Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Una ventana al pasado: los calcos de yeso de Giuseppe Fiorelli en Pompeya

Víctimas en la casa de Marcus Fabius Rufus.

Víctimas en la casa de Marcus Fabius Rufus.

El 24 de agosto del año 79 d.C., durante la erupción del Vesubio, aquellos que no pudieron abandonar Pompeya -o quienes se encontraban en ello- fueron sorprendidos por una nube de gases tóxicos que finalmente acabó con sus vidas en calles, casas, palestra y otros edificios de la ciudad. En 1748, al realizar las primeras intervenciones en la colina de la Civita (donde estaba enterrada Pompeya), aparecieron los primeros restos humanos que alimentaron el componente trágico de la catástrofe del Vesubio. Desde el momento de su descubrimiento, además de la arquitectura, pintura, escultura y mosaicos, hallados en un magnífico estado de conservación –visibles parcialmente hoy en día-, los restos humanos hallados en Pompeya constituyeron un unicum, ya que en Herculano no fueron encontrados hasta la década de 1980.

No obstante, la admiración por las víctimas de la erupción se acrecentó unos años después, exactamente entre el 2 y 5 de febrero de 1863, cuando Giuseppe Fiorelli –considerado el padre de la Pompeianistica-, después de observar una cavidad hueca en torno a los restos óseos, decidió inyectar yeso en unos restos hallados en el vicolo entre las insulae VII, 9 y VII, 14, denominado el Vicolo degli Scheletri, inventando así la famosa “técnica de los calcos de yeso”. De esta manera logró obtener una copia exacta de las víctimas de la erupción, cuyos restos orgánicos se habían descompuesto, al estar cubiertos por capas de ceniza y materiales piroclástico, creando una cavidad hueca.

Diseño del método llevado a cabo por Fiorelli

Diseño del método llevado a cabo por Fiorelli

Su técnica fue novedosa en lo referente a la aplicación sobre restos humanos, pero ya desde 1823 se habían realizado pruebas para consolidar restos orgánicos aparecidos (puertas,ventanas…) y en 1856 se realizó el primer molde en yeso de una puerta. Lo novedoso del método de Fiorelli residió en que al inyectar el yeso se recuperaba la última expresión de la víctima, incluso detalles de la vestimenta u otros objetos que portaba, logrando recuperar la expresión agónica y la posición exacta que presentaban los cuerpos a modo de una fotografía del momento de sus muertes. La mayoría de los extraídos en el siglo XIX aparecieron boca abajo, cubriéndose con los brazos e incluso salvaguardando mascotas y niños. Lo más característico de esta segunda mitad del siglo XIX no sólo fue la creación de calcos por toda la ciudad, sino el traslado de los mismos a un Antiquarium de Boscoreale donde fueron expuestos –algunos en posición errónea-. Perros, hombres, mujeres, niños, objetos cotidianos de materia orgánica constituyeron este espacio expositivo.

Durante el siglo XX el método de Fiorelli continuó utilizándose, pero con notables diferencias. En lugar de trasladar los cuerpos, una vez realizados los calcos estos fueron expuestos in situ en vitrinas debido a la afluencia turística y a la concepción expositiva que en estos momentos buscaba presentar Pompeya como una ciudad-museo. Tras los bombardeos de la década de 1940 el Antiquarium fue reordenado por Maiuri debido a los daños causados. El hallazgo más importante fue el de 1961 en el Orto de Fuggiaschi (I 21,2), donde apareció un grupo de individuos, pertenecientes a dos familias, de los que también se hicieron calcos. En 1984 la técnica de Fiorelli sufrió modificacinoes, ya que el yeso presentaba la expresión y aspecto formal del individuo, pero dejaba encerrado los huesos al servir de contenedor, impidiendo ver las joyas u otros objetos que las víctimas portaban. Para superar esta dificultad, se introdujo resina en lugar de yeso, siguiendo la técnica de la fusión en cera de la estatuaria broncínea, obteniendo un calco transparente y permitiendo ver a la vez la expresión y los huesos.

Excavaciones arqueológicas en el Orto dei Fuggiaschi

Excavaciones arqueológicas en el Orto dei Fuggiaschi en 1961

En las últimas décadas se han realizado numerosos estudios a través de los calcos. Los mismos, no sólo permiten una fotografía congelada de la muerte de los pompeyanos, sino que es posible recuperar sus expresiones, su aspecto físico e incluso detalles las facciones de la cara. Esto, en casos como en el de una víctima hallada cerca de la palestra, permitió identificar que era de origen africano debido al grosor de sus labios y rasgos faciales, además de su estatura. En otros casos, una comparación de la posición en la que se hallaron los cuerpos y la altura  de estos respecto al suelo permitió comprobar que no todos murieron a la vez, sino que algunos lo hicieron al principio de la erupción y otros se encontraban aún en la ciudad cuando sus calles estaban a dos metros de profundidad debido al material piroclástico. Los pocos ejemplos tratados nos permiten conocer una técnica que rescató del olvido los restos de las víctimas a través de la expresión de sus rostros, salvando así el abismo entre el presente y el pasado. De este modo el visitante, al mirarles a los ojos, es capaz de comprender, a pesar del tiempo transcurrido, la invariabilidad del “pathos” o los sentimientos en el ser humano.

 

Vía| BEARD, M., 2008. Pompeii: the life of a Roman town. Profile Books LTD, London; PESANDO, F. y GUIDOBALDI, M.P., 2006. Pompei, Oplontis, Ercolano, Stabiae. Guide archeologiche Laterza, Milano.

Imagen| María José Calvo Martín, Soprintendenza Archeologica di Pompei.

 

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