, según recoge ABC, quería con la cinta ser “fiel al autor, a su lenguaje y tratar de plasmar la atmósfera de sus historias… eso y hacerlo accesible a los espectadores de hoy”. Quizá, según mi opinión, el que menos representa ese espíritu es “La máscara de la Muerte Roja” pues que, de alguna manera, no refleja bien la conmoción que provoca el reloj con sus campanadas cada vez que da la hora y la esencia y decoración de cada una de las salas que crea el príncipe Próspero en su abadía fortificada.

Otro punto importante que se presenta, a mi modo de ver, como enlace entre todas las historias es la presencia de una enfermedad y de la energía negativa de los nerviosos que suelen tener consecuencias nefastas para sus víctimas. De este modo, vemos como la muerte intenta llevarse, por ejemplo, a Roderick Usher; quedándose fuera de las elegidas otras propuestas como “El retrato oval”.

“Tenía un temperamento muy nervioso, que le convertía en un buen sujeto para experiencias hipnóticas. Dos o tres veces le había adormecido sin gran trabajo, pero me decepcionó no alcanzar otros resultados que su especial constitución me había hecho prever”.

Fragmento de “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”

A partir de esa cuestión, varios elementos se presentan como diferencias en los relatos. Cada uno de ellos presenta un narrador distinto, salvo el caso de la “Muerte Roja” que no lo posee, de la talla de Bela Lugosi o Christopher Lee. Además de que cada uno está representado con una técnica de animación distinta que abarca desde la más novedosa basada en lo digital hasta la más tradicional teniendo como referencia los cómics americanos o al pintor Egon Schiele según ha expresado García en una entrevista a Fotogramas.

Vistos todos estos conceptos, tengo que decir que el cuento que menos me convenció fue “El pozo y el péndulo”. Mi rechazo ante él viene porque no ha conseguido transmitirme esa idea de vacío y caída que produce el pozo cuando se lee el texto de Poe. A pesar de sus innovaciones, con varios planos a la vez en la pantalla, esta ausencia provoca que la historia no llegue al espectador como debería. Ni siquiera la narración de Guillermo del Toro consigue salvarla.

Lástima de un rasguño en una pieza ejemplar que nos hace recordar que, como reza la “m” que tenemos tatuada en nuestra mano gracias a las líneas de la misma, todos vamos a recibir la visita de la parca en algún momento. Da lo mismo si somos jóvenes, viejos, ricos, pobres… Ella siempre será nuestra eterna compañera de viaje. Ya lo reflejó Valdés Leal en su famoso In Ictu Oculi y Poe lo sabía muy bien.

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*Fotografía de la Sacramental de San Isidro en Madrid (fotografía de la autora).

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