Cultura y Sociedad 


Un círculo virtuoso: ecología, riqueza y tecnología

Se cuenta en algún libro de historia de Ibiza que a principios del siglo XX la isla, además de pobre, estaba despoblándose, mientras que sus habitantes, que malvivían de la pesca y la agricultura, exportaban sal —la industria más antigua de la isla— y carbón vegetal procedente de la quema de pinos. Como consecuencia de ello, el paisaje rural ibicenco de hace un siglo era todo desolación, justo lo contrario de lo que podemos observar ahora.Ibiza old

Las Pitiuses —Ibiza & Formentera—, vocablo que en griego se interpretaba como “islas de pinos”, tierra sagrada, protegida por los dioses púnicos Tanit y Baal, nacen a la historia con la llegada de los cartagineses allá por el año 654 antes de Cristo. El museo del Puig des Molins, quizás el más completo del mundo en vestigios púnicos, que se encuentra dentro del recinto amurallado de la ciudad de Ibiza —obra maestra de la arquitectura militar renacentista—, da cuenta y razón de aquella primigenia civilización caracterizada por la heterogeneidad de sus gentes, algo que ha vuelto a reproducirse siglos después y que también define a la Ibiza de hoy.

Necropolis Puig des Molins

Necropolis Puig des Molins

Las casas de Ibiza —peculiar síntesis y reliquia del Mediterráneo arcaico— siempre se han resistido a la agrupación. El campo ibicenco está moteado de blanco por centenares de casas muy particulares, cuyas líneas y distribución de espacios asombraron a arquitectos como Josep Lluís Sert, Le Corbusier, Walter Gropius, etc., que encontraron el ejemplo práctico de su pretendida funcionalidad teórica.

La Ibiza de hoy, tan mágica y sagrada como la original, al menos para sus numerosísimos pobladores procedentes de los más diversos orígenes que han encontrado en la isla el fin de sus vidas, ha vuelto a ser tan verde como la que nos cuentan sus primeros cronistas. ¿A qué ha podido deberse tal metamorfosis después de la desolación de principios del siglo pasado?

Josep Lluís Sert

Josep Lluís Sert

La respuesta viene de la mano de la tecnología y las instituciones que fueron capaces de crear riqueza y prosperidad social. Con el turismo, la isla, además de regresar a la pluralidad étnica y cultural que la caracterizó en sus tiempos fenicios, dejó de quemar pinos para ganarse la vida de una manera —¡a pesar de los ecologistas!— mucho menos depredadora ambientalmente. Los pinos volvieron a crecer y ahora lucen con un verdor claro —revelador de su juventud— por todos los rincones de la isla, ofreciendo un paisaje casi tropical que tiende a realimentarse gracias a la grande y muy creciente humedad que genera la vegetación cerca del mar y que se deposita en forma de rocío para alimentar las plantas. Los fuegos forestales han desaparecido, gracias a la dispersión de la población pero también a la telefonía móvil, que ha convertido a todos los pobladores de Ibiza en vigilantes potenciales de incendios.

La metamorfosis económica y social de Ibiza, sustentada en nuevas tecnologías como la aviación, la telefonía móvil e Internet, no sólo ha acrecentado su riqueza y población, sino que además ha recuperado su original medio ambiente, por mucho que les pese a los ecologistas, que niegan un presente medioambiental mejor que el pasado.

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”,

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* Imágenes| Ibiza antiguaJosep Lluís Sert y Necropolis Puig des Molins

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