Cultura y Sociedad 


Un renacentista de nuestro tiempo: Alberto Corazón

Hace solo unos años, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cinco siglos después de que Aldo Manuzio, en Venecia, decidiera crear una tipografía que, inspirada en la escritura de Petrarca, aproximara la letra impresa a la escritura manual, abrió sus puertas a una nueva disciplina: el diseño, que, en palabras de su académico Joaquín Vaquero, “viene a ensanchar considerablemente sus horizontes”.

Con la excusa del diseño, Alberto Corazón, mucho más que un diseñador, como veremos, una especie de renacentista, entró en la Academia con un discurso que es en sí mismo una bella obra de arte.

Alberto Corazón

Alberto Corazón

Partiendo de un aforismo del genial filósofo austriaco Wittgenstein —“pensar es esencialmente la actividad de operar con signos”—, que parece hecho a la medida de la vida artística e intelectual de Alberto, nuestro “Leonardo” atribuye a su abuelo —un iletrado provinciano que aprendió a leer por su cuenta, como El viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda, y llegó a ser impresor en Madrid—, su temprana e indubitable vocación editorial y sus posteriores grandes consecuencias.

Construyó Alberto Corazón en su discurso de entrada a la Academia, con infinita aunque nunca pedante erudición, una historia tan enamorada como rigurosa de los signos que constituye en sí misma una obra maestra. Así nos cuenta que, en tiempos de los griegos, “las letras dejan de ser dibujadas para ser escritas” y que, “hasta la lapidaria romana, no hay un canon que determine el trazo y las proporciones exactas del alfabeto”. Si la formalización de la escritura es un momento fundacional de nuestra cultura, el siguiente paso se produce en Venecia a finales del siglo XIV con la conjunción de tres circunstancias: la tipografía, la perspectiva y la imprenta.

Gutenberg

Gutenberg

No es Gutenberg, “una personalidad todavía medieval” que aplica su invento a “falsificar manuscritos” bajo la denominación de “incunables” —es decir, libros sin origen o cuna—, un protagonista significativo para Alberto Corazón. Sí lo es, sin embargo, Aldo Manuzio, un “hombre del Renacimiento que entiende el poder luminoso que tiene entre sus manos: hacer libros”. Aldo diseña —imitando la caligrafía de Petrarca— la letra cursiva, inventa la sintaxis tipográfica y los libros de bolsillo y, con ellos, la encuadernación barata y la portada.

Aldo Manuzio

Aldo Manuzio

Las imágenes tienen que esperar a principios del siglo XVII para, vía el grabado, juntarse con las palabras en un despliegue iconográfico que es “el rasgo distintivo de la cultura occidental. El intercambio libre de imágenes como soporte del conocimiento, de la información, del placer y de la ensoñación es una seña de identidad central de nuestra cultura”.

Culpa Alberto Corazón a Benjamín Franklin del traslado de las últimas novedades de la imprenta europea al Nuevo Mundo y de la ampliación de los territorios de la tipografía a los muros de la ciudad, las fachadas de los edificios, los escaparates de los comercios y los envases de los productos, de modo que el tipógrafo se transforma en diseñador.

Benjamín Franklin

Benjamín Franklin

En la Enciclopedia de D’Alambert y Diderot de 1779, prosigue Alberto Corazón, “el dibujo está al servicio del relato” y en un mismo apartado se integran desarrollos estéticos y tecnológicos. “A comienzos del siglo XIX el desarrollo de la química y el avance en la fabricación de lentes” posibilitan que la fotografía y, por tanto, la representación objetiva de la realidad, entre en la imprenta completando todos los elementos que configuran la modernidad.

Señaló Joaquín Vaquero Turcios, en su respuesta al discurso de Alberto Corazón, que el nuevo académico era un “diseñador completo, gráfico y editorial, y también gran diseñador industrial”, pero se quedó corto, muy corto, al definir su personalidad. Es también un magnífico escultor, un original pintor, un gran escritor y un amante investigador de la historia. En última instancia, un creador intelectual de muy amplio aliento, es decir, un renacentista de nuestro tiempo.

Twitter| @jbanegasn
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