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Transexualidad infantil: “yo no soy un/a niño/a”

Antes de nacer, el médico conoce el sexo (biológico) del bebé mirándole los genitales, una vez este nace, se confirma: niño si tiene pene y niña si tiene vulva. Después se le asignará un nombre en concordancia a su sexo y será reconocido en relación a este.

En algunos casos, una vez se toma conciencia del propio cuerpo, lo que el entorno ve desde fuera, no se corresponde a lo que uno siente por dentro y en estos casos es a lo que denominamos: transexualidad.

Existen diferentes creencias acerca de este término, como que se atribuya generalmente a los adultos, apartando el hecho de que los primeros signos comienzan a aparecer en edades tempranas (2-5 años), ya que es cuando los niños y niñas comienzan a desarrollar una identidad propia y a mostrar señales de identificación con el sexo opuesto. Aunque, no es hasta alrededor de los 6-7 años cuando su identidad es más estable, y se identifican tres componentes relacionados con el género: etiqueta (niño o niña), estabilidad (sentimiento de que este género se mantenga en el tiempo) y consistencia (sentimiento de estabilidad independientemente de la apariencia física).

Es conveniente distinguir los siguientes conceptos respecto a este tema: La identidad sexual, hace referencia a la identificación con el sexo (ser mujer u hombre, “quién siento que soy”). La orientación sexual, se refiere a la atracción (heterosexual, homosexual, bisexual,… “quién me gusta”). Por último, el género y los roles son conductas que están relacionadas con los sexos, es decir, las “establecidas socialmente” para uno y otro.

A continuación se detallan una serie de claves para detectar las primeras señales en los niños:

  • Disconformidad con el género: Rechazo hacia el género tratado, muestran disconformidad diciendo que “soy niña” en el caso de los niños y viceversa.
  • Nombre: Adoptan un nombre diferente a su género y/o exigen que se les llamen así.
  • Vestimenta: Quieren vestir igual que el género contrario.
  • Juego: Suelen querer jugar con los juegos que la sociedad establece como los del género opuesto. Aunque, esto no significa que los niños que juegan con muñecas y las niñas que juegan con coches, sean transgénero.
  • Autoaislamiento: Les cuesta encajar en grupos, generalmente en los de su propio género.
  • Amistades: Suelen sentirse más cómodos con los niños del género con el que se identifican.

*Estas señales no han de ser esporádicas o puntuales, sino que deben conformar un patrón estable en el tiempo.

¿Qué pueden hacer los padres?

Lo primero es hablar con el niño para conocer de primera mano, qué es lo que le sucede y cómo se siente al respecto. Debemos generarles un entorno de confianza, donde se expresen libremente sin temor a ser juzgados. Les acompañaremos en su transición, haciéndoles ver que somos su “bastón” para cuando quieran apoyarse y poder caminar juntos en su desarrollo.

Procuraremos que todos los agentes relacionados con el menor deben ser conocedores de su situación para poder brindarle la misma confianza (padres, familiares, colegio, sanidad).

Pautas positivas:

  • Aceptación del hijo, amor incondicional.
  • Replantearse los estereotipos de género tradicionales, NO forzar al niño a comportarse “tradicionalmente”, si no es lo que siente.
  • Buscar recursos en los que apoyarse y que ofrezcan asesoramiento.
  • Trabajar con el colegio para que el trato y las condiciones del menor sean las mejores posibles.
  • Acudir a un profesional si existiesen dudas o no se sepa cómo proceder o abordar el tema.

Hay niños que tienen vulva y niñas que tienen pene, no es lo más frecuente pero SÍ una realidad.

Vía| Asociación Chrysallis, Asociación Americana de Psicología, Asociación psicosalud TenerifeDocumentos TV “El sexo sentido”
Imagen|Transexualidad

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