Historia 


Un puente demasiado lejano.

La mañana del 17 de septiembre de 1944, una impresionante flota aérea de 3000 aviones entre planeadores, transportes y cazas, surcó los cielos del sur de Inglaterra camino de sus zonas de invasión en Holanda. Tan sobrecogedor fue el espectáculo, que la leche de las vacas por donde pasó, se cortó. Comenzaba así la operación Market-Garden: un arriesgado y valiente plan, diseñado por el habitualmente conservador Montgomery, que llevaría a los aliados más allá del Rhin, hasta la cuenca del Rühr, y que haría acabar la guerra antes de Navidad… a través de un puente lejano.
Una alfombra de 3 divisiones paracaidistas y una brigada paracaidista independiente polaca, tomaría los puentes entre Eindhoven y Arnhem, a través de la cual avanzaría el XXX Cuerpo de Ejército británico.

Mapa de la operación Market-Garden con las zonas de lanzamiento de las unidades paracaidistas.

Mapa de la operación Market-Garden con las zonas de lanzamiento de las unidades paracaidistas.

La ruptura en Normandía y el desastre alemán de la bolsa de Falaise, en la que virtualmente desapareció el Grupo de Ejércitos B, dejaba el camino libre a los ejércitos angloamericanos en su avance hacia la Vaterland germana. Nada hacía pensar que los alemanes pudieran montar una línea defensiva coherente, así que la confianza y el optimismo campaban en el bando aliado: desde los niveles inferiores hasta los más altos.
Así, más que a una acción militar, los paracaidistas partieron hacia unas maniobras, poco más que un paseo, y unos se llevaron sus palos de golf, otros su esmoquin y los hubo que se llevaron buena parte de su bodega y a su cocinero personal, usando para ello un planeador completo.
A las 13:53 de ese domingo 17 de septiembre, en Oosterbeek, nada menos que a doce kilómetros de su objetivo en Arnhem, mientras el comandante del 2º Batallón paracaidista de la 1ª División Aerotransportada británica, el veterano John Frost, se esmeraba en agrupar a sus hombres haciendo sonar insistentemente un cuerno de caza, nada le hacía pensar en las dificultades con las que se iba a encontrar.
Si la sensación generalizada entre los aliados era de confianza, entre los alemanes reinaba la de urgencia: había que levantar una línea defensiva y había que levantarla ya. La Wehrmacht se caracterizaba por su capacidad de improvisación y su flexibilidad, y el hombre que estaba al mando de las tropas de la zona, Walther Model, se adaptaba rápidamente a las cambiantes circunstancias; no en vano, se le consideraba como el bombero del Reich. A la iniciativa de los mandos intermedios, que montaron controles de captación de rezagados, integrando a los soldados que se estaban retirando en unidades ad hoc, Model sumó la extracción de unidades de otros lugares para desplegarlas rápidamente en la zona amenazada: así, se formó de la nada el 1er Ejército Paracaidista que se puso bajo el mando del creador de los fallschirmjager (paracaidistas alemanes: lo que le haría comentar al ver el tren aéreo aliado sobrevolar su centro de mando, “si dispusiera de ese poder tan sólo una vez“), Kurt Student, y trasladó diversas unidades de la zona del Escalda, desgajándolas del 15 Ejército, hasta el teatro de operaciones.
Para colmo de desgracias, la 1ª Div. Aerotransportada iba a lanzarse cerca de la zona donde el II Cuerpo de Ejército Panzer de las Waffen SS, había sido retirado para descansar y reorganizarse.
Tampoco iba a ayudar mucho el hacer depender el avance del XXX Cuerpo de Ejército, y de los suministros para todas las unidades, de una única carretera que, no sin razón, pasaría a la Historia como Hell Highway o carretera del infierno, por la que, en algunos tramos, los carros de combate deberían marchar en fila india. Los componentes del drama estaban servidos.

Vista aérea del puente de Arnhem.

Vista aérea del puente de Arnhem.

La cosa comenzó a ir mal desde el principio: los alemanes volaron el puente de Son y, en Arnhem, los kampfgruppen frenaron en seco el avance británico hacia el puente. Sólo el 2º Batallón, usando la ruta león, fue capaz de llegar al mismo y tomar su tramo norte dos horas después de que la unidad de reconocimiento del recién condecorado Grübner pasara por allí camino de Nimega.
Entre el 17 y el 23 de ese mes, Frost, los hombres de su batallón y aquellos que llegaron hasta allí infiltrándose a través de las líneas alemanas, mantuvieron el control de la orilla norte del puente. Sólo los tigers del kampfgrupe Knaust, demoliendo casa por casa esa parte de la ciudad, consiguieron reducir a los red devils. El resto de la división se vio obligada a replegarse a un perímetro defensivo conocido como el caldero de la brujas.
En el resto del campo de batalla, diversos contraataques alemanes cortaron la carretera en varias ocasiones, retrasando lo que ya de por sí era una avance desesperantemente lento. Para cuando se llegó a Arnhem tras atravesar el puente de Nimega, que milagrosamente se mantenía en pie tras fallar las cargas de demolición industriales con las que se habría intentado volar, y fracasado el intento de reforzar a los paracaidistas con la 1ª Brigada Paracaidista Independiente Polaca del temperamental general Sosabowski en la que los polacos sufrieron un altísimo número de bajas, sólo se pudieron evacuar los restos de la división paracaidista a través del Rhin.

Red Devils capturados durante los combates en Arnhem.

Red Devils capturados durante los combates en Arnhem.

El miércoles que viene se cumplen 70 años de esta batalla: un intenso combate que nos ha llegado gracias a libros memorables, documentales interesantísimos y una extraordinaria película. Esperamos que los noticiarios se hagan eco de los actos conmemorativos que indudablemente se van a realizar: cada año los red devils visitan el lugar y recordar a sus caídos, según el mito, como consecuencia de una traición. Nosotros recordamos aquí ese puente demasiado lejano.

Vía/ Ryan, Cornelius: Un puente lejano. Inédita, Barna 2011.

Más información/ Kershaw, Robert: Nunca nieva en septiembre. Ed. Platea, Barna 2012.

Imágenes/ Mapa, Puente, Prisioneros.

 

 

 

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