Economía y Empresa 


TTIP, un nuevo secreto inconfesable

El sueño de toda multinacional parece estar a punto de cumplirse. Desde febrero de 2013 se tiene conocimiento sobre la intención de establecer un Tratado Transatlántico de libre comercio entre Estados Unidos y Europa, siendo este el mayor acuerdo mundial en cuanto a comercio libre se refiere.

Como sucede con la mayoría de las decisiones que se toman en materia política y económica, son muchos los que se encuentran a favor y otros tantos los que se muestran escépticos ante esta propuesta. Pero, ¿qué es exactamente el TTIP? ¿qué es lo que ha llevado a  más de un millón de ciudadanos europeos a presentar un certificado de rechazo de la misma ante la Comisión Europea?

El TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership), es un Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión, cuya finalidad es fijar un marco común en el que se establezca un intercambio libre de productos entre EE.UU. y los países de la UE. A su vez, dicho acuerdo pretende dar pie a una ola de creación de empleo y crecimiento, a la par que establece una mayor compatibilidad reglamentaria. De esta manera, la única forma de alcanzar este acuerdo y lograr una apertura efectiva entre ambos mercados, implica establecer un equilibrio entre la eliminación de algunos derechos y obstáculos reglamentarios al comercio y la mejora de ciertas normas.

A pesar de parecer un tema novedoso, su origen remonta al año 1990, cuando George Bush y Guilio Andreotti, primer ministro italiano, firmaron por primera vez la “Declaración Transatlántica“.

Como toda nueva negociación, ésta no se ha quedado atrás, dando pie a un sin fin de debates, que cuestionan su verdadero interés. Así, hay quienes consideran el TTIP como algo positivo para ambas fuerzas económicas, y los argumentos empleados para fomentar este pensamiento son los siguientes:

  1. Reducción de impuestos por medio de los aranceles. Éstos últimos podrían llegar a ser eliminados por completo.
  2. Menor burocracia y eliminación de duplicidades, lo que daría mayor agilidad al mercado.
  3. Se crearía un sistema homogéneo entre Europa y EE.UU.
  4. Aparición de oportunidades geoestratégicas, lo que reforzaría la centralidad económica que el eje atlántico ha perdido con el crecimiento de la economía china.
  5. Crecimiento del PIB de EE.UU. del 0,4% y algo mayor en Europa.
Manifestación en contra del TTIP.

Manifestación en contra del TTIP.

Hasta aquí, la cara bonita de este tratado. Con estos datos, ¿cómo podrían miles de europeos mostrarse escépticos ante la instauración del mismo? Como todo en esta vida, el TTIP tiene sus lados buenos y sus aspectos negativos, y son los últimos los que aterran a más de un millón de europeos. Éstos, suponen que la puesta en marcha de dicho tratado resulta inminente para el estado democrático y de derecho. De esta manera, se han dado a conocer cinco grandes riesgos que preocupan a la sociedad:

  1. Degradación de los derechos laborales. La aplicación de este tratado supondría la humillación de seis de las ocho normas esenciales que buscan la protección de los empleados, ya que EE.UU. tan sólo ha ratificado dos de ellas.
  2. Relajamiento de las normas sanitarias y de consumo. La implantación de TTIP supone que productos que actualmente son ilegales en la UE, campen a sus anchas por el mercado europeo. Un ejemplo de ello son los productos transgénicos, es decir, aquellos que son genéticamente transformados.
  3. Limitación del control de las multinacionales por parte de los estados. Se pretenden establecer organismos privados (tribunales de arbitraje), a fin de que las grandes empresas puedan demandar a los estados si se producen cambios de legislación que atenten contra sus intereses.
  4. Desaparición progresiva de los servicios públicos. Se considera que los estados europeos emplearan la técnica de la “lista negativa” a fin de privatizar todos aquellos servicios públicos que queden fuera de la lista de los no privatizables.
  5. Leyes a medida de las multinacionales. Lo que implica que el poder de decisión quede en manos de las grandes empresas en lugar de los estados.

Realmente, a día de hoy no se puede afirmar con certeza cuáles pueden ser las verdaderas consecuencias que la instauración del TTIP puede traer. Lo que sí parece claro es que con la poca transparencia con la que se está tratando no incita a pensar nada bueno. De esta forma, hay quienes consideran que la solución a esta problemática sería proteger al consumidor, mientras que otros consideran que es necesario instaurarlo y que sea el propio cliente quien decida qué productos comprar y cuáles no.

En definitiva, el tiempo y los que nos gobiernan serán quienes nos digan qué sucederá con el TTIP, cuáles serán sus verdaderas consecuencias, y si éstas son negativas o positivas para la sociedad europea. Mientras tanto, sólo queda esperar.

Vía | Elaboración propia, Comisión Europea
Imagen |Stop TTIP , Blogs Público

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