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Una oferta innegociable

Era una suculenta oferta. Ríos de sudor recorrían a paso acelerado mis mejillas. Mientras meditaba en aquella cantidad, las imágenes de una vida acomodada llamaban a la puerta de mi pensamiento. Resultaba sencillo imaginar un barco recorriendo todas las olas del mundo. O un coche sonriendo con gesto burlón a los que se paraban cerca de él en los semáforos.

Todo parecía fácil y encaminado a aceptar tal proposición, pero aquel conflicto entre valores se asomaba como un mar desatado de ira. El viento sacudió cruelmente a las huellas de aquella playa. Mi cabeza se convirtió por momentos en un tiovivo de posibilidades. La ambición luchó a espadas contra la humildad, mientras el egoísmo discutía intensamente con la llaneza.

Fue entonces cuando recordé, y pude comprender aquella sonrisa que lucía el niño cabalgando en un vaivén de emociones. Seguidamente, sonó el estruendo de mi vieja pistola. Aquel traficante de niños recibió la venganza de todos aquellos que quedaron huérfanos de su felicidad.

La tentación me ofreció cobijo, pero opté por dormir en un colchón de justicia.

Imagen| Silueta

 

 

 

 
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