Historia 


Umbral, el dandi orfebre de las letras

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Francisco Umbral en una fotografía de su fundación

Hace unos meses Manuel Jabois, discípulo aventajado de Umbral y continuador de la tradición de grandes columnistas que ha distinguido desde hace décadas a la prensa española, publicó un artículo en el diario El País donde desvelaba la identidad del padre del escritor de Mortal y Rosa. Fue el último descubrimiento de la vida de Umbral, quien se encargó de mantener siempre un halo de misterio sobre su propia biografía, que fue a la vez la materia prima sobre la que cimentó su extensa obra narrativa. Cerca de cumplirse ocho años de la muerte de Francisco Umbral, escritor y columnista, dandi y orfebre de las letras, poseedor de un estilo único que tantos han intentado imitar sin éxito posible, la fascinación en torno a su figura y la admiración a su obra no hace más que acrecentarse, que es lo que sucede con todos los grandes literatos, que sobreviven a su muerte porque cautivan con sus libros a nuevas generaciones de lectores.

Nacido en Madrid el 11 de mayo de 1932 e hijo de Ana María Pérez Martínez y, ahora lo sabemos, el intelectual y abogado Alejandro Urrutia, Francisco Umbral empezó a escribir en Valladolid, ciudad que, con su nombre o sin él, es escenario de buena parte de sus novelas. En 1961, un joven Umbral viaja a Madrid y allí entra en contacto con escritores e intelectuales de la época al participar en la mítica tertulia literaria del Café Gijón. Una de sus obras, precisamente, se titula La noche que llegué al café Gijón, publicada en 1977. La capital también aparece reflejaba en libros como Travesía de Madrid (1966) el El Giocondo (1970).

Desde sus inicios profesionales compagina colaboraciones con distintos medios de comunicación y su labor como escritor, a la que entregará su vida. Entre otros diarios y revistas, Umbral escribió de literatura, cultura, política y sociedad, columnas costumbristas, variopintas y únicas, en El Norte de Castilla, Diario 16, Diario de León, La Vanguardia, El País, Proa y el diario El Mundo, donde compartía con los lectores su visión sobre los más variados temas en la columna de la contraportada Los placeres y los días, para la que tomó prestado el título del libro homónimo de su admirado Marcel Proust.

Mientras, Umbral siguió publicando novelas con su personal estilo, mimando el lenguaje. Ni una metáfora de más, ni un adjetivo impreciso. Todo medido, estudiado. Una labor de orfebrería para enamorar con su prosa lírica y hermosa, nunca indiferente, jamás vulgar. Puede que su obra más reconocida, en la que de nuevo ficción y realidad se entremezclan, sea Mortal y Rosa, publicada en 1975. En ella el escritor habla sobre la muerte de su hijo, cuando apenas era un niño. “Si algún día no estuvieras del todo, niño, cómo sería eso, cómo sería el mundo, todo él cuarto de juegos abandonado, planeta infantil vacío, el universo reducido a la ausencia de un niño”, escribe en algún pasaje de la estremecedora, dolida y arrebatadora novela.

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Francisco Umbral en sus últimos años

Si algo fascina de Umbral, si algo explica la legión de admiradores, la pléyade de imitadores frustrados y la multitud de amantes de sus obras es el estilo del autor. Un tipo de escritura cuidada, exquisita, deslumbrante. Una escritura en la que el idioma alcanza sus cotas más elevadas, en la que el escritor juega con palabras con el afán de cautivar al lector. A veces lo de menos en las obras o en las columnas de Umbral es aquello de lo que trata, sin ánimo de desmerecer sus lúcidas reflexiones. Porque aquello que hace único al escritor, que recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996 y el Premio Cervantes en el año 2000, es su forma de escribir. No es tanto lo que cuenta, que por supuesto también, sino cómo lo cuenta.

“Yo respeto a los escritores sin estilo, con carencia de fraseología. Los respeto, pero no me dicen nada. Andar por la vida de escritor sin estilo es como andar por los mares sin vocación de marinero. La manera de decir las cosas importa mucho más que esas cosas”, escribe Umbral en Amado siglo XX, un ensayo en el que recopila escritos sobre literatura, cine, política, sociedad. Es el último libro que publicó y, sin duda, se trata de un prodigioso testamento literario.

En el epílogo de esa obra, la última de las 110 que publicó, Umbral explica bien cómo vivió su oficio de orfebre del idioma, de arcángel pícaro de las letras. “Digamos que era un hombre con dos vidas. La vida externa del trabajo y del estudio, y la vida interna de la lectura y la escritura donde alimentaba la máquina literaria hasta convertirse, sin demasiada conciencia, en ese hombre maduro que es anticipadamente el que lleva una doble vida y no piensa abandonarla”. La leyenda de Umbral sigue creciendo y su obra continúa conquistando a nuevos lectores. Recientemente la pequeña editorial Círculo de Tiza ha publicado una recopilación de columnas del genial escritor publicadas en El Mundo y en El País. El libro se llama El tiempo reversible. Otra buena oportunidad para seguir redescubriendo a Umbral, uno de los mejores prosistas españoles del último siglo.

Vía| Cervantes.es

Más información| Fundación Francisco Umbral

Imágenes| Diario de NavarraFundación Francisco Umbral

En QAH| Historia del premio Cervantes; Vida y obra de John Kennedy Toole; Fígaro, vida y obra de Marino José de Larra

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