Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Un pintor llamado Lolo

J.R. Boronali, Puesta de sol en el Adriático, 1910

J.R. Boronali, Puesta de sol en el Adriático, 1910

El Lolo que da título a esta entrada nos retrotrae al París de comienzos de siglo XX, aunque en realidad Lolo no pintaba en un principio usando su verdadero nombre, sino un pseudónimo, Rafael Joaquín Boronali.

En 1910 se expuso en el Salón de los Independientes de París un paisaje titulado Puesta de sol en el Adriático. En el catálogo de la exposición se incluía únicamente esta lacónica referencia acerca del autor: “J.R. Boronali, pintor nacido en Génova“. Parece que Lolo-Boronali acompañó el envío de la obra con un texto teórico, a modo de manifiesto artístico, titulado El manifiesto del excesivismo. En este texto, toda una declaración de intenciones acerca de la creación de un nuevo estilo pictórico, podían leerse frases tales como que “el exceso en todo es una fuerza” o que es necesario “pisotear las rutinas infames” o “asolar los museos absurdos“.

Como cabía esperar tanto por la forma de la pintura como por el contenido de su manifiesto, la obra de Lolo-Boronali no dejó indiferente a nadie y originó opiniones encontradas en la crítica. Aquellos que alabaron su obra no salían de su asombro ante la modernidad que emanaba cada una de sus pinceladas. Sin embargo, poco iba a durar la gloria del misterioso Lolo-Boronali, pues el escritor Roland Dorgelès (1885-1973) se personó en la redacción del periódico L´Illustration con un acta notarial, al que adjuntaba fotos, y que decía lo siguiente:

“Trasladado al cabaret llamado Au Lapin Agile [el conejo ágil, en castellano], ante este establecimiento los señores Dorgelès y Warnod han colocado sobre una silla, que hacía las veces de caballete, una tela de pintor virgen de toda pincelada. En mi presencia han sido puestos varios botes de pintura de color verde, amarillo, azulo y rojo y un pincel fue atado a la cola de un asno llamado Lolo perteneciente al propietario del citado cabaret. El asno fue llevado ante la tela, quedando con la cola frente a ella, y el señor Dorgelès lo dejó por sus movimientos pintarrajear dicha tela en todos los sentidos teniendo cuidado solamente de cambiar el color del pincela y asegurarlo en la cola del asno. He constatado que este cuadro presentaba entonces tonos diversos. En consecuencia levanto acta de todo lo sucedido, de lo que doy fe”.

Lolo-Boronali pintando (en la esquina inferior izquierda aparece el lienzo que está pintando)

Lolo-Boronali pintando (en la esquina inferior izquierda aparece el lienzo que está pintando)

La publicación de este acta notarial no hizo sino acrecentar el interés del público hacia la obra, que ya no quería verla tanto por su carácter revolucionario como porque era obra de Lolo, el asno pintor. La obra de Lolo se vendió, finalmente, por 400 francos, unos 1200 euros actuales, y se conserva en un centro cultural de Milly-la-Foret. Frédé, el dueño del asno y del cabaret, situado en Montmartre y todavía en funcionamiento, supo hacer su agosto de esta broma.

Parece que el nombre de Boronali se les ocurrió a Dorgelès y Warnod haciendo un anagrama de Aliborón, el nombre de uno de los personajes de las fábulas de La Fontaine. Quién era el más asno en esta historia, no se sabe: si Dorgelès y Warnod, los dueños de Lolo; los supuestos expertos que alabaron la obra, o el público que acudió en masa a ver la pintura. O quizá era una crítica a la pintura moderna que se hacía en el París de comienzos de siglo: si se hacen pinturas que parecen pintadas por un asno, ¿por qué no hacer que pinte uno de verdad?

Vía| FISAS, C., Historias de la Historia. Quinta serie, Planeta, Barcelona 1991

Más información| Au Lapin Agile

Imagen| Puesta de sol; Lolo-Boronali pintando

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