Patrimonio 


Tres retratos en la relación de Goya con los Alba

La relación entre Goya y la Casa de Alba se remonta a los años iniciales de la década de 1790. Al adentrarse el maestro en los círculos aristocráticos de la mano de la Duquesa de Osuna, se pudo poner en contacto con los Duques de Alba y su particular entorno. Esta relación se consolidó fuertemente después de su enfermedad en 1793 y cabe considerar la posibilidad de que esa vinculación llegase también a causa del parentesco entre el duque de Alba y el conde de Altamira, a quien el maestro aragonés había retratado para el Banco de San Carlos y poco después a toda su familia, a título privado.

Francisco de Goya - Don José Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y duque de Alba, y Doña María teresa de Silva Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, 1795 Museo del Prado.

Francisco de Goya: Don José Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y duque de Alba, retrato que pertenece al Museo del Prado, y Doña María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, obra que forma parte de la colección de la Casa de Alba, ambos de 1795.

En 1795, el pintor realizó un retrato al Duque de Alba, don José Álvarez de Toledo, XI marqués de Villafranca y XV duque de Medina-Sidonia, Grande de España, y otro a la Duquesa, doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII Duquesa de Alba, formando pareja ambos retratos. Actualmente, el retrato del duque, acodado sobre una mesa de gabinete con una partitura de Haydn en las manos y vestido con un elegante traje de montar, a la moda francesa, está en el Museo del Prado, y el de la duquesa, toda vestida de blanco con cinturón, lazo, collar y caramba de color rojo, en la Colección de la Fundación Casa de Alba.

El cuadro que aquí nos ocupa, es de hacia 1795, datación de los anteriores retratos. Es una obra no muy conocida del gran público, pero muy entrañable por la delicadeza con la que está realizada, si bien la protagonista María Antonia Gonzaga Caracciolo, madre del duque, fue una persona con una gran fortaleza de espíritu que llevó la administración de la casa de Alba durante algún tiempo.

Era hija de don Francisco Gonzaga, príncipe del Sacro Romano Imperio y I duque de Solferino, y de doña Julia de Caracciolo; fue bautizada en Madrid el 8 de febrero de 1735; luego se casó el 27 de abril de 1754 con don Antonio Álvarez de Toledo, X marqués de Villafranca (siendo su segunda esposa), enviudando ella en 1773. Finalmente murió el 27 de febrero de 1801.

Tuvo cinco hijos:

  • Doña María Antonia Álvarez de Toledo, mujer de don Juan Belvís de Moncada, XV marqués de Mondéjar
  • Don José Álvarez de Toledo, X marqués de Villafranca, XV duque de Medina-Sidonia y Grande de España
  • Doña María Ignacia de Toledo, esposa de don Vicente Osorio de Moscoso, XIII duque de Sessa
  • Don Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga, XI marqués de Villafranca, XVI duque de Medina-Sidonia y Grande de España
  • Don Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, casado con doña María del Carmen López de Zúñiga, X duquesa de Peñaranda de Duero

Goya representa a doña María Antonia sentada en un sillón tapizado de azul, figura de más de medio cuerpo sobre un fondo neutro, característico del pintor, para evitar la formal rigidez de los retratos tomados de frente, la sitúa ligeramente girada hacia el fondo. Viste traje gris con listas azules, pañoleta blanca sujeta por un lazo azul y una rosa; el cabello gris, empolvado, está peinado a la moda de la década de 1790, y el abanico entre las manos.

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Francisco de Goya: Doña María Antonia Gonzaga, marquesa viuda de Villafranca, 1795. Museo del Prado

La austeridad de la composición, donde el pintor relega detalles o atributos sobre el rango social y la profesión del personaje, es propia de sus retratos íntimos. Aquí, el resultado asombra por la captación convincente de la personalidad de la dama: de su carácter fuerte y de su gran autoridad nos hablan la mirada fija y la ceja izquierda un poco levantada.

El gesto sereno con el que sostiene el abanico subraya esa autoridad, y lejos de estar apoyada, tiene el delicado torso ligeramente separado del respaldo de la butaca, por lo que su postura erguida y mayestática nos sugiere atributos de nobleza.

Las tonalidades elegidas convierten el cuadro en una elegante sinfonía de grises, interrumpida por momentos de azules, el chal transparente que refleja la luz grisácea, y el suave cabello gris empolvado, que apenas contrasta con el fondo más claro, unifica la paleta de grises utilizada por Goya. El único foco de color lo componen la hermosa rosa que aparece prendida en su chal de gasa blanco, y los lazos azules que fijan éste sobre el pecho, creando ambos elementos un conjunto que recuerda un pequeño ramillete y que se repite en la flor artificial de la diadema que fija su cabello suave y voluminoso.

El rostro está descrito con mucha precisión, se aprecia incluso la sombra del vello sobre sus labios sin pintar. El pendiente y sus anillos completan su discreta apariencia.

Según la Gaceta de Madrid de 1801, la marquesa de Villafranca era una mujer caritativa y capaz de administrar con firmeza y eficacia los intereses y el patrimonio de la casa de Alba, cosa que realizó desde que murió su hijo mayor, José Álvarez de Toledo.

Esta obra pertenece al Museo del Prado por un legado de don Alonso Álvarez de Toledo y Caro, XXI conde de Niebla y XV marqués de los Vélez, entrando en el museo el día 25 de mayo de 1926. Se expone de vez en cuando, no siempre.

 

Vía| Catálogo de las pinturas del Museo del Prado, 1ª edición, Museo del Prado, 1972, Madrid

Más información| Goya y la imagen de la mujer,  Fundación Amigos del Museo del Prado, 2001, Madrid

Imagen| José Álvarez de Toledo, María Teresa Silva Álvarez de Toledo, Doña María Antonia Gonzaga.

En QAH| El legado cultural de Cayetana

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