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¿Todo es un milagro, nada es un milagro?: La capacidad de crecer en la adversidad

El valor de florecer ante los obstáculos

El valor de florecer ante los obstáculos

Como bien decía Albert Einstein: “Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro”.

He decidido crear mi primer artículo sobre la capacidad de sobreponernos a las experiencias difíciles y ser capaces de sacar lo mejor de ellas, porque considero ha sido el “ejercicio” emocional que mayores frutos ha generado en mi crecimiento personal. Tal vez, escribiendo sobre esto, se pueda lograr que alguien también de un paso más allá y afronte la vida como un constante aprendizaje.

 

La capacidad de afrontar situaciones complicadas y salir engrandecidos se llama resiliencia.
Las personas resilientes no dejan al azar la solución de sus problemas, por el contrario aprovechan estas vivencias y deciden actuar, porque saben que serán las oportunidades perfectas de desarrollo. Las dificultades no son una adversidad para ellos, sino son posibilidades de éxito; están convencidos que buscando la solución y reflexionando posteriormente, encontrarán sus mejores lecciones.

Es cuestión de decisión convertir los “fracasos” en verdaderos éxitos.
En mi experiencia, mis grandes aprendizajes han venido de las experiencias más arduas y tristes, pero he sabido tomarlas como aliadas, sin autocastigarme ni hacerme la víctima. No debemos sentirnos culpables de errar o encontrarnos agobiados, es parte de la vida; lo importante es la actitud que tomemos frente a ello.

Además, la buena noticia es que generar este cambio en nuestro patrón psicológico solamente es cuestión de decisión, práctica y paciencia, es decir, de estar predispuestos a adoptar nuevos hábitos y costumbres; de aprender, de desarrollarlo diariamente. Al inicio, tal vez la sonrisa no nos salga natural, pero con el paso del tiempo, les aseguro que se logrará.

Para esto, cada vez que se tenga una situación complicada, se debe hacer una reflexión sobre ella y una autorreflexión de nuestras actitudes frente a la misma. Este análisis reforzará las buenas conductas y nos ayudará a identificar las no adecuadas. Algunas preguntas que nos podríamos hacer serían: ¿Por qué sucedió esto?, ¿incentivé a que ocurriera?, ¿qué hice bien?, ¿en qué contribuí para que las cosas no salieran como esperaba?, ¿qué puedo mejorar y qué nuevos hábitos puedo desarrollar para que esto no vuelva a ocurrir?, ¿qué puedo aprender?

Si por ejemplo, salimos de una entrevista de trabajo y sentimos que no lo hicimos bien, nos preguntaremos, ¿por qué?. Si la respuesta es: porque no expuse bien la resolución del caso cuando salí al frente; entonces aprovecharemos cada oportunidad que tengamos para hablar en público y mejorar esta competencia. Si la respuesta es: porque no supe cómo responder a la pregunta en inglés; entonces es momento de inscribirnos en algún curso de este idioma. Así de sencillo, hay que actuar y dejar de quejarnos por nuestra “mala suerte”.

Finalmente; repito: esta actitud se aprende, se contagia, tiene un efecto en cadena, sinérgico; por lo que rodearnos de personas positivas y resilientes, nos ayudará. Les dejo un vídeo donde se observa claramente cómo una actitud resiliente puede cambiar tanto nuestra vida como la de los que nos rodean. ¿Creemos que todo es un milagro o que nada es un milagro?, ¿qué haremos para continuar mejorando y creciendo como personas?

Vía| El Prado Psicólogos

Más información| Upsocl, El Blog de Francisco Samblás, Escuela de Negocios y Dirección

Imagen| Resiliencia

En QAH| ¿Por qué es importante tener actitud mental positiva?

Video| Youtube: Equipo Hoyt: Dick y Rick Hoyt

 

 

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