Jurídico 


Tipos de Obras (III): Obras Compuestas y Derivadas

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Estampillas de Jane Eyre, 2005

Las obras compuestas vienen recogidas en el art. 9 de la LPI y se definen como aquellas obras nuevas que incorporan una obra preexistente sin la colaboración del autor de esta última (una obra preexistente es aquella que con posterioridad a su creación es empleada por un tercero o el propio autor para crear una obra nueva en la que se incorpora esa obra ya existente total o parcialmente).

Las obras compuestas se diferencian de las obras en colaboración, no solo por el hecho de incorporar una obra preexistente, sino por la falta de colaboración en la creación. Asimismo, se diferencian de las obras colectivas en la falta de coordinación por parte de una persona natural o jurídica que lleva la iniciativa en la creación de la obra.

En este tipo de obras, los derechos corresponderán al autor de la obra compuesta, sin perjuicio de los derechos que correspondan al titular de la obra preexistente y de su necesaria autorización.

Por otra parte, las obras derivadas son el resultado de la transformación de una obra preexistente. Es muy importante que ambas creaciones cumplan los requisitos exigidos en el art. 10 de la Ley; especialmente la nota de la originalidad.

El art. 11 de la LPI nos dice que tienen la consideración de obras derivadas: las traducciones y adaptaciones, las versiones, actualizaciones, anotaciones, compendios, resúmenes y extractos. También tienen esa consideración los arreglos musicales y cualquier transformación de una obra literaria, artística o científica.

La obra derivada puede proceder de una obra originaria protegida por la Ley pero también puede proceder de una obra que carezca de protección por estar en dominio público. En este sentido, no sería necesaria autorización para llevar a cabo la transformación de la obra originaria. Pero una obra derivada también puede proceder de otra u otras obras derivadas, lo que implicaría una cadena de autorizaciones sucesivas con respecto a cada una de las obras derivadas.

De lo que no hay duda es que las obras derivadas siempre van a depender de la originaria al mantener sus caracteres esenciales. Esto es lo que fundamentalmente diferenciará una obra derivada de una obra inspirada en otra. Y la inspiración es algo totalmente libre que no necesita del consentimiento de nadie. No es ilegítimo partir de algo que nos llega al corazón para crear una nueva obra posterior. Como ocurrió con “Rebeca”, la conocida obra de Daphne du Maurier sobre la que cayeron múltiples acusaciones de plagio al poco de publicarse, argumentando que la autora había copiado “Jane Eyre” de Charlotte Brönte. Por eso hay que tener mucho cuidado con esa delgada línea que separa la inspiración del plagio.

Vía | Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual

Imagen | theclubofcompulsivereaders.blogspot.com

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