Economía y Empresa, Finanzas 


Un nuevo paradigma regulatorio para el sistema financiero

La vigente era comenzó en 2007, cuando se desencadenó una crisis financiera mundial que no era más que un leve síntoma de la total transformación de las estructuras del poder económico imperantes durante los últimos 60 años. A los Estados occidentales les tocó perder en un juego cuyas reglas habían sido impuestas por ellos mismos: globalización, libre comercio, desregulación…

Oficinas_bancos_cajas_ahorrosSin embargo, esta nueva atmósfera seguía flotando sobre las tradicionales estructuras nacionales, por lo que antes o después las tensiones tenían que aflorar. En el caso específico de los sistemas financieros, el tablero del juego era internacional pero las normas rigurosamente nacionales. La Comisión Europea (2014) lo explica impecablemente: «Mientras que las operaciones de las principales entidades financieras se desarrollaron de forma significativa más allá de las fronteras nacionales y aumentó la integración internacional de los mercados, los marcos de reglamentación y supervisión siguieron circunscritos en gran medida al territorio nacional».

Para los que nos desenvolvemos en el día a día del sector financiero era suficiente, simplificando bastante, con saber manejar algunos criterios sencillos y básicos, como que la regulación procedía primordialmente de leyes aprobadas por el Congreso, de reales decretos dictados por el Gobierno, de órdenes ministeriales emanadas del Ministerio de Economía y de circulares originadas en el Banco de España, que desde Europa se nos dirigían recomendaciones no vinculantes y se promulgaban directivas que debían ser adaptadas, sin prisas excesivas, a nuestro sistema nacional a través de los cauces indicados, y que, en lo que afectaba a las cajas de ahorros, había que tener en cuenta a las Comunidades Autónomas por resultar competentes en la materia.

Es contradictorio que en estos años no haya quebrado ninguna entidad crediticia española, pero el sistema, como conjunto, sí que ha «quebrado» absolutamente, como los de otras naciones europeas que se han visto ampliamente superados por la tozuda realidad.

Pocos hubieran apostado en 2011 o 2012 por una sustitución, en bloque y en tan breve tiempo, de los viejos moldes patrios por otro compartido. Las funciones supervisoras del Banco de España serán asumidas por el Banco Central Europeo en noviembre de 2014, en el marco del Mecanismo de Supervisión Único (MSU). El siguiente paso será la puesta en marcha del Mecanismo Único de Resolución (MUR), que en 2023 contará con un Fondo dotado con 55.000 millones de euros, aportados por la industria bancaria, para el rescate de entidades. No se unificarán de momento, pero se homogeneizarán aún más los Fondos de Garantía de Depósitos nacionales. Todo ello sobre la base de una regulación uniforme («código normativo único»), que supere la fragmentación que es tan desacorde con unos mercados que no entienden de divisiones políticas.

A su vez, este entramado se completa con diversas instituciones que comenzaron a funcionar años atrás, como son la Junta Europea de Riesgo Sistémico, la Autoridad Bancaria Europea, la Autoridad Europea de Valores y Mercados, y la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación.

Esta malla institucional convergerá con el resto del planeta a través del Comité de Basilea y del Consejo de Estabilidad Financiera, bajo los auspicios y el impulso político del G-20.

En un discurso reciente, el Gobernador del Banco de España alertó sobre las dificultades a afrontar en los meses y años venideros para la asimilación de la nueva regulación por todos los involucrados (los profesionales del sector, pero también los reguladores y los supervisores), poniendo el ejemplo de que la transposición de Basilea III en la Unión Europea ha precisado de casi 700 artículos, muchos de los cuales requerirán un desarrollo ulterior por medio de extensos estándares técnicos y guías supervisoras.

La Comisión Europea, en el documento citado anteriormente, también pone en aviso sobre la necesidad de establecer «periodos de observación» tras la implementación de nuevas reglamentaciones, para evitar efectos no previstos o indeseados, o las interferencias perniciosas entre cuerpos normativos diferentes.

En conclusión, hemos tratado de mostrar cómo será el tránsito de un terreno conocido pero ineficiente a una verdadera «terra incógnita», en la que todo será nuevo (reglas, supervisores, procedimientos) pero previsiblemente mejor. El cambio de paradigma debe arrojar efectos positivos para los particulares, como un crecimiento económico equilibrado, la limitación de los riesgos propios del sistema financiero o la prevención de crisis tan virulentas como la reciente. El objetivo, que no nos cabe duda de que se alcanzará, es plausible, pero el recorrido es largo, no tanto en el tiempo sino en el esfuerzo de interiorización por los implicados, incluyendo a la clientela de las entidades.

Más información| Banco de España (2014): «Las respuestas regulatorias a la crisis», discurso pronunciado por el Gobernador en la Fundación de Estudios Financieros, 22 de mayo;  Comisión Europea (2014): Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, «Un sector financiero reformado para Europa», Bruselas, 15 de mayo, COM (2014) 279 final.

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