Historia 


Un beso de aquellos besos

Tras un escarceo cómico retomo la guerra como Leitmotiv, pero hagamos la transición hacia el infierno láxamente, aún continúa tórrido el verano. Caliente como lo que me propongo contarles.

Después de escribir sobre las fotografías tomadas en el Suribachi y el Reichstag durante la Segunda Mundial, este mes escojo la imagen que por sí misma representa el final de esa guerra. Y no, no me refiero a alguna captada en el panorama maquiavélicamente micológico de Hiroshima o Nagasaki, sino a aquella realizada en Times Square tal día como ayer -pero hace 70 años-, durante la tarde del 14 de agosto de 1945.

The Kiss in Times Square on V-J Day (Alfred Eisenstaedt, 14 de Agosto de 1945)

Esta ya legendaria instantánea, conocida en su forma más larga como The Kiss in Times Square on Victory over Japan Day, fue realizada por Alfred Eisenstaedt (1898-1995). De hecho, gracias a la extensión del pico -estimada, según él, en 10 segundos-, a este fotoperiodista le dio tiempo a realizar cuatro disparos con su Leica, más sólo el mejor fue publicado el día 27 de aquel mes en un especial de la revista Life. De entonces a esta parte, la imagen ha terminado por convertirse en uno de los grandes iconos del siglo XX. Adentrémonos en su particular historia…

El 14 de agosto de 1945, a las 7:00 p.m., el presidente Truman anunció la rendición incondicional de Japón y el final del mayor conflicto armado de la historia. La llegada de esta buena nueva ya se mascaba en el patio de vecinas de la Gran Manzana y desde hacía varias horas los norteamericanos se habían echado a la calle para festejar su inminente victoria. La notificación oficial no hizo sino legitimar una celebración atómica. Las ciudades eran un hervidero de “impromptu pedestrian parades and motor cavalcades” (¡qué sonoridad!) y en aquel bullicioso contexto, un apasionado marino le dio a una enfermera el beso del siglo. Ahora agárrense, que vienen curvas…

La Fama tiene una hermana, fea y celosa, llamada Envidia; y la mítica efigie neoyorquina no tardó mucho en ser mirada con lupa. Pronto se dijo que Eisenstaedt había arreglado un posado con los protagonistas, recortándose sobre un telón de fondo inmejorable. Antes tales acusaciones, el fotógrafo siempre alegó que únicamente tuvo suerte. Según su declaración, como tantos otros reporteros gráficos, se hallaba en Manhattan cubriendo el acontecimiento cuando, en el cruce de Broadway con la Séptima, un marinero captó su atención. Aquella figura iba besando a diestro y siniestro a todo lo que se movía (con falda, of course) sin hacer distingos entre tersidad y flacidez. Viéndolo venir, se adelantó a sus pasos y, girándose justo en el momento exacto, pudo inmortalizar al que llegó, vio y besó.

Ahora bien, aquellos cuatro labios no fueron los únicos en juntarse en esa feliz jornada. Se sabe que los periodistas alentaban estas acciones. De hecho, en el especial de Life anteriormente citado figuran otros tantos besos, pero no son igual de memorables.

Sí, es lícito sospechar de la naturalidad de esta toma entre un millón. De ese perfecto contraste cromático entre los uniformes, oscuro e inmaculadamente blanco. Por no hablar de la arriesgada postura que ha devenido en arquetipo estético: ese cuerpo arqueado…las medias de costura trasera (¿quién no ha soñado con el invisible liguero?)…aquella rodilla flexionada…esa punta del zapato de tacón ancho… ¡Ay, las enfermeras!

Sobre esta imagen se ha dicho de todo. Desde que no fue tomada el día de autos sino meses atrás después de la rendición de la Alemania nazi -apoyándose en el argumento de que el marino no lleva el uniforme de verano-; hasta que no se realizó tras el anuncio de la Victoria final, sino horas antes -sobre las 17:51-, basándose en un minucioso estudio de luces y sobras. Si bien esta última teoría parece verosímil, la primera queda desacreditada por la existencia de una segunda instantánea realizada aquel mismo día -desde una perspectiva más lateral- por Victor Jorgensen, fotógrafo de la Armada estadounidense.

2.-New York City celebrating the surrender of Japan (Victor Jorgensen, 14 de agosto de 1945)

Dicha toma, publicada por el New York Times, de no ser por la foto de Eisenstaedt hubiese acaparado toda la gloria. Sin embargo, su encuadre es peor y la maravillosa convexidad del cuerpo de la enfermera está cruelmente mutilada, privando al veedor del genial detalle distintivo del pie haciendo puntas, cual bailarina Pin-Up (aquel tipo jamás hubiese trabajado para Tarantino).

Pero la polémica más interesante atañe a los propios figurantes. Al igual que ocurre en la fotografía de Rosenthal en Iwo Jima -que le valió un Pulitzer y sin duda conocía Eisenstaedt-, la pose que adoptan no permite identificarles con claridad. Al no tratarse de un retrato per se ¿es simbólico su aparente anonimato? Hay que tener en cuenta que esta imagen fue explotada hasta el empalago como metáfora de la sociedad estadounidense durante la guerra: hombres y mujeres arrimando el hombro por igual, hasta la victoria de la nación. Tal vez esos rostros, semiocultos deliberadamente, representen la parte por el todo.

Aquellos dos eran perfectos desconocidos. Durante mucho tiempo el pensamiento idealizado de los estadounidenses creo el sueño americano de una feliz pareja que volvían a juntarse tras la guerra y se besaban. Pero no. Cada uno de los figurantes siguió su curso y su identidad se perdió en Times Square…

Sin embargo, una sociedad ávida de estrellas demanda nombres y a lo largo de las últimas décadas no han faltado opositores a celebrity. El ansia de fama ha llevado a varias personas a reivindicar su figura en el ya mítico couple y son tantos los pretendientes –3 mujeres y más de diez hombres– que entre todos, en su día, podrían haber trascendido los besos y montarse una buena orgía.

A la hora de determinar la verdadera identidad de los protagonistas se ha recurrido a una infinidad de rigurosos estudios científicos (¡hay que ver el daño que ha hecho el CSI!). Tampoco han faltado el polígrafo y las demandas, todo debidamente jaleado desde el circo mediático de la farándula. Y pese a que el culebrón aún no ha terminado, existen algunos nombres más apoyados que otros en su candidatura a yankee star.

Para la woman in white, la ex-enfermera Edith Shain se adelanta al pelotón con su ‘tierna’ historia confesada ya peinando canas. Según su declaración, se dejó hacer por el marino ya que éste se había sacrificado por su país y era lo menos que podía realizar por corresponderle (¿se la imaginan en Omaha?). No obstante, por ser menuda, su reclamación ha sido desestimada por dos sesudos investigadores quienes a su vez promocionan para el puesto a la ex-asistente dental Greta Friedman. De hecho, esta pareja de expertos rechaza el resto de candidaturas varoniles emparejándola directamente con el marinero George Mendonça. Su rocambolesca historia es digna de Hollywood, pero las películas nos dicen que los Estados Unidos todo es posible. Aquel caballero, el día de autos, estaba en el cine con su chica -una tal Rita Petrie- cuando se dio la noticia. Como corresponde hacer ante estos casos se fueron juntos a regarla y tras un par de tragos, ya en la calle y presa de los acontecimientos, el tipo vio pasar a la enfermera, la agarró y -así, por las buenas- le plantó un besazo en los morros ante la incredulidad de su novia (de hecho, sitúan parte de la atónita figura de ésta asomando tras el hombro derecho del marino). A día de hoy la exacta identificación de los personajes aún no se ha esclarecido, aunque varios de los supuestos protagonistas no se han privado de hacer la tournée por platós y diversos saraos patrióticos.

Pero quizá antes de todo eso otra lectura se hace perentoria. Aquel beso fue más a traición que el de Judas y no han faltado voces críticas contra dicho asalto. Ni hay lengua, ni intercambio de fluidos. Sólo un acto unilateral testosterónico y sin consentimiento. Observen una de las cuatro instantáneas tomadas por Eisenstaedt (lógicamente mucho menos comercial).

3.-The Kiss in Times Square on V-J Day (Alfred Eisenstaedt, 14 de Agosto de 1945)

Aparten el ‘romanticismo’ de su mente y fíjense con detenimiento esa suerte de llave inmovilizadora que el marino realiza con su brazo izquierdo mientras el derecho agarra con fuerza la cadera. Ahora el de ella, dirigiéndose al cuello del hombre, probablemente para intentar zafarse. Quizá esa legendaria rodilla flexionada se encaminaba a dar un liberador golpe en las gónadas de Popeye. Si esta teoría les parece descabellada, quizá les interese echar un ojo al inocente capítulo de los Simpson ‘Bart el general’, donde se parodia esta escena y la casta Lisa, tras ser besada, la resuelve con un guantazo [19’: 52’’ y ss.]. Sean cuales sean las circunstancias, el sacrificio nunca justifica la carta blanca sobre terceros.

Gracias a aquella famosa instantánea, la puritana sociedad estadounidense -tan bien recreada en Masters of Sexerotizó la victoria sobre el enemigo como un triunfo del macho alfa, mientras que la obra de Eisenstaedt, avant la lettre, quedó en el inconsciente colectivo a la espera de gestar el famoso eslogan hippy haz el amor y no la guerra’.

Sea como fuere, aquella imagen nunca ha sido superada (ya lo siento por Casillas y Carbonero). Tal vez porque lejos de ser individual, representa a todo un país -después de tres largos años de guerra y miles de víctimas propias- celebrando la vida. Como dice Sabina: “Dicen que hay besos de esos que te los dan y resucitan a un muerto”. Doy fe.

Vía| CIMENT, J., RUSSELL, T. (Eds.), The Home Front Encyclopedia: United States, Britain, and Canada in World Wars I and II. Volumen 1, Santa Barbara, ABC-CLIO, 2007. Pág. 585; DANESI, M., The History of the Kiss: The Birth of Popular Culture, New York, Palgrave Macmillan, 2013; HACKETT FISCHER, D., Liberty and Freedom: A Visual History of America’s Founding Ideas, New York, Oxford University Press, 2005. Págs. 561-566; HARIMAN, J., LUCAITES, J. L., No Caption Needed. Iconic Photographs, Public Culture, and Liberal Democracy, Chicago – London, The University of Chicago Press, 2007. Págs. 67 ss; MONGE, Y., «Edith Shain, la protagonista de la foto ‘El Beso’», El País, 24 de junio de 2010; NEMEROV, A., Wartime Kiss: Visions of the Moment in the 1940s, New Jersey – Woodstock, Princeton University Press, 2012. Págs. 5-23; PECO, R., «El beso más famoso de internet cumple 70 años», VerneEl País, 9 de Agosto de 2015; ROBERTS, M. L., What Soldiers Do: Sex and the American GI in World War II France, Chicago, University of Chicago Press, 2013; VERRIA, L., GALDORISI, G., The Kissing Sailor. The Mystery Behind the Photo That Ended World War II, Annapolis, Naval Institute Press, 2012;WARREN, L. (Ed.), Encyclopedia of Twentieth-Century Photography. Volume 1 A-F. INDEX, New York, Taylor & Francis Group, 2006. Págs. 436-438; YANES, J., «Los ‘atroforenses’ desmontan la historia de un beso mítico», 20 minutos, 23 de julio de 2015.

Más información| Sobre el autor de la fotografía y su obra, vid. EISENSTAEDT, A., GOLDSMITH, A., The eye of Eisenstaedt, New York, Viking Press, 1969; EISENSTAEDT, A., Eisenstaedt’s Guide to photography, London, Penguin Books, 1981; Ibidem, Eisenstaedt on Eisenstaedt: A Self-Portrait, New York, Abbeville Press, 1985; Ibidem, Eisenstaedt Remembrances (O’NEIL, D. C. [Ed.]), Boston, Little-Brown, 1990. Un interesantísimo análisis de esta mítica fotografía desde una desacostumbrada perspectiva de género, de la cual en parte somos deudores, puede leerse en un par de entradas del blog Crates and Ribbons: The Kissing Sailor, or “The Selective Blindness of Rape Culture” y The Kissing Sailor, Part 2 – Debunking Misconceptions.

Imágenes| The Kiss in Times Square on V-J Day (Alfred Eisenstaedt, 14 de Agosto de 1945); Kissing the War Goodbye (Victor Jorgensen, 14 de agosto de 1945). La imagen de Eisenstaedt, donde la enfermera dirige su mano izquierda el marinero -con no sabemos qué intención-, proviene de esta web.

En QAH| Quedar chachi en el Suribachi tiene su precio; La roja sobre el Reichstag (ruski también tiene su fake).

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