Reflexiones 


Tu ciudad, un mapa

 

En los orígenes del ser humano, el hombre era un ser nómada que vagaba a través de los páramos en busca de alimento. Los menhires -que pueden encontrarse en prácticamente cualquier lugar del planeta-, tendrían un amplio abanico de significados; funerarios, rituales, etc., pero cabe destacar uno más: un menhir también es un alto en el camino, una señal, una guía entre tanta trashumancia. Presionando un poco más la evolución del hombre encontramos que el conjunto de menhires (su colocación en círculo) construyen un lugar en el que parar, resguardarse y quedarse.  A la vista está que el lugar que ocupaban estas construcciones megalíticas, no era, cuanto menos, arbitrario y que estaba dando las pautas para los primeros asentamientos civilizados.

Así pues, el hombre primitivo se preocupó de elegir el lugar; y el hombre civilizado fundó y construyó la ciudad siguiendo unos parámetros que se han seguido repitiendo a lo largo de la historia y que nos ayudan a entender el crecimiento y desarrollo de las ciudades, de tu ciudad.

Si pensamos en las cunas de la civilización y en los elementos geográficos que las condicionan, encontramos como los egipcios se asentaron en el rico delta del río Nilo o como los griegos se instalaron a los pies de pequeñas colinas (de donde mana además fácilmente el agua formando ricos valles) para, en la parte superior, colocar su acrópolis y vigilar con ello todo su dominio colectivo que quedaba limitado entre las colinas y el mar. Ni que decir tiene, que en la oscuridad y la inmundicia del medievo la ciudad quedaba amurallada dando la espalada al cauce del río y dibujando perfectamente hasta el día de hoy, la línea que limita los cascos antiguos de muchas ciudades históricas.

Así pues los ríos y sus tierras adyacentes son muy importantes pero hasta existe diferencia entre un lado de la corriente y el otro siendo preferente el lado interior de la curva al lado exterior, entre la corriente rápida y la lenta donde había pues, menos riesgo de crecidas y eran más favorables -en caso de ser ríos navegables-, la parada de los barcos y la facilidad del comercio y negocio. Ocurre lo mismo en la zonas costeras, la facilidad de acceso a los navíos grandes ha sido determinante desde su origen.

Plano de la ciudad: el río, las murallas y las construcciones colocadas según relevancia.

Plano de la ciudad: el río, las murallas y las construcciones colocadas según relevancia.

En cuanto a las ciudades de interior, podemos ver como surgen a partir de ramificaciones desde su centro hacia los caminos que las conectan entre ellas y también se puede observar que, la equidistancia que existe entre ellas suele ser la misma aproximadamente, y que viene dada por el tiempo que se tardaba en, según el medio de transporte de la época, ir de una a otra. También son claves los vientos que traen consigo la lluvia y un ambiente más salubre: en las ciudades de Europa Occidental -por ejemplo-, se aprecia claramente su crecimiento en dirección Oeste, es decir, en la dirección de los vientos determinantes. Por último añadir que a veces también es decisivo la riqueza del subsuelo y es por esto que hay ciudades en lugares donde sería rematadamente difícil vivir pero dónde es muy fácil implantar una cantera de piedras, metales u obtener combustibles fósiles.

Así pues fácilmente podemos concluir que el nexo común y determinante a todas las ciudades es la fertilidad del suelo ya que dónde la hierba no crece, es mucho más difícil que crezca la vida aunque el ser humano es el animal más adaptativo que existe. Un dato clave es: el tamaño de las ciudades viene determinado por la suma de privilegios que su entorno natural ofrece. Y esto es hoy traducido en las grandes ciudades y capitales como beneficios de consumo y por la cantidad de población que estas son capaces de absorber. Pero las capitales y ciudades importantes lo son porque en su momento, la naturaleza les ofreció lo mejor.

 

Imagen| Plano de Roma Antigua, conjunto de menhires.

Más información| La evolución de las ciudades.

En QAH| Arquitectura, declaración de intenciones.

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