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Tú eres parte del problema… y de la solución

Severe Conflict

Todos nos hemos lamentado alguna vez de los conflictos y problemas que vivimos en familia o en el trabajo.

Todos nos hemos lamentado alguna vez de los conflictos y problemas que vivimos en familia o en el trabajo. Y hemos escuchado a nuestros amigos o conocidos quejarse de quienes les rodean. En la mayoría de los casos el narrador se expresa como víctima de ingratitud, injusticia, incomprensión o falta de reciprocidad. Si uno oye por separado a las dos partes en conflicto, casi siempre notará que ambos tienen algo de razón; cada uno de ellos percibe algunos aspectos de la problemática, pero no la ve completa. A ambas partes les puede ser difícil mantener la calma y la distancia afectiva suficientes para comprender algo más que su propio punto de vista. Y como las personas solemos buscar fuera de nosotros las causas de los acontecimientos que nos son contrarios o provocan desilusión y dolor, atribuimos a los demás, a la mala suerte, al clima o a las circunstancias, la responsabilidad de los conflictos que vivimos.

Pero suele suceder que en los conflictos interpersonales cada una de las partes es elemento importante del problema (y por tanto de las posibles soluciones), aunque se perciba como mera víctima del otro. La percepción de inocencia·que solemos tener de nosotros mismos es, en el mejor de los casos, una ingenuidad. Y es que uno tiene como un “área ciega” en la percepción de la realidad externa e incluso interna: hay aspectos que no percibimos. Suelen éstos coincidir con aquello que nosotros aportamos al conflicto y que incluso aunque alguien nos hable de ello no logramos percibir ni reconocer como propio. Es como un error invencible que quizá llegue a descubrirse tras muchos años de experiencias repetidas, en los procesos terapéuticos, o en las situaciones de gran lucidez que se alcanzan con una intensa espiritualidad o ante la cercanía de la muerte.

Mientras tanto no hay que obsesionarse para intentar tener una visión de 360 grados y controlar todas nuestras reacciones. Más bien hay que aceptar que tenemos esas áreas ciegas y comprender que hay un margen de conflictividad con la que nosotros contribuimos a las situaciones difíciles, aunque no nos demos cuenta de ello. Estar conscientes de ello nos hará mucho más humildes y acogedores al escuchar a los demás hacernos observaciones o quejarse de nosotros. De igual modo hay que comprender que los otros a veces actúan con menos dolo y mala intención de la que nosotros quizá les atribuimos, y más como resultado de un desenfoque debido al área ciega.

Frustración

Suele suceder que en los conflictos interpersonales cada una de las partes es elemento importante del problema, aunque se perciba como mera víctima del otro.

Comprender que uno mismo es parte del problema, sin complejos ni perfeccionismos, nos puede ayudar a solucionar las cosas percibiendo a los demás como espejos que, de algún modo, reflejan una parte de la realidad que tantas veces se nos escapa. Tomar conciencia de ello es indispensable en el proceso para solucionar estas fricciones, pues sin ella las palabras se trasforman en un diálogo de sordos donde cada uno simplemente expresa su parte sin atender con autenticidad a lo que el otro percibe, dice y piensa.

Las relaciones interpersonales, la amistad y el afecto tan deseados y añorados pero tan frágiles en nuestro tiempo, merecen que dediquemos esfuerzo y perseverancia para que duren y mejoren a lo largo de los años. Todo ello requiere, pues, humildad, paciencia y esfuerzo, pero bien vale la pena.

 

 

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Vía| Leticia Soberón

Imagen|Discusión, Frustración

 

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