Historia 


Tito Livio y la tradición romana

Tito Livio es una figura peculiar dentro de la historiografía latina. A diferencia de lo que sucede con otros grandes historiadores romanos como Tácito, Catón o Salustio, Tito Livio no desempeñó ningún cargo público ni tuvo un papel activo en la vida política, sino que dedicó por entero su vida a completar la titánica tarea de relatar la historia de Roma desde su fundación hasta el final de la República.

Rapto de las sabinas

Rapto de las sabinas

Más allá de su obra apenas tenemos información sobre su vida. Sabemos que nació en Patavium (la actual Padua) en el año 64 a.C y que pertenecía a una familia burguesa y acomodada pero no a la aristocracia romana. Presumimos que tuvo una sólida educación y, por lo que se desprende de su obra, claras influencias helénicas. De su juventud y edad adulta poco sabemos y las opiniones al respecto se dividen: hay quienes consideran que permaneció prácticamente toda su vida en Padua y quienes estiman, por el contrario, que se trasladó a Roma cuando alcanzó la madurez. En todo caso, superada la treintena se dedicó exclusivamente a escribir, lo que implica que debía haber adquirido una cierta reputación y que estaba bien relacionado con la corte imperial. Junto a su labor histórica también se dedicó a la oratoria, a la filosofía y a la crítica literaria, aunque desconocemos si escribió algo sobre ellas. Murió en su ciudad natal el año 17 d.C.

Tito Livio ha pasado a la posteridad por su monumental Historia de Roma desde su fundación, cuyo título original parece haber sido (en la opinión de la mayoría de los críticos) Ab urbe condita, que quiere decir “desde la fundación de la ciudad” (Roma, en este caso) y recorre la historia de Roma desde el año 753 a.C., momento en que fija aquélla, hasta el año 9 d.C., fecha de la muerte de Druso.

Tito Livio no escribe por el mero gusto de narrar acontecimientos, ni por el afán de profundizar en la investigación de los sucesos. Su finalidad es ensalzar los valores tradicionales de Roma para corregir los defectos de la sociedad en la que vive, esto es, se propone un objetivo didáctico y moralizante. Tito Livio considera que la virtus romana ha ido degradándose hasta alcanzar el punto decadente del momento en que escribe, a consecuencia del abandono de las costumbres y tradiciones que hicieron grande a Roma.

El propósito del historiador paduano se percibe con mayor claridad en los prefacios que redacta al inicio de algunos de sus libros (como era costumbre en la historiografía antigua). En ellos expone los principios que rigen su obra, de los cuales el más relevante es el ya comentado, la concepción del pasado como modelo del presente y la influencia ejemplarizante de aquél. En palabras de Tito Livio: “Lo que el conocimiento de la historia tiene de particularmente sano y provechoso es el captar las lecciones de toda clase de ejemplos que aparecen a la luz de la obra; de ahí se ha de asumir lo imitable para el individuo y para la nación, de ahí lo que se debe evitar, vergonzoso por sus orígenes o por sus resultados”.

Luperca amamantando a Romulo y RemoAl tratar con los historiadores clásicos (griegos o romanos) muchas veces olvidamos que su concepción historiográfica difiere de la nuestra. Tito Livio posiblemente sea quien mejor refleje la teoría antigua sobre la narración de la historia, concebida para ser oída más que leída. Es preciso, por tanto, que capte la atención de sus espectadores por lo que acude a recursos literarios y demuestra un conocimiento pormenorizado de las técnicas retóricas. Ambos elementos quedan patentes en el fuerte carácter trágico de su obra.

La dramatización de los acontecimientos históricos es perceptible a través de los discursos que Tito Livio introduce en el relato y en los retratos que hace de los grandes personajes. Las descripciones de estas figuras están condicionadas por un marcado carácter moralizante pues sus logros o fracasos se deben, en gran parte, a sus cualidades éticas. Utiliza, además, los discursos para moldear la imagen que quiere transmitir de unos y otros. De este modo y aunque el protagonista indiscutible de Ab urbe condita sea el pueblo romano, los individuos ocupan una posición clave, tanto más destacada a medida que avanza la obra.

Tito Livio es la principal fuente que tenemos para conocer el origen de Roma y sus tradiciones ancestrales. A pesar de los defectos técnicos que se le puedan achacar, ha sido el historiador que mejor ha sabido captar la esencia del pueblo romano. Si Polibio describió la constitución republicana, Tito Livio nos muestra los valores y principios que convirtieron a una pequeña república en un gigante. Pesaroso por la situación que Roma atraviesa cuando él mismo redacta Ab urbe condita, recurre al pasado para señalar a sus contemporáneos cómo han de recuperar la gloria pérdida y enderezar el presente.

En colaboración con QAH| Metahistoria

Vía| Extracto del libro en preparación “Vida y obra de los grandes historiadores”

Imagen| Rapto de las sabinas, Luperca amamantado a Rómulo y Remo

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