Neurociencia 


Tu cara no me suena (I)

En muchas ocasiones reconocemos a nuestros allegados  simplemente por sus gestos, su forma de andar, su voz, su olor, su color de piel o su estilo al vestir. Tenemos esa habilidad para reconocerles e identificarles sólo por los detalles y no porque les hayamos visto la cara. Esta situación quizá les sea aún más familiar a los miopes (dificultad para enfocar los objetos lejanos) que se han olvidado las gafas el día que han quedado en una plaza concurrida con algún amigo.

Excluyendo el factor de las dificultades visuales del miope, la sensación que deja la dificultad de reconocer rápidamente a los que nos rodean podría acercarnos al sentimiento de quienes sufren de prosopagnosia.

prosopagnosia

La prosopagnosia es un déficit que impide reconocer la cara de familiares, amigos, vecinos o famosos.  Quienes sufren específicamente este tipo de lesiones saben perfectamente qué es una cara (no la confunden con un sombrero) pero no son capaces de otorgarle una identidad a ese rostro. Por tanto, la persona que lo padezca se cruzará diariamente con rostros que no reconoce.

Ésta, al igual que el resto de las agnosias, se divide en dos tipos: aperceptivas y asociativas. Así, distinguimos entre quienes no pueden hacer un buen análisis visual de los rostros (aperceptivas) y quienes sí hacen un buen análisis estructural de la cara e incluso pueden describirla, pero no pueden reconocerlas visualmente (asociativas).

Este déficit suele asociarse a lesiones occipitotemporales, y más concretamente al área fusiforme, lugar especializado en el reconocimiento de caras, o al fascículo longitudinal inferior. Su gravedad posee un grado ascendente según la lesión sea en el hemisferio izquierdo, en el derecho o bihemisférica.

En torno al 90% de las personas con este diagnóstico han sufrido una hemorragia en la arteria cerebral posterior, pero también puede aparecer durante la vejez o la infancia. Cuando aparece en la vejez puede estar relacionado con un deterioro cognitivo, pero cuando aparece durante la infancia puede ser congénito o adquirido. En los niños es muy difícil de diagnosticar porque los infantes no saben que existe otra forma de percibir y asociar las caras, por lo que no lo identificarán como un problema y no existirá queja subjetiva.

Sufrir esta patología produce contratiempos cotidianos desde la infancia, cuando el niño prosopagnósico no reconoce a sus amigos o mantiene menos contacto ocular porque la cara le supone menor interés. O en la adultez, cuando se cruzan por la calle con el vecino o un amigo y no les saluda (porque no le reconoce), generando probablemente una opinión negativa en el prójimo.

Superman para prosopagnósicos.

Superman para prosopagnósicos.

Como ejemplo que todos conocemos y alguna vez nos planteamos en la infancia: ¿cómo es posible que Superman no sea reconocido por un vago cambio de peinado y unas gafas? Pues bien, la explicación reside en uno de los números de la edición norteamericana del famoso cómic en la que los autores refieren que el superhéroe tiene predisposición a relacionarse con prosopagnósicos. Salida ingeniosa cuanto menos.

En la segunda parte distinguiremos la prosopagnosia de otros trastornos también relacionados con el reconocimiento de las caras, ya sea porque estén asociados o para diferencialos.

Vía| Portellano, J.A.; Neuropsicología de la prosopagnosia (2007).

Imagen| No faceSupermanProsopagnosia

 

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