Patrimonio 


El tratamiento de la imagen en las tres grandes religiones

Para comprender mejor el tratamiento del culto a la imagen en cada una de las tres grandes religiones, es primordial el análisis de los textos sagrados y su interpretación a lo largo de la Historia. Por ello, y debido a los innumerables períodos de prohibición y utilización de imágenes según circunstancias históricas y políticas, vamos a centrarnos en lo que dicen al respecto los tres grandes libros.

La adoración del becerro de oro (Nicolas Poussin, 1634)

La adoración del becerro de oro (Nicolas Poussin, 1634)

Dentro del Pentateuco se encuentra el Libro del Éxodo, que comparten tanto la Biblia cristiana como la Torá judía. Es aquí donde encontramos la primera referencia a la conveniencia de la imagen en un contexto sagrado. Plantea una prohibición expresa y absoluta de la representación artística ligándola al concepto de idolatría. Según la interpretación, Dios considera una apostasía la forja de la imagen por ser un dominio sobre Él. Se vuelve a insistir en la destrucción de las representaciones, no sólo de la divinidad, sino también de las cosas naturales que ha creado el Señor. El Levítico y el Deuteronomio se manifiestan en este sentido maldiciendo, por boca de Dios y de Moisés, a quien osara realizar estas obras. Los profetas también condenan las prácticas idólatras, pues hemos de tener en cuenta que la prohibición de la imagen en los textos sagrados cristianos y judíos está unida al culto del pueblo hacia los ídolos. Esta asociación de conceptos es el principal argumento a la hora de evitar la representación artística de la divinidad, a pesar de que el Cristianismo utiliza en muchas ocasiones la imagen como un recurso didáctico hacia un pueblo analfabeto.

Página del Salterio Chludov, uno de los tres manuscritos iconódulos que conservamos del siglo IX.

Página del Salterio Chludov, uno de los tres manuscritos iconódulos que conservamos del siglo IX.

Sin embargo, en ocasiones encontramos excepciones dentro de la propia fuente sagrada, lo que probablemente lleva a confusiones a la hora de la interpretación de los textos. Por ejemplo, en un fragmento del Éxodo se describen objetos de culto y se ordena la fabricación de dos querubines de oro. Estas contradicciones son, en parte, la causa por la que el tratamiento de la imagen ha variado tanto a lo largo de los siglos en las diversas religiones. Otras interpretaciones han permitido que varíe esta prohibición. En el caso del cristianismo, la recuperación de los iconódulos se permite a raíz de una nueva visión bíblica según la cual el culto no se dirige a la imagen, sino a la divinidad representada. 

Esta apertura también la encontramos en el caso judío. En el siglo XIII, el rabino Meir de Rothenburg considera que la imagen no es útil para la doctrina pero que tampoco está sujeta a ninguna prohibición.

El caso del Islam es completamente distinto. Es curioso destacar que en la Biblia hay prohibición expresa de las imágenes y, sin embargo, a día de hoy se representan sin problema mientras que en el Corán casi no se mencionan y siguen teniendo muy restringida la creación de arte figurado. Encontramos referencias a la adoración de los ídolos, que no está permitida. Es un punto en común con el resto de grandes religiones, pero lo cierto es que en el Corán no se habla de ídolos figurativos. Se mencionan el vino, el juego, las piedras erigidas… Éstas últimas se prestan al culto idólatra, pero son más bien elementos simbólicos que luego sí que se permite representar. Además, es una referencia que recuerda mucho a la Kaaba, cuyo culto sí que está permitido.

Mahoma en brazos de su madre

Mahoma en brazos de su madre

Sí que es cierto que, a pesar del silencio del Corán, hay otros textos sagrados islámicos que prohíben las imágenes. Un hadith hace decir al profeta: ‘Los ángeles no entrarán en una morada donde haya una imagen.’ Además, la principal disciplina artística del Islam, la arquitectura, es fundamentalmente anicónica. Hay representaciones pictóricas de Mahoma en las que es habitual que su rostro y el de aquellos que tengan relación con Alá permanezca velado. 

Es necesario tener un conocimiento del contexto político, histórico y social de cada época concreta para comprender las variaciones que se hacen en la interpretación de los diversos textos sagrados. Ellos son la fuente fundamental y la clave para el permiso o la prohibición de la imagen.
Vía| BESANÇON, Alain. La imagen prohibida. Madrid, Siruela, 2003

Más información| BELTING, Hans. Imagen y culto. Una historia de la imagen anterior a la era del arte. Madrid, Akal, 2009

Imagen| La adoración del becerro de oro, Salterio Chludov, Mahoma con su madre

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