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Tres horas en el Museo del Prado con Eugenio D’Ors

Eugenio D'Ors visto por Ramón Casas

Eugenio D’Ors visto por Ramón Casas

El escritor y crítico de arte catalán Eugenio D’Ors (1881-1954) acompaña a un amigo al Museo del Prado una mañana soleada de abril y le propone un recorrido de tres horas para conocer los entresijos de la pinacoteca madrileña. Este es el sencillo punto de partida de uno de los ensayos más célebres del catalán, que pretende acercar el arte a un lector no especializado, pero sí interesado. La obra está estructurada como si de un paseo real se tratase, presentando primero el museo mientras caminan por las calles de Madrid. D’Ors se va introduciendo en materia poco a poco, y antes de comenzar la visita (que va más allá de las tres horas que promete en el título de su ensayo) reflexiona acerca de conceptos y teorías artísticas que sirven de introducción para el lector. Es un modo especialmente interesante de presentar una obra relacionada con la museografía y el arte, pues se interactúa con el escritor al dirigirse éste al lector como si de su amigo se tratase.

Para D’Ors, la visita al museo tiene como fin el puro deleite, es decir, la mera contemplación de la obra de arte provoca placer en el ser humano, sin necesidad de una percepción pedagógica o filosófica. Todo lo que cada uno de nosotros considera arte es placentero en sí mismo. Reflexiona también en su escrito acerca de la división de valores en las obras: el espacial y el expresivo, que se complementan entre ellos para la existencia del objeto artístico, que no puede serlo si carece de uno de estos dos factores. Para el ensayista el arte es, en realidad, la mezcla de la forma con la lírica, de la geometría con el alma, de la expresión con la musicalidad.

Tal vez una de las ideas más llamativas de la obra es la distinción que hace entre los diferentes estilos según prime un aspecto u otro. Nos encontramos en el mundo de las formas que vuelan (barroco) y el mundo de las formas que se apoyan (clasicismo). Estos poéticos conceptos se alejan de la rigidez academicista y contribuyen a hacer más ameno el paseo por la pinacoteca. 

Interior del Museo del Prado

Interior del Museo del Prado

Es posible que la reflexión que hace al comienzo de la visita y la presentación del museo constituyan el apartado más instructivo de todo el ensayo. Al entrar en el Prado, D´Ors a enumerar, detallándolas en algunas ocasiones, una serie de obras de arte que él considera elementales en una visita al museo madrileño. Para el visitante actual es bastante complicado seguir el itinerario marcado, pues al haber transcurrido tantos años desde la publicación de la obra, las pinturas han cambiado de lugar, están en depósito, en préstamo, o incluso han cambiado de nombre (la Batalla de moros y cristianos de Tintoretto se conoce ahora como Rapto de Helena, lo que puede ocasionar algún quebradero de cabeza al espectador que esté buscando las obras y al estudiante que haga una práctica).

Las pinturas propuestas por Eugenio D’Ors son las más emblemáticas, las que se han asociado desde siempre al museo y a Madrid, como Las Meninas de Velázquez o Los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco de Goya. Aunque bien es cierto que ocupan un lugar importantísimo en la colección y que es impensable que un visitante se marche sin haberlas visto (sería como ir al Louvre parisino y no ver la Mona Lisa o ignorar la Puerta de Ishtar en el Museo de Pérgamo), no se detiene demasiado en otras obras, menos conocidas por el gran público, que supongan un verdadero redescubrimiento del museo.

D’Ors concluye que el objetivo de la visita se habrá cumplido si el espectador se marcha con la sensación de no haberla completado, es decir, si siente ansia por volver para ver todo aquello que se le ha escapado en estas tres horas. Es entonces, como dice el autor, cuando uno se da cuenta de lo maravilloso del arte.

Museo del Prado

Museo del Prado

Vía| D’ORS, Eugenio. Tres horas en el Museo del Prado. Madrid, Tecnos, 2004
Imagen| Elliott Erwitt , Eugenio D’Ors visto por Ramón Casas , Museo del Prado interiorMuseo del Prado exterior

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