Especial II Guerra Mundial, Historia 


Torgau, un abrazo antes de la Guerra Fría

 

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Ubicación de Torgau

En los coletazos de la Segunda Guerra Mundial, las tropas aliadas avanzaban imparables por el corazón de Alemania. El avance por ambos frentes hacía ineludible un encuentro, que aún generaba dudas entre los Altos Mandos militares, entre las fuerzas estadounidenses y las del Ejército Rojo. Finalmente, la confluencia de las líneas de avance aliadas tendría lugar en Torgau, una pequeña localidad sajona a orillas del río Elba, el 25 de abril de 1945.

Si bien a comienzos de ese año, Berlín era el objetivo predilecto de todos los ejércitos aliados en el continente, a finales de marzo, con la noticia de que los rusos podrían estar a 50 kilómetros de la capital alemana –una muestra de la falta de comunicación entre las fuerzas soviéticas y las occidentales por sus diferencias políticas e ideológicas–, obligó a cambiar los planes. Berlín quedaría a disposición del general Zhukov y sus divisiones, mientras británicos y estadounidenses diversificaban sus objetivos: los primeros presionarían en el norte a las fuerzas nazis restantes en Dinamarca y los segundos pondrían rumbo sur, hacia Austria y Checoslovaquia, por un infundado temor a una resistencia popular en las montañas bávaras y austríacas. Esta marcha sería encabezada por el 3º Ejército del general Patton tras su brillante victoria sobre los nazis al cruzar el Rin y su nuevo objetivo era Leipzig. La estrategia había quedado claramente marcada por el general Eisenhower, como comandante en jefe de todas las fuerzas aliadas, que no veía el sentido a luchar por Berlín, pese a las voces británicas que lo exigían, puesto que en la conferencia de Yalta ya se habían señalado las zonas de reparto de cada potencia. ¿Para qué luchar por una ciudad que ibas a regalar a los soviéticos? Por ello, y respetando el acuerdo de no cruzar los ríos Elba y Mulde, las tropas estadounidenses se dedicaron a fortificar la orilla oeste desde mediados de abril.

Churchill y Patton

Winston Churchill (izq.) y George S. Patton (der.), las voces más críticas con sus aliados soviéticos.

La tensión que rodeaba el previsible encuentro  era más que evidente. La total ausencia de oficiales de enlace entre los ejércitos “aliados” occidentales y orientales dificultaba mucho la comunicación, hasta el punto de que los norteamericanos desconocían el  número de soldados que los rusos tenían desplegados en la zona, ni cuándo llegarían, ni con qué intención. Y desde el lado aliado había varias voces críticas con respecto a la postura adoptada con el Ejército Rojo. Churchill ya consideraba a la Unión Soviética como el nuevo enemigo de Occidente una vez superado el terror nazi y el general Patton llegó a afirmar que debían aprovechar que tenían al ejército desplegado en Europa para “enviar a los bolcheviques de patadas en el trasero a Moscú”. Una hábil jugada la de enviarlo más al sur y no dejarle detenerse en el Elba…

Si la tensión entre los que eran “amigos” durante la guerra ya podía cortarse con un cuchillo, no fueron pocos los incidentes que rodearon a los tres encuentros que se produjeron a lo largo del día 25 de abril. Los errores de comunicación conllevaron que se produjeran varios tiroteos a causa de la confusión del momento, ya que únicamente se había acordado el uso de bengalas rojas por parte de los rusos (¡qué oportuno!) y verde por parte de los estadounidenses para distinguirse en la distancia.

El primer encuentro se produjo en el pueblo de Leckwitz, a las 11:30, cuando la patrulla de reconocimiento liderada por el teniente Albert L. Kotzebue, que se había internado en la orilla oriental más de lo que las órdenes indicaban, se topó con algunos soldados soviéticos a caballo. Éstos les acompañaron a su base, en el cercano pueblo de Strehla, en la misma orilla del Elba, donde intercambiaron afectuosos saludos y regalos con el teniente coronel Gardiev. Lamentablemente, la ausencia de cámaras y corresponsales no permitió conservar recuerdos de tan histórica ocasión.

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Restos del puente de Torgau. En el centro se aprecian las figuras de los soldados a los pies de las ruinas.

Más suerte, si es que lo acontecido se puede considerar como afortunado, hubo en la segunda ocasión. A las 16:30 de ese mismo día, a unos 30 kilómetros al norte de donde tuvieron lugar los sucesos de la mañana, la patrulla del teniente Robertson inspeccionaba el puente derruido en la localidad de Torgau cuando repararon en un grupo de soldados rusos que les hacían todo tipo de señales desde la orilla opuesta. Los norteamericanos trataron de improvisar una bandera para identificarse, pero los soviéticos no lograron reconocerla, por lo que lanzaron sus bengalas. Por desgracia, el teniente estadounidense había olvidado su pistola de señales y, al no haber respuesta desde un lado, los rusos abrieron fuego. La situación quedó aclarada cuando un soldado polaco perteneciente al Ejército Rojo, rescatado de un campo de prisioneros por los americanos, pudo hacerse oír por encima de los disparos y reveló la identidad de la patrulla. Entonces, y justo en la mitad del puente destrozado se dieron la mano el teniente Robertson, del ejército de los Estados Unidos, y el teniente Sylvashko, del Ejército Rojo de la Unión Soviética. Éste es considerado, oficialmente, el “primer encuentro” entre los aliados occidentales y su amigo oriental, ya que fue el que quedó registrado gracias a la presencia de una cámara y a que las noticias corrieron como la pólvora, convirtiendo Torgau en el punto de reunión preferente de los soldados de ambos contigentes. Un tercer incidente tendría lugar más al sur, casi al mismo tiempo que éste, pero sería en la orilla occidental al toparse una patrulla norteamericana con una avanzadilla soviética y en el que un breve tiroteo precedió al entendimiento final.

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Abrazo del teniente Robertson con el teniente Sylvashko

Pese a las diferencias lingüísticas, los festejos se sucedieron durante los días siguientes, atrayendo a una mayor cantidad de soldados y corresponsales de guerra. Las fiestas se celebraban en ambas orillas del río y las primeras sorpresas ante las diferencias entre los ejércitos no se hicieron de esperar. Los rusos quedaron asombrados con la mecanización de que hacía gala el ejército americano, mientras muchos de ellos aún empleaban el caballo como fuerza motriz. Además, agradecían mucho las raciones K que les regalaban los soldados yanquis porque las encontraban especialmente sabrosas, así como los cigarrillos. Por su lado, los estadounidenses se sorprendieron al conocer a las mujeres soldado del Ejército Rojo casi tanto como les llamó la atención el hecho de que la mayoría de los soldados rusos llevaba una gorra o un gorro en lugar del casco y portaba medallas en sus chaquetas, como si fuera el uniforme de gala. Pero, sobre todo, no esperaban encontrarse con una cantidad de vodka que parecía no tener fin. La espontaneidad y la alegría por saber ya cercano el fin de la guerra que caracterizó las reuniones de la soldadesca dejaron paso a celebraciones mucho más formales y aparatosas con pequeños desfiles y reuniones de la comandancia.

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Celebraciones el 25 de abril de 1945 bajo la atenta mirada de Iosif Stalin.

El abrazo de Torgau, o el Día del Elba, como también se le conoce, supuso el fin definitivo del Tercer Reich en cuanto a que completaba la división en dos de su territorio y ahuyentaba el último reclamo de la propaganda germana, presentando al nazismo como la última esperanza frente a la barbarie comunista para tratar de alcanzar algún acuerdo con los aliados occidentales. Por otro lado, no deja de sorprender que la felicidad y el regocijo de aquellos soldados que veían juntos el final de la guerra más cruel de la historia de la humanidad fueran un punto de partida para la marcada rivalidad que mantendrían Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Se trató, por tanto, de una ocasión única que nos dejó imágenes irrepetibles e impensables durante los siguientes 50 años.

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Soldado soviético “cuidando” de su nuevo amigo americano.

 

 

Vía| BEEVOR, ANTONY, “La Segunda Guerra Mundial”; SCOTT, MARK, y KRASILSCHCHIK, SEYMON, “Yanks meet Reds”.

Más información| Encuentro en el Elba entre los soviéticos y los americanos

Imágenes| Ubicación de Torgau, Churchill y Patton, Puente de Torgau, Abrazo Robertson y Sylvashko, Celebración, Soldados soviéticos y estadounidenses.

Vídeo| 1945 East meets West in Torgau, fragmentos del documental “D-Day to Berlin” del director George Stevens, que acompañó a las tropas en su avance por Europa.

En QAH| Especial 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial

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