Historia 


Un secreto a voces: Bahía de Cochinos, 1961

Richard Bissell, jefe de operaciones encubiertas de la CIA.

Richard Bissell, jefe de operaciones encubiertas de la CIA.

El día de Año Nuevo de 1959 Batista, dictador de Cuba, abandonaba la isla y Fidel Castro tomaba el poder. Si bien en un primer momento fue recibido por Richard Nixon (al fin y al cabo tanto el partido comunista cubano como los líderes sindicales apoyaban a Batista y, algunos de ellos, formaban parte de su gobierno), vicepresidente de los Estados Unidos, pronto dio muestras de su alineamiento en el tablero del Gran Juego, cuando pidió armas a la Unión Soviética al año siguiente.
Si bien Eisenhower, en ese momento presidente, no se interesó en el tema, su vicepresidente vio en ello un elemento que podría impulsar su carrera hacia la Casa Blanca y apadrinó el plan que diseñó en jefe de operaciones encubiertas de la CIA, Richard Bissell, para derrocar al nuevo dictador cubano.
Se tenía en mente la facilidad con la que se había derrocado  en 1954 a Jacobo Arbenz Guzmán en Guatemala por un golpe de estado del Coronel Carlos Armas, después de que Arbenz llevara a cabo unas reformas agrarias que perjudicaban a la United Fruit Company. Por lo que Bissell pensó que sería igual de sencillo hacerlo con Castro.
Cuando JFK sustituyó a Eisenhower en la presidencia, estuvo de acuerdo en llevarlo a cabo, con la condición, eso sí, de que los Estados Unidos fueran desvinculados de la operación.
La primera opción fue la de asesinar a Castro y, para ello, se contactó con la Mafia: el hampón JohnyRoselli, en agosto de 1960, reclutó a Momo Salvatore Giancarla (de Chicago) y a Santos Trafficante (de Miami) para que lo llevaran a cabo y estos se encargarían de contratar a la mano ejecutora. La mafia había firmado con Batista un acuerdo mediante el que La Habana se convertiría en una segunda Las Vegas, además de que se iba a utilizar a Cuba como estación de tránsito de la heroína que se introducía en los Estados Unidos. Míticos nombres de la Mafia como Lucky Luciano, Joe Anastasia, o Meyer Lansky tenían invertidos cientos de miles de dólares en el proyecto. Se barajaron diferentes opciones, como la de envenenar los puros del dictador, pero fracasaron todas ellas.

Santo Trafficante, jefe mafioso de Miami.

Santo Trafficante, jefe mafioso de Miami.

La siguiente fue diseñar una invasión en la que los anticastristas, entrenados en Guatemala, serían trasportados en barcos hasta una playa del sur de la isla, a los pies de las montañas Escambray, donde podrían dispersarse y fortalecer las guerrillas anticomunistas. La operación recibiría cobertura aérea y se esperaba que el país se levantara contra Castro. Los líderes políticos del movimiento serían trasladados desde Nueva York, donde residían, hasta la capital de la isla y se harían con el gobierno.
Bissell ocultó un informe de la propia CIA en la que se concluía que una invasión, incluso con más de 3000 hombres, fracasaría y que sólo los marines de los Estados Unidos garantizaban su éxito.
Así pues, se estableció un campo de entrenamiento en Guatemala dirigido por asesores militares de la CIA. A la unidad se la denominó Brigada 2506 ya que el voluntario con ese número (los voluntarios habían empezado a recibir numeración a partir del 2500) falleció durante los entrenamientos.
Hubo de montarse un burdel en la misma base puesto que los voluntarios abandonaban el recinto para visitar uno cercano, comprometiendo el secreto de todo el proyecto.
Desde el principio, y vista la desproporción de fuerzas (1500 hombres frente a los 200000 del ejército cubano), el éxito radicaba en el apoyo de la aviación. Y así se le comunicó tanto al presidente como al líder de los disidentes cubanos, Antonio de Varona.
Mientras tanto, el plan iba cambiando continuamente y tomó la forma de una invasión a gran escala.
A mediados de 1960, la prensa norteamericana, en concreto el Miami Herald, tuvo conocimiento de lo que se fraguaba puesto que la gran mayoría de los voluntarios que iban a componer la fuerza de invasión, procedían de la colonia cubana de ese Estado y, cuando se iba a publicar la noticia, presiones gubernamentales obligaron a ocultarla.
En mayo de ese año, se llevó a cabo un ensayo de la invasión, ocupando la isla del Cisne. Previamente se había tenido que desalojar con un destructor a un grupo de estudiantes hondureños borrachos que estaba celebrando allí una fiesta. En el territorio “conquistado” se ubicaría una emisora de radio anticastrista.
Pese al intento de control del cuarto poder, el 10 de enero de 1961, el New York Times publicó que los Estados Unidos estaban entrenando guerrillas cubanas, para colmo en primera página. El espejismo de la no injerencia norteamericana se desvanecía y Castro sólo tenía que leer la prensa para saber qué estaba pasando.

Campamento Retalhuleu de Guatemala donde se entrenaron los anticastristas que participarían en Cochinos.

Campamento Retalhuleu de Guatemala donde se entrenaron los anticastristas que participarían en Cochinos.

Dos meses después, el 11 de marzo, Kennedy rechazaba el plan original y a finales de ese mismo mes, Bissell le presentaba una modificación del mismo en el que se cambiaba el lugar de desembarco a Playa Girón, en Bahía de Cochinos, una zona cenagosa y aislada. Ahora más que nunca, el éxito dependía del apoyo aéreo.
Para nutrir a su fuerza aérea, que debía ser, obviamente, cubana, se compraron B-26 a la Fuerza Aérea. La naval fue fletada por un empresario cubano disidente. Para recibir la aprobación del Estado Mayor Conjunto, el plan, expuesto de manera verbal, fue analizado por el Pentágono en febrero de ese año, estableciendo unas probabilidades de éxito de un 30 %, aunque se ocultó esta información al presidente.
Todo estaba listo para que diera comienzo la operación, así que a principios de abril, los 1500 hombres de la brigada 2506 fueron trasladados a Nicaragua para su embarque. Es en ese momento cuando a JFK le entraron dudas y limitó la potencia aérea de 16 B-26 a tan sólo 8.
Durante la travesía, los transportes fueron escoltados por buques de la Navy.
El sábado 15 de abril, los 8 B-26 lanzaron su raid sobre la fuerza aérea cubana, pero dejaron un buen número de antiguos cazasbombarderos británicos Sea Fury intactos que se habían comprado recientemente. El intento de desvincular la acción de los Estados Unidos no surtió efecto y el previsto segundo raid, que se iba a llevar a cabo el lunes siguiente, fue cancelado.
Ese lunes, 17 de abril, los transportes llegaron a su destino. Una pequeña fuerza de buceadores de combate entrenados por Grayson Lynch se infiltró tras la zona del desembarco y tuvieron su primer combate con un jeep del ejército que vigilaba las playas matando a sus ocupantes.

Fidel Castro sobre un T-34/85 dirigiendo la batalla sobre el terreno. Supuestamente, el comandante hundiría uno de los barcos enemigos con uno de estos carros de combate.

Fidel Castro sobre un T-34/85 dirigiendo la batalla sobre el terreno. Supuestamente, el comandante hundiría uno de los barcos enemigos con uno de estos carros de combate.

El propio Lynch tuvo que tomar el mando de los 1500 disidentes al encontrarse estos sin un mando unificado (las disensiones internas no ayudaban precisamente a su cohesión).
Ese encuentro alertó a los defensores e, inmediatamente, se puso en conocimiento del comandante el incidente. Castro hizo dos llamadas telefónicas que sentenciarían definitivamente la invasión: la primera al jefe de la academia militar, ordenando que los cadetes repelieran el asalto y la otra a su mejor piloto, Enrique Carreras, para que con su Sea Fury atacara los navíos.

Gráfico de la batalla librada en torno a la Playa Girón en la bahía de Cochinos.

Gráfico de la batalla librada en torno a la Playa Girón en la bahía de Cochinos.

Al final del día, los antricastristas estaban pegados al terreno de la cabeza de playa y dos de sus transportes habían sido echados a pique por Carreras. Los cubanos mantendrían la presión enviando continuamente tropas de refresco.
Para colmo, Cochinos era una de las zonas favoritas de pesca de Fidel Castro y conocía muy bien la zona, así que tomó el mando en persona.
Al amanecer del 18, Bissell le dijo a Kennedy que la derrota sólo se evitaría con el uso de los reactores del portaaviones Essex que estaba en la zona, pero denegó la petición y sólo accedió a que los cazas embarcados escoltaran a los B-26 en un segundo raid y ordenó que los invasores se desperdigaran por las montañas sin saber que estas se encontraban a 100 km de las playas.
Los pilotos cubanos, considerando la misión como algo suicida, se negaron a pilotar los aparatos con lo que fueron los instructores, pertenecientes a la Guardia Nacional de Alabama, los que se vieron obligados a tomar los mandos.
Nadie se percató de que Nicaragua y Cuba, se encontraban en diferentes usos horarios, con lo que los pesados bombarderos de hélice llegaron al lugar de reunión con sus escoltas una hora antes que estos y la obsoleta aviación de caza cubana pudo derribar a placer cuatro B-26.
El martes 19, la situación se hizo insostenible y los supervivientes se dispersaron por las marismas esperando romper el cerco de los castristas, sólo para verse rodeados por estos y ser, finalmente, obligados a rendirse.
La operación se saldó con 114 muertos y 1189 prisioneros por parte de los invasores. La mayoría de ellos fueron devueltos a los Estados Unidos al año siguiente previo pago de 53 millones de dólares en medicinas y alimentos.
Consecuencia de esta desastrosa charada fue el establecimiento de armas nucleares en Cuba y la subsiguiente crisis que ha pasado a la Historia como Crisis de los Misiles Cubanos y que tan cerca estuvo de desembocar en un Holocausto Nuclear: la vez que el mundo ha estado más cerca del mismo. Sin Cochinos, la crisis nunca se hubiera llegado a dar.
En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris
Vía|Burleigh,Michael: Guerras pequeñas, lugares remotos. Ed. Taurus, 2014.
Imagen|Bissell, Trafficante, campamento, T-34/85gráfico

En QAH| La muerte de un histórico: Fidel Castro

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