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Tratamientos médicos del pasado (I)

Aprovechando que está empezando a circular material audiovisual de una película británica titulada Hysteria, cuya fecha de estreno aún se desconoce, he decidido dedicar unas líneas a la enfermedad y el descubrimiento que se esconden tras esta producción.

El filme está ambientado en el siglo XIX, y cuenta cómo un joven ginecólogo llamado Mortimer Granville inventa el primer consolador electro-mecánico como instrumento para tratar la histeria femenina. Ésta era una enfermedad a la que, hasta mediados de esa centuria, se atribuía toda una serie de síntomas, tales como desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, pérdida de apetito, etc.

Los médicos de la época achacaban estos síntomas a una causa principal: la insatisfacción o la privación sexual, derivadas quizás de los desórdenes nerviosos causados por la tensión de la vida moderna. De hecho la mayoría de las pacientes a las que diagnosticaron esta “enfermedad” eran monjas, mujeres vírgenes, solteras, viudas y, en menor medida, mujeres casadas. El problema era que por cualquier dolencia leve podía ser diagnosticada la histeria.

El tratamiento impuesto para curar todos los síntomas mencionados es fácil de intuir: el coito o la masturbación (por entonces denominada “masaje pélvico” o “paroxismo histérico”), dependiendo del estado civil de la paciente. El primero se recomendaba a las mujeres casadas, y si se trataba de una mujer soltera la receta consistía en el matrimonio. En cualquier otro caso la mujer debía acudir al médico o a la comadrona, donde recibiría un tratamiento continuado de masajes estimulantes con el objetivo de provocarle orgasmos.

El problema al que se enfrentaban los médicos era que dominar la técnica del masaje pélvico era muy difícil, y les llevaba horas conseguir los resultados deseados. Una opción que tenían era derivar a las “enfermas” a la comadrona, pero esto suponía la pérdida de una cliente y por tanto del dinero del tratamiento.

Una primera solución fue la creación de aparatos para dar masajes, y el recurso de la hidroterapia en los balnearios de lujo. Pero la revolución vino en la segunda mitad del XIX con la invención del primer vibrador electro-mecánico, un aparato creado al servicio de la medicina y cuyas connotaciones sexuales eran mucho menores que los futuros consoladores. El descubrimiento de la electricidad a finales del XIX permitió introducir los vibradores en el ámbito doméstico, facilitando así la privacidad del tratamiento, pero potenciando también el uso erótico y placentero de este aparato.

En Hysteria se hace una lectura cómica del descubrimiento de este aparato médico, una historia  que estará desarrollada por actores como Maggie Gyllenhaal, Hugh Dancy, Jonathan Pryce y Rupert Everett entre otros.

 

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