Patrimonio 


Un beso que nos lleve al infierno

Es una de las historias de amor más trágicas del Dolce Stil Novo y una crónica piadosa de un suceso acontecido a finales del siglo XIII. Paolo Malatesta y Francesca de Rímini aparecen por primera vez como personajes literarios en la Divina Comedia de Dante, entre los versos 73-142 del Canto V, como una pareja de condenados que forman parte del grupo de los “muertos por amor”. Cuando el poeta les encuentra, Francesca le cuenta que fueron sorprendidos por su esposo y a la vez hermano de Paolo, Gianciotto Malatesta, mientras se besaban tras leer el pasaje de los amores de Lanzarote, e inmediatamente después ambos fueron asesinados. Su historia, entrelazada con las ideas del Amor Cortés y su crítica, sublimará este crimen pasional que Dante trató con indulgencia a pesar de la moral imperante de la época sobre cuestiones de honor y adulterio.

Como personajes trágicos también serán inmortalizados tanto en obras de teatro y música, como en pintura y escultura. Una de las más conocidas y tardías fue El beso o Paolo y Francesca de Auguste Rodin (París, 1840 – Meudon, Francia, 1917), una escultura que fue creada como parte de La puerta del infierno (1884-1890, apróximadamente), cuyo conjunto realizó junto a Camille Claudel (Fère-en-Tardenois, Aisne, 1864 – Montdevergues, Vaucluse, 1943).

Rodin creó centenares de esculturas preparatorias de esta pieza donde abundaban las referencias a Miguel Ángel y sus Esclavos, que debían adornar la tumba del Papa Julio II. Tras un año dedicado a dibujar y releer la Divina Comedia, la modeló como una obra autónoma, para luego adaptarla al marco de madera que simulaba la estructura de la entrada. Pero en 1885 sustituyó la imagen por Ugolino. La razón de esta decisión fue que había representado a los amantes en una actitud demasiado feliz, incompatible con la visión trágica que deseaba dar al conjunto.

El Beso en el taller de Rodin, 1898. 

La obra tuvo desde entonces una vida autónoma en bronce. Se expuso por primera vez en 1887, en París, y luego en Bruselas, donde tomó el nombre de El beso que le dio el periodista Solvay quien se negó a reconocer a Paolo y Francesca en un “adorable grupo de enamorados en cueros”. Su ejemplar en mármol, que es el más conocido, fue agrandado por encargo de la dirección de Bellas Artes, el 31 de enero de 1888, para el Museo de Luxemburgo; este mármol (Museo Rodin, París), fue presentado en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de 1898 y luego, en la Exposición Universal de 1900, obteniendo un gran éxito. Otros dos mármoles fueron encargados inmediatamente por coleccionistas, mientras que la casa Thiébaut Frères, Fumière y Gavignot lanzaba una edición en bronce en cuatro tamaños diferentes. Así, la mayor parte de los bronces se realizaron a partir de mármol, a diferencia del ejemplar que corresponde al yeso original, tal como fue modelado para La puerta del Infierno.    

Colección del Museo Rodin

Copia en bronce

Para Rodin la escultura tenía como punto de partida la expresión de unos sentimientos sencillos mediante el modelado y la composición. El escultor dejaba que la naturaleza hablase, negándose rotundamente a contradecirla. Así realizó centenares de figuras para La puerta del Infierno, unos cuerpos voluptuosos y sufrientes, sin que fuera necesario dotarlos de accesorios o de símbolos para hacer comprender su significado, pues tenía en cuenta todas las propuestas que le ofrecía el azar y se dejaba guiar por ella en la ejecución de la forma, generalmente, la talla esculpida sobre el mismo bloque.

Aquí, la figura de un hombre y una mujer desnudos se abrazan y besan apasionadamente. Las dos figuras reposan en una parte del bloque apenas desbastado, que crea un juego de texturas entre la superficie pulida de los cuerpos y la rugosidad de la piedra con la finalidad de dar una sensación de ligereza y dureza al mismo tiempo. Se trata, a su vez, de una obra decorativa con multiplicidad de puntos de vista. En cuanto a la composición la figura masculina, más robusta, presenta una actitud serena y protectora como pone de manifiesto la mano que reposa en la pierna de la mujer mientras que ella se curva y le abraza. Existe un gran dinamismo en la composición piramidal que subraya el sentimiento de la escena, sin duda, debida a Miguel Ángel. Esto hace que en conjunto sea poco naturalista y muy idealizada, como indica su fisonomía que no se nos oculta.

Esta obra gozó de una gran repercusión. Por ejemplo, Brancusi realizó diferentes versiones de El beso, que simplifica en un juego de horizontales y verticales, o Raymond Duchamp-Villon en Los amantes, de 1913. Asimismo, se puede ver su influencia en obras posteriores del mismo Rodin como La eterna primavera, de 1884, o La muerte de Adonis, de 1886.

* Vía| Rodin y la revolución de la escultura: de Camille Claudel a Giacometti: [exposición]/ [comisaría, Antoinette Le Normand-Romain]. Barcelona: Fundación La Caixa, D.L. 2004.      
* Más información| Museo Rodin
* Imagen| Museo Rodin; Wikipedia
* En QAH| Puertas con arte

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