Historia 


Un gigante dormido

Moltke

Helmuth von Moltke, el viejo.

Tras su victoria contra los franceses en la guerra franco-prusiana de 1870, Moltke el viejo declaró que llevaba el De la Guerra de Clausewitz haya donde fuera. Desde ese momento, el casi desconocido autor adquirió una fama y una influencia que ha pervivido hasta la actualidad. Su máxima “la guerra es la continuación de la política por otros medios” ha sido citado innumerables veces desde entonces.
Al igual que el De la Guerra ha tenido un peso enorme en la doctrina militar contemporánea, otros dos libros han tenido una trascendencia sin la cual es imposible entender el arte de la guerra en el siglo XX: el uno es El dominio del aire, de Giulio Dohuet y que ha marcado el concepto de poder aéreo desde el final de la Primera Guerra Mundial. El segundo es el libro de Alfred Thayer Mahan, La influencia del poder naval en la historia y que ha marcado la guerra naval hasta nuestros días.
Mahan preconiza el carácter ofensivo de las flotas y la búsqueda consciente de la batalla decisiva que permita el control de las áreas marítimas al vencedor, lo cual, por otra parte, le proporcionará el control del tráfico comercial.
Si bien, la guerra submarina, que no busca ese enfrentamiento decisivo si no el estrangulamiento de la potencia enemiga merced a la destrucción de sus líneas de abastecimiento, no era contemplada por el teórico norteamericano, y al Primera y Segunda Guerras Mundiales demostraron su validez, las grandes potencias marítimas se rigieron por la doctrina de Mahan: Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, amoldaron su doctrina a las tesis expuestas en el libro que nos ocupa.
Durante la Revolución Meiji, con objeto de evitar el destino de China, Japón modernizó no sólo su economía si no su Ejército y su Armada y para ello contrató asesores franceses, para el primero (luego sustituidos por alemanes tras la guerra francoprusiana),y británicos para la segunda.

Mahan

Alfred Thayer Mahan, el profeta del poder naval.

Al margen de las tácticas y estrategias, los asesores inculcaron en sus asesorados la filosofía propia de sus países: en el caso concreto de la Armada, la búsqueda de una batalla definitoria sobre la flota enemiga que les diera el control del área marítima en disputa. Así, paulatinamente y viendo que su enemigo lo iba a constituir la Armada de los Estados Unidos, Japón fue preparándose para obtener el control del Pacífico oriental y central mediante un gran encuentro que se dirimiría, aproximadamente, sobre la zona de Midway (donde se celebró una batalla, en junio de 1942).
Si bien, en un principio, los medios planeados para llevarla a cabo fueron los dreadnoughts y, después, los acorazados (producto de lo cual nacieron los gigantescos buques de la clase Yamato: el Yamato y el Musashi, y originalmente el Shinano, aunque se reconvirtió a portaaviones). De ahí que se considerara ambos modelos como capital ships a la hora de negociar en las conferencias de control de armamentos celebradas en el periodo de entreguerras.
Poco a poco, un nuevo modelo de buque se fue haciendo su sitio en la mesa de negociaciones: el portaaviones.
Para 1941, Japón había construido seis kokubokan (portaaviones) de ataque y varios pequeños más y conformado tres divisiones aéreas, compuestas de dos portaaviones cada una, dentro de la Kido Butai (flota combinada).

Swordfish

El viejo torpedero swordfich que no sólo atacó Tarento, si no que dio caza al Bismark.

Sin embargo, dos cosas trastocaron el planteamiento estratégico nipón: la influencia del ataque británico sobre Tarento y el peso de Isoroku Yamamoto dentro de la Armada japonesa. En el primer caso, un solo portaaviones británico, el Illustrious, equipado con biplanos obsoletos swordfish atacó porsorpresa la base naval italiana de Tarento causando estragos entre los navíos anclados allí. En el segundo, el almirante Yamamoto, firme defensor del peso del poder aéreo dentro de la Armada, confeccionó un arriesgado plan para atacar la base naval estadounidense de Pearl Harbor y obtener, de un plumazo, el control del Pacífico y tiempo para establecer un perímetro defensivo, así como argumentos para firmar una paz que consolidara las conquistas niponas precedentes.

El plan Z (por la enseña que el almirante Togo portaba en su acorazado, el Mikasa) fue tomando forma merced al trabajo de Minoru Genda, experto piloto y defensor, al igual que Yamamoto, del peso del poder aéreo en la guerra naval. Se resolvieron los problemas técnicos que lo lastraban diseñando unas aletas para los torpedos que disminuían la profundidad a la que se sumergían tras ser lanzados desde un avión con el peligro de quedar encallados en el fondo, así como un armazón para los proyectiles perforantes, que eran munición para los cañones de los acorazadas, que les estabilizara durante su descenso hacia el objetivo.

Derrota

Derrota de la flota nipona y vuelta en su ataque a Pearl Harbor.

Los entrenamientos se llevaron a cabo en la bahía de Kagoshima por su parecido a Pearl Harbor e Isoroku Yamamoto impuso su plan ante el estado mayor de la Armada poniendo sobre el tapete su propia dimisión si no se llevaba a cabo.

Al final, el plan se aprobó y la flota partió en noviembre hacia las Hawai en un largo viaje que la llevaría hasta el día de la Infamia: se hundirían varios acorazados obsoletos, no se cazarían los tres portaaviones norteamericanos que eran el principal objetivo y que no se encontraban en ese momento en la rada (aunque uno estaba volviendo a puerto y, si se hubiera lanzado una tercera oleada, se podría haber hundido), no se atacaron las instalaciones portuarias que podían haber dejado fuera de juego a Pearl Harbor durante un tiempo extenso y Nagumo, que tenía bajo su mando la fuerza de ataque, adoptó una postura conservadora y se retiró tras la segunda oleada de aviones.

Arizona

Espectacular explosión del Arizona cuando una bomba perforante impactó en su santa bárbara.

Yamamoto sentenció que habían despertado a un gigante dormido y, para colmo, era un gigante cabreado. No se había dado el golpe decisivo que se esperaba, y seis meses después, a principios de junio de 1942, Nimitz sí daría un golpe demoledor en Midway llevando a cabo la batalla decisiva que Japón había estado preparando desde hacía décadas hundiendo cuatro de sus portaaviones de ataque.
Visto desde la perspectiva que la historia nos concede, la batalla que Japón deseaba, tal vez hubiera obtenido los beneficios que Pearl Harbor no consiguió, bien es verdad que con bajas por su parte, pero consiguiendo el control del Pacífico que ellos buscaban: obteniendo, a la par, ese tiempo que necesitaban para establecer el perímetro defensivo que protegiera sus conquistas y el establecimiento de la Esfera de Coprosperidad asiática que era su objetivo.

 

En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris.

Via| Mahan, Alfred T.: Influencia del poder naval en la historia. Ed. Ministerio de Defensa, Madrid, 2007.

Para saber más| Antier, Jean-Jacques: Pearl Harbor, Drama en el Pacífico. Salvat, 2001.

Fuchida, Mitsuo y Okumiya, Masatake: Midway. La batalla que condenó a Japón, la historia según la Armada Japonesa. Instituto de publicaciones navales, Buenos Aires 2002.

Imágenes| Moltke el viejo, MahanSwordfich, derrota flota nipona, Arizona.

En QAH| La venganza de un dentista por el ataque a Pearl Harbor; Proyecto Habbakuk: El portaaviones de hielo en la Segunda Guerra Mundial; Proyecto Manhattan: El inicio de la bomba atómica

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