Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Un regalo de Francisco de Médicis

Cristo en la cruz (Detalle). Benvenuto Cellini. 1562. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Cristo en la cruz (Detalle). Benvenuto Cellini. 1562. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

El magnífico Cristo en la cruz que hoy vemos en la basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, llegó a nuestro país procedente de Florencia, en el último cuarto del siglo XVI. No obstante, hasta su llegada, el camino de esta escultura fue largo, desde 1539 hasta 1576. Pero, ¿qué sucedió en todo este tiempo? y, ¿cómo llegó la obra hasta el monasterio madrileño?

La historia de esta escultura se remonta al año 1539, cuando su creador, el escultor, orfebre y tratadista florentino Benvenuto Cellini se encontraba encarcelado en el castillo de Sant´Angelo, en Roma, envuelto entre robos, crímenes, satanismo y la envidia, según dicen las fuentes, de otros artistas. Durante esta estancia en prisión Cellini tuvo un sueño, en el que se le aparecía una imagen de Cristo, de gran hermosura en su aspecto, según cuenta el propio autor en su biografía. Fue aquella visión la que inspiró al artista en la primera idea de su obra.

En 1559, Cellini ya en una edad madura, quizá por el temor a la muerte y en un momento de fervor religioso, proyectó labrarse de su propia mano su sepulcro, que estaría coronado por el famoso Cristo. Aunque era algo ambiciosa, el artista pensó que si no conseguía realizar la obra a tiempo, al menos él habría demostrado su buena voluntad.

Cristo en la cruz. Benvenuto Cellini. 1562. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Cristo en la cruz. Benvenuto Cellini. 1562. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

En la realización de esta pieza, Cellini empleó mármol blanco de Carrara para la figura del Salvador y para la cruz sobre la que se sostiene el Cristo eligió mármol negro, también de Carrara, que según cuenta Cellini es muy difícil de trabajar por ser duro y muy frágil y romperse con facilidad. El artista hizo un cuerpo de tamaño natural, sin corona de espinas y completamente desnudo, aunque actualmente el pudor religioso lo haya cubierto con un paño de pureza. Cellini, influenciado por su formación y trayectoria como orfebre, realizó una figura con especial atención al detalle, con barba y cabellos bien cuidados. De hecho, parece trasladarnos al último suspiro de vida de Cristo, que se nos presenta con la boca entreabierta, a través de la cual podemos apreciar, si nos acercamos y miramos con detenimiento, los dientes esculpidos, los músculos en ligera tensión, las venas marcadas y la expresión de contención del dolor de ese instante.

Cuando lo vi terminado, me pareció muy bien. Comencé a enseñarlo a unos cuantos artistas, cosa que llegó a oídos del Duque y la Duquesa, los cuales me comunicaron que irían a verlo a mi taller. Benvenuto Cellini

Efectivamente, una vez finalizada la obra en 1562, la existencia de una pieza tan característica llegó a oídos de Cosme de Médicis, Gran Duque de Toscana, que muy impresionado por lo que vio se interesó en adquirir la obra para enriquecer la colección del Palacio Pitti, por una suma de dinero que no convencía a Cellini.

Benvenuto Cellini. Retrato.

Benvenuto Cellini. Retrato.

Como bien es sabido, la familia Médicis fue una de las más poderosas en la Florencia del Renacimiento y gran mecenas del arte europeo. En ese momento trabajaba en la misma ciudad Benvenuto Cellini, reconocido hasta entonces por su calidad artística pero también por su extraño carácter. A pesar de todo ello el artista le vendió el Cristo, no sabemos si por el poder e influencia del duque o por las veces que intercedió por Cellini cuando éste se vio implicado en asuntos turbios. Pero lo que sí nos consta gracias a la autobiografía del artista, es que casi hasta su muerte estuvo reclamando al duque el pago de más dinero por esta obra de la que Cellini se sentía tan orgulloso.

Finalmente, en 1576, es Francisco de Médicis, hijo y sucesor de Cosme como Gran Duque tras la muerte de éste dos años antes, quien envía como regalo al rey de España, Felipe II, el famoso Cristo de Cellini junto con una cariñosa carta. El nuevo duque había pasado temporadas en España, compartía algunas aficiones con el rey y conocía el enorme proyecto que éste estaba llevando a cabo en el Real Monasterio, tanto en su construcción como en su decoración. Con este regalo, para la iglesia de San Lorenzo del Escorial, según firmaba la citada carta, el duque pretendía asegurarse alianzas, protección y quizá también algún título.

…Encontrándome poseedor de un crucifijo grande de mármol del más raro y excelente maestro de nuestro tiempo, helo juzgado digno de V.M., y se lo envío con la pronta y dispuesta voluntad de quien tan de corazón le sirve… Carta del Gran Duque Francisco de Médicis al rey Felipe II. 1576

Como vemos en este extracto, esta pieza y su creador, ya eran valorados en su época. Se trata desde luego de una pieza escultórica única en su género, cuya figura fue tallada en un mismo bloque de mármol, lo que debió aumentar la dificultad al esculpirla, y que gracias a su expresión, detallismo y acabado se ha convertido en una de las más importantes joyas que guarda el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

 

Vía| La ilustración española y americana, Madrid, 15 de diciembre de 1900. Nº XLVI; M. C. García Gaínza, Historia Universal del Arte, Espasa Calpe, 2000; Patrimonio Nacional.

Más información| La ilustración española y americana, Madrid, 15 de diciembre de 1900. Nº XLVI; B. Cellini, Vida, Alianza Editorial, 2006; J. López Gajate, El Cristo blanco de Cellini, Ediciones Escurialenses, 1995

Imágenes| Espasa Calpe; Detalle; Cellini

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