Salud y Deporte 


Trasplante de médula ósea, ¿qué es?

Hace varias semanas se hizo #trendingtopic el trasplante de médula ósea en los medios de comunicación. Pero exactamente, ¿de qué estamos hablando? Antes de empezar, hagamos un repaso sobre la médula ósea y su función.

En términos generales, la médula ósea es la “fábrica de la sangre”, aquí es donde todas las células sanguíneas Médula ósea

(glóbulos rojos y blancos, plaquetas y linfocitos) son creadas. Si queréis profundizar más en el tema, os recomiendo este enlace.

A grandes rasgos, el trasplante de médula ósea, células madre (stem cells en inglés) o precursores hematopoyéticos es una forma de tratamiento para aquellos pacientes hematológicos cuya médula no funciona bien y necesita ser reemplazada. Tras recibir altas dosis de quimioterapia, combinada o no con radioterapia, la médula “enferma” queda destruida “haciendo hueco” para que las células pluripotentes (capaces de convertirse en cualquier otra célula) donadas puedan establecerse y restaurar la función de “fábrica celular”; función sin la cual sería imposible sobrevivir.

Hoy en día hay varios tipos de trasplantes y están catalogados en función de dónde provienen las células. A grandes rasgos:

  • Alogénico: es el tipo de trasplante en el que las células proceden de otra persona, es decir, de un donante.
    • Si es un hermano, es un trasplante relacionado.
    • Si es un hermano/-a gemelo/-a, es un trasplante singénico.
    • Si es otro familiar como un primo, padres, etc, es un trasplante haploidéntico.
    • Si es alguien que no es un familiar, es un trasplante no relacionado.
  • Autólogo: es el tipo de trasplante en el que las células provienen del mismo paciente.

Ahora, echemos un vistazo a los pasos que conlleva el trasplante de médula.

Lo primero, es ser diagnosticado con una enfermedad hematológica como son por ejemplo la leucemia mieloide aguda o el mieloma múltiple. En ambas enfermedades, la médula no funciona bien y crea grandes cantidades de células inútiles, incapaces de cumplir con su función y que a la vez ocupan espacio, por lo que las células sanas no se pueden desarrollar adecuadamente.

Una vez hecho el diagnóstico, se determina si el paciente podría tolerar o no el tratamiento ablativo (quimioterapia intensiva combinada o no con radioterapia de todo el cuerpo) destinado a destruir la médula enferma. Esto lo haremos evaluando parámetros como el estado funcional, es decir, su capacidad de realizar por sí solo las actividades de la vida diaria como ducharse, vestirse, prepararse de comer, etc; el funcionamiento de sus órganos vitales; la edad, etc. Todo esto ayudará a balancear los riesgos y los beneficios de recibir o no el trasplante. Si el paciente no es candidato a ser trasplantado, el tratamiento a recibir será para mantener la enfermedad controlada y dar la mejor calidad de vida posible.

Si el paciente es candidato a un trasplante autólogo,  el primer paso es eliminar o reducir al máximo la enfermedad. Una vez conseguido esto, el paciente pasa por un proceso de “cosecha” en el cual gracias a medicamentos específicos, su médula es estimulada para crear células madre que luego son recolectadas, procesadas y congeladas hasta el momento oportuno después del tratamiento ablativo. 

Si el paciente es candidato a un trasplante alogénico, lo primero es encontrar un donante. Los primeros en ser investigados son los hermanos si los hay, ya que son los que más probabilidades tienen de ser compatibles. En caso de no ser así, se empezará a buscar en el registro de donantes de médula. Cuando se habla de “donante compatible” a lo que nos referimos es a una persona cuyos Antígenos Leucocitarios Humanos (HLA en inglés), un tipo de proteína que se encuentra en la superficie de las células, son similares a los del paciente. A más similitud entre estos antígenos, mayor la compatibilidad. 

El tiempo durante el cual se da el tratamiento ablativo se llama acondicionamiento ya que este tratamiento es para preparar o acondicionar al paciente para recibir las células madre nuevas.

Células madreA los pocos días de acabar el acondicionamiento, para asegurarnos que cualquier resto de quimioterapia ha sido eliminado del cuerpo, se procede a lo que es el trasplante, un proceso no muy complicado de por sí: administrar por vía intravenosa las células madre, sí, exactamente como si fuera una transfusión de sangre. Una vez dentro del torrente sanguíneo, estas células migrarán hacia la zona esponjosa del interior de los huesos donde se establecerán y empezarán a diferenciarse en todos los tipos de células sanguíneas existentes.

Lo más difícil en este tipo de procedimientos es “el después“, ese tiempo que va desde que las células han sido administradas y empiezan a funcionar. Son días muy duros tanto para el paciente, la familia y el personal sanitario encargado de los cuidados. Es en estos días dónde los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia más se sienten. La lista de posibles efectos secundarios es muy larga, afectan a todo el organismo y según el tipo de trasplante, prevalecen unos u otros con lo que es prácticamente imposible resumirlos aquí. Por mencionar algunos, nausea, vómitos, riesgo de infecciones severas, inflamación de la mucosa oral, etc.

El “último” paso en todo este proceso, es el alta hospitalaria. Esto ocurre cuando Urgencias

hay buena evidencia de que las células donadas están trabajando, es decir, cuando la “fábrica de células sanguíneas” está en funcionamiento otra vez. De todas formas, estos pacientes estarán bajo estricta supervisión y control médico durante unos meses y las entradas y salidas del hospital son frecuentes, comunes y esperadas.

Vía|Porth and Matfin (2009). Pathophysiology. 8th Edition. Lippincott, Williams and Wilkins
Más información| Fundación Josep Carreras / www.fcarreras.org
Imagen| Médula ósea, Células madre
En QAH| ¿Qué es la sangre?

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