Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Touch the Earth lightly, la verdadera Arquitectura Sostenible

Glenn Murcutt, el arquitecto australiano por excelencia

Los estudiantes se acomodan en su butaca entre murmullos nerviosos. Estamos en el auditorio del College of Arts and Arquitecture perteneciente a la UNC Charlotte, en Carolina del Norte. Un hombre sube unos escalones al ambón, las luces se apagan. Glenn Murcutt (1936), el arquitecto autraliano de mayor renombre y maestro de la construcción sostenible desde los setenta, guarda las notas en el bolsillo de su chaqueta, mira al público por encima de sus gafas y se aproxima al micrófono. Ha viajado quince mil kilómetros desde Sídney para contarle a Estados Unidos los secretos de la sostenibilidad. Se hace el silencio absoluto. Lamento comunicaros que la arquitectura sostenible no es más que una frase hecha. Todo el mundo habla de sostenibilidad pero todas las mañanas nos despertamos en una habitación climatizada, vivimos en un espacio climatizado, vamos al trabajo en un coche climatizado, trabajamos en una oficina climatizada, volvemos a casa y tenemos la desfachatez de ver las noticias para ver qué tiempo ha hecho.’
Así es Murcutt. Crítico, audaz, provocador. Pero para comprenderle deberemos estudiar primeramente su contexto. Nacido en Londres, criado en Papúa Nueva Guinea y afincado desde los 20 años en Sídney, tiene a día de hoy una cartera de clientes que espera gentilmente una media de dos años para hacerle un encargo. A pesar de trabajar solo y sin ordenador, se trata de uno de los arquitectos más laureados a nivel internacional, distinguido con la Medalla Alvar Aalto en 1992, el Premio Pritzker en 2002 y la medalla de Oro del American Institute of Architects en 2009, razones por las cuales hoy es invitado de honor en universidades de los cinco continentes.

Magney House, 1984. Recoge el agua de lluvia para ser aprovechada.

Murcutt jamás hubiera imaginado que la naturaleza sería su mejor maestra. Durante su niñez, al tiempo que vivía con sus padres entre tribus aborígenes, aprendió de las corrientes del agua, de la luz y de la sombra. Vivir en la selva agudizó sus sentidos para palpar la tierra, los vientos, el agua, la temperatura, la flora, la fauna, pero sobre todo aprendió a observar, y según afirma, quien observa acaba viendo. Su obra se encuentra en totalidad dentro del territorio australiano debido al conocimiento exhaustivo de todos sus rasgos ambientales, pilares de la arquitectura que plantea, casi de base científica. La funcionalidad es su mayor fuente de razón e inspiración. Al igual que un árbol sobre la cima de una colina o al resguardo de un valle no son iguales, sus edificios se abren en busca de la luz del invierno y se cierran para crear sombra en verano, aprovechan los vientos cálidos cuando el exterior es frío y las brisas más frescas cuando el calor aprieta. Su obra dialoga con la tierra y se rinde a las condiciones topográficas, lumínicas, climáticas e hidrológicas del entorno en que se encuentra. Podríamos llamarlo adaptabilidad. Y de la adaptabilidad a la sostenibilidad, según Murcutt, solo hay un paso: ‘si algo es adaptable, sostenible es lo que lo puede seguir siendo, de forma continua, en el tiempo’, sostiene.La flora, lo que nos ayuda a leer cómo es  un lugar.
Contouch the Earth lightly’, su más repetido y afamado lema, afirma que la ecología se encuentra en los secretos de la geomorfología de un lugar, su latitud, su altitud, la composición del suelo, las nubes que lo envuelven, la humedad de ese espacio, el viento que llega… pero la sostenibilidad reside en que los profesionales sepan trasladar todas estas condiciones al objeto de diseño de forma innata, como lo hacen el cuidado por la orientación o la ventilación natural del mismo, o como lo puede ser también el método de unión entre las piezas de un edificio, que determinará si se pueden recuperar o no en el futuro para nuevos fines. Responsable es por tanto aquella arquitectura que analiza todo tipo de circunstancias, comprende los recursos disponibles y resuelve los problemas de la forma más directa y coherente, con la mayor economía de medios.

Casa Ball-Eastaway, 1983. La consecuencia de la lectura atenta del lugar.

Sin embargo, este arquitecto denuncia que mucha arquitectura se vende hoy con disfraz y etiqueta verde desatendiendo por completo estas lecciones. Una ola mediática que malinterpreta la sostenibilidad nos convence de que con una inversión energética y tecnológica enorme podremos mantener el estado del bienestar. Pero este hombre aboga por el retorno a un arquitectura esencial que cumpla con las expectativas del ser humano, donde el refugio, la artesanía y la simplicidad se fundan de nuevo. Todo apunta que deberemos renunciar a algo. Lo que todavía desconocemos es a qué.

Vía| Touch The Earth lightly

Mas información| Glenn Murcutt

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En QAH| Less is more, la arquitectura de Norman Foster

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